Autor: Núñez Ladevéze, Luis. 
   El resentimiento del franquismo     
 
 Diario 16.    11/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

El resentimiento del franquismo "^

JL Luis Núñez Ladevéze

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Lo que algunos llaman "cambio de chaqueta" otros podrían llamarlo, con más propiedad, adaptación al

paisaje. Y. al contrario, lo que algunos llaman fidelidad a altas ideas, otros podrían definirlo como

servidumbre a bajos intereses. Hay algunos que cambian de actitud porque pueden liberarse de prejuicios

que no arraigaron profundamente, y otrcn que son capaces de cambiar porque están carcomidos por la

herrumbre del tiempo. Yo creo, por eso, que se puede distinguir con claridad entre dos derechas

franquistas, y que una e* muy distinta de la otra. Hay una derecha que fue franquista de ocasión, y a la

que los estigmas no la hicieron mella. Son los jóvenes cachorras que no conocieron loa años más

tortuosos de la dictadura, y que no contrajeron compromisos ni deudas interiores con los Inquisidores del

sistema. Hay otra derecha que fue cómplice de la tortura y protagonista de la represión, y que trata de

encubrir sus pestilencias tras las vestiduras de la fidelidad, la ortodoxia y la gratitud.

Hay quienes interpretan que entre estas dos tendencias, que actualmente se disputan el poder, no hay más

que una diferencia sutil en la expresión que enmascara una identidad de contenidos e intereses. Tienen en

efecto, un mismo origen. Bebieron y aprendieron en las mismas ubres. Participaron de idéntico y

suculento íestín Hay, pues, ramones para creerlo. Ahora se llaman "centristas", denuncian, pero en el

fondo son los mismos perros de siempre.

Bastardía

No lo creo así. Hay algo más en la médula que separa a estas dos actitudes y las enfrenta, que explica la

agresividad de unos y la calculada indiferencia de los otros. Este "algo" procede de las simas oscuras del

franquismo, y tiene una motivación sicológica. Podría denominarse el "resentimiento franquista". Hay, en

efecto, una Derecha resentida, incapaz de desprenderse de los turbios complejas, que la engendraron. Y

hay una derecha que no está supeditada al amargo resentimiento de la victoria y que ha podido prescindir

con facilidad de sus oscuras motivaciones históricas. Si a este desprendimiento algunos lo llaman

bastardía lo mejor que pueden responder en su favor es que traicionar a un bastardo resentido es la mejor

medicina contra la bastardía del resentimiento.

Normalmente se había venido interpretando que el resentimiento era una cualidad reservada

exclusivamente a una izquierda vencida y doblegada por lot* sinsabores de la posguerra. Lo que Suárez

ha contribuido a aclarar, y es uno de sus méritos, es que el resentimiento no era privilegio, ya superado,

de la izquierda, sino una deuda que le quedaba a la derecha por satisfacer. Demasiados años de

caciquismo, demasiado tiempo gastado en retóricas insuficientes para camuflar la mala conciencia,

demasiado oropel destinado a disimular intereses materiales. ¿Cómo una sistemática administración del

abuso del poder, no habría de producir profundas heridas sicológicas? ¿Cómo fritar que el mal espíritu

derivara en malos humores corporales? ¿Cómo eludir la conversación del nepotismo consentido en llaga

putrefacta? ¿Cómo impedir que la desconsiderada explotación de la victoria degenerase en corrupción?

Mal consejero

El origen de la incomunicación entre estas dos actitudes de la derecha, la del poder actual y la de los

resentidos que se lo disputan, radica pues en motivaciones de historia profunda. A unos les atosiga el

recuerdo inaplacable y quedan doblegados por el peso invencible de la culpa. A otros la herencia no les

ata y no tienen dificultades para hacer borrón y cuenta nueva

Pero el resentimiento es, además, mal consejero Esto explica ía facilidad con que los reformistas

derivados en demócratas burlan las trampas de la derecha resentida y petrificada. Pues no son trampas

inspiradas por la inteligencia .sino por la sinrazón. Estos personajes se mueven ya como fantasmas de

tiempos perdidos, espectros deslumhrados todavía por el espejismo de un poder que malversaron en su

propio beneficio y a cuya pérdida no acaban de acostumbrarse. ¿Ley6, querido lector, hace días las

declaraciones de Arias Navarro? Estaban dictadas por el resquemor de la ultratumba. ¿Aprovechó la

oportunidad de divertirse que le ofreció el "show" promovido tras la legalización del PCE? Era el

resentimiento destilado por la marchita flor de la dictadura. ¿Escuchó, querido amigo, la crítica de Fraga

al discurso del presidente? Era la voz prehistórica de un mastodonte empeñado en volver a la plenitud de

los tiempos a base de rugidos. ¿Atendió a la última homilía de Fernández de la Mora? Pretendía resucitar

los espectros a base de nombrarlos. ¿Por qué habría Suárez de perder tiempo en atender a estos

suplicantes amargados sí su propio resentimiento les traiciona y le sirve de réplica?

Estoy convencido de que esta derecha, tan resentida como amargada, aulla y vocifera porque tiene más

cosas que ocultarse a sí misma que a los demás. No acude a la cancha tanto en busca del poder arrebatado

como para impedir que les devoren los demonios interiores, Quieren evitar a todo trance la rendición de

cuentas —que nadie a estas alturas les va a pedir— ante sí mismos. Confesarse que estuvieron dominados

por el barro desde la cabeza a los pies, se les hace un calvario demasiado vertical. Y asi surgen los siete

magníficos atestiguando con su imposible y artificial unidad que no hay nada positivo que los identifique.

Únicamente la negación del futuro, la ofuscación del resentimiento, puede haber coaligado, en este

milagro inverosímil, a tos viejos competidores de Matesa y otos escándalos cuya incertidumbre sólo a

ellos devora, en una misma inquietud.

 

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