Autor: González Cano, José. 
   Belén Landáburu: Siempre habrá cosas que no nos gusten     
 
 Gaceta Ilustrada.     Página: 27-30. Páginas: 4. Párrafos: 20. 

GACETA ILUSTRADA 27

BELÉN LANDABURU:

«Siempre habré cosas que no nos gusten

«Pero todo esto fue naciendo en la Universidad, en donde no sólo tuve influencias de, para entendernos,

gente de dentro del sistema, sino que, como te puedes imaginar, mi inquietud se nutría también de

personas que en estos momentos no están muy dentro del sistema...»

«No solemos hablar mal (en los pasillos de las Cortes) de los que no están presentes: primero, por

educación; y segundo, por cautela»

«Se puede ser progresista y estar dentro del sistema perfectamente. ¿Yo? Claro que soy progresista»

«Los movimientos de izquierda -si hablamos en términos convencionales han sido necesarios para que la

postura, un tanto egoísta de la derecha, cediera... Yo he estado y estoy en la izquierda»

«...Y cuando digo desarrollo...»

María Belén Landáburu González, procurador en Cortes de representación familiar elegida por la

provincia de Burgos. Nació el 20 de marzo del año 1934. Soltera. Es abogado. Regidora central del

Servicio Social, secretaria general de la Federación de Amas de Casa, consejero del FORPPA. Vocal de la

Junta de Gobierno del Grupo Español de la Unión Interparlamentaria, miembro titular del Instituto

Internacional de Estudios de Clases Medias, miembro de la Unión Internacional de Organismos

Familiares, directora del Gobinete Técnico de la Familia, consejera nacional en representación de las

estructuras básicas (Familia), secretaria segunda del Consejo Nacional del Movimiento. Está en posesión

de la Encomienda con Placa de la Orden de Cisneros. Anteriormente ha desempeñado otros cargos.

Dos horas y media después lúe cuando dijo: «Lo que me alienta en estos momentos es pensar que dentro

de unos años, cuando los españoles hayamos alcanzado madurez política suficiente, se podrá decir en una

entrevista lo que ahora se dice en los apartes». Costó tanto tiempo, Job bendito, y tantas veces desconectó

el micro del magnetófono: «No, mira, de esto no hablamos; es mejor que no lo toques, porque...», porque

zas, zas, zas, y lo explicaba. De manera que al cabo abandonó Belén Landáburu aquel tono: «En tanto en

cuanto...», y aquellas aílrmaciones: «Por supuesto... Por supuesto...», y marginó ligeramente el gestu duro

de señorita procurador y de señorita secretario segundo del Consejo Nacional del Movimiento, y entonces

cabía, incluso, preguntarle por qué no sonreía más en vez de mantener la ¡boca pequeña, si viera -cómo se

le iluminaba la cara: «Pues tendré que sonreír más...-». Y como ya hatoíamos dado de mano, cabía hablar

de aquellos ministros que verdaderamente eran amigos, y de aquellos otros ministros, que no tanto; y de

cuando era pequeña, en Burgos, y escandalizaba no poco a sus profesores ya las amistades i amallares

porque iba a ver películas no toleradas y leía a los clásicos contemporáneos —incluso los rusos—: «Es

que mi abuelo participó en la construcción de un cine, y figúrate, los Landáburu entrábamos y salía-

mos...^. Ythasta pudo suceder que, caramba, todas esas cosas que pensaba pero que solo Has decía entre

paréntesis, ¿quién podía tirarle de las orejas? «Pues mira», y zas, zas, zas, lo explicaba. Fueron ratitos

redentores, siempre a micro paralizado. Momentos liberadores, y no como al principio, nada más llegar,

hablando de la entrevista que publicaba el periódico de ayer. «Os lo advierto, porgue de ninguna muñera

quiero que se publiquen fotografías que, no se sabe por qué, o quién las selecciona pensando que tienen

un mérito periodístico, y lo que hacen es •destrozar a las personas», qué barbaridad, la advertencia de

entrada, ¿¡era posible?, Belén con aquella fblusita estampada y aquellos pantalones tan bien llevados;

aunque luego, por fortuna; «Minifalda, a veces, la llevo; en situaciones relajadas y por comodidad, si me

pongo una falda corta... En las Cortes... Es que ningún procurador va a, las Cortes con un traje de golf...»,

y que sí, que los compañeros procuradores parecía ique se sentían con la obligación de decir piropos, y en

estas situaciones, la ¡mujer lo suele agradecer. La primera leve carcajada comunitaria surgió cuando se

recordaba las conversaciones en los pasillos de las Cortes:«No solemos hablar molde los que no están

presentes: primero, por educación; segundo, por cautela...-». Y ahora, ¿podíamos seguir ¡grabando?; que

bueno.

—Pues no lo sé, cuántos cargos tengo... Pero van a disminuir, porque quiero concentrarme. Todo lo que -

se gana en extensión... Entonces, quiero que los próximos cuatro años sean más fecundos que los últimos

cinco años. O sea, que efectivamente, >en mí se ha producido un fenómeno de extensión, pero no estoy

contenta. Creo que voy a dejar algunas de mis actividades para, concentrarme. Todavía no sé cuales. Lo

más importante, en este momento, es ser secretario segundo del Consejo Nacional. Porque el Consejo es

la Alta Cámara; sin duda el órgano político más importante del país. Creo que en la situación de desa-

rrollo político en que se encuentra el país, el Consejo tiene muchas cosas que decir. Me parece que es el

órgano más adecuado. Ahí puedo hacer una función política qué, en definitiva, requiere una formación

jurídica, y esto ya es colmar todas mis ilusiones. ¿Mi capacidad de tomar decisiones? Las decisiones

políticas del Consejo corresponden al Pleno; entonces, mi capacidad para tomar decisiones -es nula. Al

formar parte del Consejo, sí puedo influir, sí puedo aportar mi granito de arena en sus decisiones; y puedo

tener una participación activa -en la puesta en práctica de los acuerdos del Consejo, porque el peso del

aspecto funcional de la Cámara descansa en las secretarias... No, no, aún no tengo decidido qué cargos

voy a ir dejando. Lo que sí puedo decirte es que lo que realmente me ha llevado a la actuación, a ´la

situación en la que estoy es una vocación política que nació en mi en la Universidad, a donde yo había ido

por una vocación profesional. YoUsguéala Universidad en el año 52^1$ salí en el 57; de todos es conoció

que los acontecimientos de aquella época en la Universidad fueron lo suficientemente importantes para

que los que habíamos llegado simplemente con vocación profesional, acabáramos con vocación política.

Entonces, como trayectoria, hay una línea´de continuidad, pero por buscar este camino de una forma más

adecuada, en ciertos momentos me he dispersado.

Progresismo e izquierdas

La primera vez ique la señorita Landátouru cortó la (grabación fue cuando se hablaba de la relación de la

política con el arte. Que ella tenía una revista que se llama «Artes», y que .el centro de reuniones era su

propia casa (en donde se había recluido a causa de unos principios de gripe), y por eso había una

empleada del hogar que abría la puerta. Entonces surgió el tema de Picasso y los cuadros destrozados,

¿podría haber alguna relación?: «Es cierto que las ideas de Picasso sobre la España de los últimos treinta

años, a cualquier español que nos hayamos movido aquí y que hayamos sentido con dolor los problemas

de España, no nos pueden gustar. En cualquier caso no puede confundirse a Picasso-hombre con Picasso-

pintor que ya se ha convertido en un artista universal. Destruir sus obras es un acto tan bárbaro como

inútil, además de desproporcionado», y que, como muy bien había dicho «ABC» de Madrid, etcétera.

—Entonces, yo llegué a la Universidad para hacer la carrera de Derecho. Con una vocación jurídica, que

es tanto como decir, una vocación de justicia. Había descubierto que había una serie de problemas que no

me gustaban, que la vida no era del todo perfecta ni del todo bonita, y que había que hacer algo para

resolver aquellos problemas. Efectivamente, en la Universidad descubrí que la realización de la justicia

tampoco era posible, porque nos estábamos moviendo en un sistema legal desfasado, muy tejos de lo que

era la realidad social; y que tan importante como realisar la justicia era aplicar unas leyes posibles y hacer

otras nuevas. Evidentemente, las leyes se hacen desde las instituciones políticas, aunque hay una técnica

jurídica que las plantea. Entonces, cuando salgo de la Universidad, mi vocación tenía un matiz claro, que

era un matiz femenino. Así, con este pragmatismo que es necesario para moverse ¡en este terreno, vi con

toda claridad que yo tenia que realizar mi vocación en la organización política femenina que existe en el

país. Entonces empecé en la Asesoría Jurídica de la Sección Femenina. Toda lo que ha venido después ha

sido una consecuencia lógica de esta evidente vocación y de mi presencia en ios problemas político-

femeninos. Porque naturalmente, desde la Asesoría Jurídica yo he asistido a la promulgación de la Ley

Orgánica del Estado, a las primeras elecciones de procuradores familiares —a las que me presenté—; y de

ahí vinieron mis contactos con los problemas de temática familiar y en este momento mi llegada al

Consejo Nacional. Pero todo esto fue naciendo en la Universidad, en donde no sólo tuve influencias de,

para entendernos, gente de dentro del sistema, sino que, como te puedes imaginar, mi inquietud se nutria

también dé personas que en estos momentos no están muy dentro del sistema. Es decir: en el cuarto curso

de Derecho había personas de una significación completamente progresista... Entiéndeme: si a eso se le

puede llamar progresista; creo que no es el término exacto. Se puede ser progresista y estar dentro del

sistema perfectamente. ¿Yo? Claro que soy progresista. Por eso digo que es una palabra equivoca. Pero,

vamos, tenia y sigo teniendo amigos de aquella época que, por ejemplo, habían tomado parte en aquel

famoso congreso de escritores jóvenes, y muchos firmantes de aquel famoso manifestó del 1 de febrero...

Es que esto de ´las izquierdas... Primero hay que ponerse de acuerdo en cuanto a los términos. Pero sí,

para entendernos hay unos términos más o menos convencionales. Entonces, lo que yo era, y lo que soy,

es una persona preocupada por los problemas sociales y de justicia social. En la medida en que la iz-

quierda es estar cerca de esto, yo he estado y estoy en la izquierda. Creo que los movimientos de iz-

quierda —sí seguimos hablando en términos convencionales— han sido necesarios para que la postura un

tanto egoísta de la derecha, cediera. ¿Que ceda la derecha? Yo lo que quiero es que la diferencia entre los

niveles de renta de los españoles sea cada vez menor. ¿Socialismo? Pues... Remacha mucho lo de

«términos convencionales». En tanto en cuanto el ser socialista o el ser de izquierdas suponga aminorar

las diferencias, sí soy de izquierdas. En la medida que esto suponga utilizar ciertos procedimientos, sin

mirar las consecuencias, yo no soy de izquierdas. Es decir: creo en la evolución, en el reformismo, en un

perfeccionamiento de la justicia. Pero esto debe hacerse sin convulsiones; porque en la mayoría de los

casos, las convulsiones producen unas mayores injusticias.

Igualdad de oportunidades

´Luego vino el momento de las dos o tres cosas que no le gustaran, ¿quería decirlas?; que no, que de eso

prefería no hablar: «Prefiera que no lo toques, además». Además ¡Pero, bueno, que cuando ya tuvo la

edad fue cuando empezó a tontear con los chicos y a enterarse de lo que pasaba a su alrededor: «Es decir,

en mí vida ha habido relaciones sentimentales que se han terminado por determinadas causas, pero no por

un enfrentamiento con mi, digamos, carrera política». Después surgió el teína del divorcio y: «Yo no me

pronuncio hasta que la Iglesia no lo haga», ¿y si ella se veía en la coyuntura de?: clic, paréntesis, que qué

iban a decir sus electoras de Burgos, pero que, en realidad...; y lo explicaba.

—El que siempre se empiece por la Sección Femenina para realizar una actividad política Afoes.

La razón es evidente. Porque es la organización que el sistema tiene para promover a la -mujer. Y como

yo he tenido siempre un interés y una decisión de moverme dentro del sistema, en mi caso el

procedimiento es lógico. Lo que me parece necesario decir es que no es imprescindible ser de la Sección

Femenina para que la Sección Femenina apoye a una mujer y que la mujer llegue a determinados puestos.

Lo que pasa es que la mayoría de las mujeres que no han llegado sin pasar por ahí, es que no han tenido la

suficiente vocación, decidida y firme. Entonces, lo que creo es que la explicación está en las característi-

cas de la sociedad española, y concretamente de la mujer española. Bueno, la mentalidad femenina... De

lo que ya estoy cansada es de todo eso en lo que se insiste, de la feminidad. Yo estoy absolutamente

convencida de que no hay nada que determine al ser humano, más que el sexo. Por lo tanto, claro que

existe una mentalidad femenina. Lo que ocurre es que la diferencia entre la mentalidad femenina y la

masculina es mayor en la medida que el desarrollo de la sociedad es menor. Lo que yo he defendido

siempre, y seguiré defendiendo es la igualdad de oportunidades, pero partiendo de esta distinta naturaleza

y de esta distinta esencia. Todo lo que sea mantener a la mujer discriminada es completamente injusto. Lo

importante no es que todas las mujeres lleguen a todo, sino que todas las mujeres puedan acceder a

aquello que quieran hacer. Es decir, con lo que hay que acabar, ´• seguro, es con ese planteamiento de que

la mujer es el segundo sexo. Es otro sexo, pero no el segundo. Lo que le falta a la mujer española es tomar

conciencia de su responsabilidad. Porque a lo largo de mi actuación en estos temas he descubierto una

cosa muy interesante. Que por un lado, las que nos hemos empeñado en conseguir una serie de, no de

reivindicaciones, sino un tratamiento de mayor justicia para la mujer, lo hemos conseguido en algunos

casos. Pero es que en muchísimos casos, la mujer quiere volver u sus privilegios. De esto aún no son cul-

pables las mujeres españolas, porque aún no han ejercitado demasiado esta igualdad. Es decir, el

desarrollo de la sociedad española no ha llegado a esa situación en la que el marido hace frente a las

obligaciones familiares con verdadero sentido de la coparticipación... Y la mujer se encuentra con una

situación profesional y familiar en las que el gran peso de las obligaciones cotidianas recae sobre ella. Y

más aún cuando se enfrenta con la maternidad. Esta mujer casada y con hijos, evidentemente necesita un

tratamiento especial: pero sin que llegue a producir ningún tipo de privilegios. Porque entonces las

empresas no contratarán mujeres. ¿Qué pasa entonces? Que llega un momento en que la mujer se cansa

de no poder realizarse y por mucha toma de conciencia que haya tenido, abandona. Y decide que sea el

marido el que siga trabajando. Cosa que es grave: no porque la mujer sólo se dedique a su hogar, sino en

tanto en cuanto esta decisión no ha sido del todo libre.

Pero que no, no: que no veía al marido haciendo punto en casa; y que además cada vez, son menos las

mujeres que macen punto, ella tampoco porque no tenía tiempo, y qué felices las mujeres que pueden,

porque menudo nivel de ocio tienen... Luego, al hablar de dinero: («Para las elecciones no hace falta tener

millones; pero sí hace falta dinero, dinero propio, como en mi caso»), la señorita Landáburu hizo re-

cuento: «Por unos cargos me pagan y por otros no. Pero los que vayan a dedicarse a la política ya pueden

pensar que cualquier ocupación es mucho más retributiva». Eso no se lo iba a creer nadie. «Pues hacen

mal. Mira: la mayoría de mis cargos son del Movimiento, y lo que si sabe el país es que no se distingue

por sus amplias retribuciones... Los procuradores en Cortes tenemos una retribución mensual de 5.000 pe-

setas... Y el sueldo más «gordo» que tengo ahora es el de la Sección Femenina, lo puede decir, que es de

12.000 pesetas. Si, si, con dos extras al año. En realidad, con lo que hago frente a la vida es a partir de

otras actividades, la revista de arte, etcétera.»

... O sea, que la mujer española debe darse cuenta de que tienen una serie de posibilidades importantes

delante. Y que deben aprovecharlas. No es fácil, pero tienen la obligación de hacerlo. Lo que no puede

ocurrir es que la Ley Orgánica del Estado haya colocado a la mujer a nivel de participación política en

igualdad de derechos, y lo que sucede es que en una Cámara legislativa como las Cortes seamos ocho

mujeres, y que... Bueno, ya el trasvase al Consejo Nacional ha ´estado muy bien: de ocho mujeres a cinco,

porque habida cuenta de la composición de las dos Cámaras, el porcentaje en el Consejo resulta

mayor. Que no es fácil, de acuerdo. Pero tampoco imposible. Sí, los porcentajes pueden resultar

desalentadores, pero ahí está el caminó. ¿Que yo puedo ser ejemplo, dentro de la Sección Femenina, en

cuanto a que las afiliadas quieran seguir solteras? Bueno... primero..., eh..., tengo la esperanza de creer

que estoy en edad casadera, ja, ¿no? Es decir, que todavía mi situación no es una situación consolidada...

Ahora, qué traducción puede tener en cuanto a ejemplaridad... Pues yo creo que, como es bien sabido, en

estos temas sentimentales cada cual hace lo que le dicta su sentimiento y en el momento de tomar una

determinación de este calibre no existe de ejemplo absolutamente-nadie. No hay imágenes posibles de

imitar. Y en cuanto a eso que dices, a quién recomendaría la Sección Femenina, si a Corín Tellado o a

Françoise Sagan... No son dos ejemplos válidos. Vamos, Corín Tellado si es exponente de por dónde van

las preferencias de cierto sector de mujeres. Y la Sagan, es que tampoco la literatura ya decantada es

superimportan-te. Lo que sí puedo decirte es que la Sección Femenina, en cualquier caso, recomendaría a

Françoise Sagan. Sí la opción que se le presentase fuera esta que planteas, seguro. Por lo que la obra de la

Sagan tiene de testimonio y por lo que tiene de actual. No, no, la ´afiliada de la Sección Femenina ni es un

personaje de Corín Tellado, ni de la Sagan; de ninguno de los dos...

Al margen, por otro lado, puede decir que su (familia ha respetado siempre su independencia, en fin, con

las advertencias de rigor, y que ellos forman una (familia completamente tranquila en la que «yo soy,

además, la primera que tiene un título universitario», porque su hermano es ejecutivo en el Polo de

Desarrollo de Burgos, y sus padres, su padre es industrial. Cuando mejor sonrió Belén Landáburu, cuando

menos procurador fue y menos secreta-(riojsegundoT_y- euandaj£uie,=dfiufgázr _ el igesto— aquella

muchacha Üe Burgos, fue cuando dijo que sí, que cuando había aligún nombramiento en puertas, llamaba

a algún amigo, o a alguna amiga, y se lo contaba con esa impaciencia, y se reunían, y ella decía: «.Qué

hacemos...´». Pero a su familia sólo le comunicaba este tipo de noticias «a tiro fijo».

—Las cosas que yo quería hacer... Hay algo que he manejado un par de veces. Y es que quiero que cada

vez la sociedad española esté más vertebrada. Aquello que decía nuestro Ortega sobre la España

invertebrada, sigue siendo, aunque no del todo. Pero es cierto que para conseguir esa vertebración que

España, desde luego, no tenia, tenemos que recorrer todavía parte de un largo camino, un trecho que

todavía nos falta. Tenemos que vertebrar España, propiciar la aparición de los cuerpos intermedios de la

sociedad, que hagan que este país tenga una base popular que haga posible que las instituciones se

asienten sobre estas bases populares y sobre una sociedad vertebrada. ¿Acciones concretas? Esto no

depende de mí, como puedes suponer. Además profundizar este tema puede ser entrar en las llamadas ter-

tulias de café. Decidir y resolver el problema de España de una manera simple me parece bastan-

te osado. Pero yo creo que la forma de lograrlo —y si no lo creyera estaría haciendo otra cosa— es

precisamente haciendo lo que yo hago. Es decir, estar en el sistema; participar en las decisiones del

sistema y arrimar el hombro a todo aquello que ha supuesto la evolución. Yo soy una española nacida en

1934; por lo tanto soy de esa generación que se llama del 56, o del Desarrollo —y cuando digo desarrollo,

no hablo sólo del económico, sino del político—. Creo que esto es lo que había que hacer. Porque criticar

las cosas que no nos gustan es fácil. Siempre habrá cosas que no nos gusten; pero la única forma de ayu-

dar al país, es estar. Estar con autenticidad, con honestidad y con generosidad.

¿Pintaba, ella?, porque tiene tantos cuadros en casa; que no, le gusta mucho la pintura y en casa, en

´Burgos, tenía una colección de obras de pintores actuales. Y que a veces, los domingos se metía en la

cocina, pero que hay días en que se sale de casa a las nueve de la mañana y se vuelve a las doce de la no-

che: el pluriempleo. Pero, no: sin tantos cargos también la habrían ¡elegido procurador familiar por

Burgos, ¿no?: «Por supuesto... Por supuesto...». ¿Y ¡si un día caía en desgracia?, si es que se puede decir:

«Caer en desgracia no es exacto. En lo que la política tiene de coyuntura, hay personas que en una

coyuntura son más o menos utttisables». Ya parecía que estuviera nerviosa, Belén, con lo tarde que era,

¿no?; «No estoy; es que soy nerviosa», tamborileando con los dedos en el sofá, después del último cierre

del micro del magnetófono, de manera que cuando se vea a la señorita Landáburu en las Cortes, o en el

Consejo, o en la Sección Femenina, y cuando se la oiga hablar, habrá que mirarla dos veces y escucharla

dos veces para saber qué es lo que no ha dicho, pero lo está pensando, y habrá que esperar: lo que la

alienta es que, J. G. C. dentro de unos años...

Texto: José González-Cano / fotos: Gonzalo Cruz

 

< Volver