Autor: Ysart, Federico. 
   Un industrial catalán conservador     
 
 Madrid.    11/10/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

UN INDUSTRIAL CATALÁN CONSERVADOR

"Muchas veces me he preguntado dónde estoy, si mi vocación de hombre público, es decir, preocupado

por los asuntos políticos, está integrada en una ideología concreta." Asi se manifestaba el procurador

dimisionario el pasado día 6 de septiembre. Este es un tema que parece preocupar a Eduardo Tarragona,

industrial, dé cincuenta y dos años, que se gastó dos millones en la campaña electoral y 1.300.000 pesetas

en los dos años de procuraduría.

En una revista barcelonesa, Tarragona expuso el pasado mes sus puntos de vista sobre los grandes grupos

políticos que podrían cuajar en el país, "partiendo del supuesto—decía entonces—de que la manifiesta

apertura hacia la democratización del régimen se prosiga pacíficamente". A la familia liberal la preveía

formando una sólida minoría con capacidad para ser arbitro de un Parlamento democrático, con un gran

potencial económico que compensaría el escaso atractivo de su programa.

Los dos grandes grupos o partidos mayoritarios—decía—serian los democristianos y los socialistas,

apoyados los primeros por la tecnocracia, y nuevos políticos que compensarían la inicial falta de medios

de opinión y recursos económicos, y los socialistas, basados en una poderosa infraestructura y con apoyo

internacional. Por último, los comunistas.

Tarragona no sabía entonces definirse; él no es un político. Ese era el espíritu latente a lo largo de toda su

disertación de ayer cuando hablaba de su "fracaso". Es un industrial catalán, movido a la "política"—su

política son las cartas y visitas que recibo, confesaba—por un doble afán: el legítimo de intervenir en lo

público de un hombre con recursos económicos y popular en su esfera, y, por otra parte, el anhelo común

en un sector del pueblo español de concordia y entendimiento.

Los resultados de su apoliticismo e inexperiencia han sido, y no sin fundamento, frecuentemente

criticados en los medios oficiosos y de las Cortes, donde se considera que un procurador lo que debe

hacer son enmiendas a los proyectos de ley, asistir a las Comisiones aunque a ellas no estuviese adscrito

(sólo pertenecía a la de industria), conocer mejor la terminología propia del Organismo, etc.

Sin embargo, quizá sea el procurador en Cortes que más cartas y visitas haya recibido en estos dos años,

que más conferencias haya pronunciado, uno de los que más ruegos y preguntas, peticiones de

información, etc., haya formulado; siempre con una mecánica muy propia, interesado por problemas muy

concretos y locales (chabolismo, falta de escuelas, atención a subnormales, siempre en Barcelona). Los

temas que a 10 largo de estos dos años han surgido "no son mi problema", decía ayer, y en efecto, muy

pocos recabaron su atención. Las bases del asociacionismo del Movimiento quizá fuera el único: pidió al

Jefe del Estado que no sancionara con su firma lo que el Consejo Nacional estaba aprobando. Lo

consideraba regresivo.

Dimitió ayer, cuando en las Cortes está abierto el plazo de enmiendas al proyecto de ley Sindical y

cuando están a punto de aparecer en el "Boletín" el de la reforma educativa y los presupuestos. Ante estas

circunstancias, Tarragona, un industrial catalán conservador, ha realizado su más importante acto político.

FEDERICO YSABT

 

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