Autor: Esperabé de Arteaga González, Jesús. 
   Pactos dionisiacos     
 
 Diario 16.    14/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Pactos dionisiacos

Efectivamente, si Alianza Popular se apoderase del Senado obstaculizada la reforma constitucional que

deviene imprescindible. Mantener a Ja vez en vigor las siete Leyes Fundamentales que se dictaron al,

servicio del poder absoluto de Franco con la octava que devuelve la soberanía at pueblo, restaura ía

democracia y establece un poder plural y compartido, puede llevarnos, pese a cualquier correctivo que se

introdujera en aquéllas, a una crisis de Estado, Pero el riesgo de •congelación de la reforma no es

completo, ya que, aunpartiendo del supuesto triunío aliado, siempre quedaría Ja baza final de la

deliberación conjunta del Congreso y el Senado y la "última ratio" áz que la Corona sometiera la

antinomia a consulta directa del pueblo. Estaría en la línea de arbitraje y el Rey no se jugaría nada. Al

contrario, la Institución´ saldría robustecida. SÍ Jos españoles nos peleamos, ¿el Monarca què va a hacer?

Be lo expuesto se deduce que la llamada operación paraehoque, coalición contra naíura de marxistes y

burgueses para intentar lo mismo, ¡¿ero al objetivo contrario (para que la reforma no naufrague), no tiene

sentido. Al menos no es de recibo. ¿O es que no hay frontera —hecho diferencial— que en la

veríebraciün económica de la sociedad separe a unos y a otros? Que la propiedad sigs pesando, como un

robo, según los viejos patrones de Proudhon, o que por lo con _ trario constituya —con los frenos que se

quiera— un elemento esencial para ïa libertad, ¿son diferencias báñalas? Que el fin, justifique las medios

entraña un postulado marxista con el que, por muy liberal y progre que se sea, no comulgnn !os burgueses

Éstos no pactan jamán, menos por las buenas, con el diablo,

Cama redonda

Pues bien, porque determinados grupos políticos se negaron a participar en esa especie de cama

redontía,tía la que los democrisíianoa de los grandes expresos europeos y socialistas de variado euSo se

aparearon para alumbrar una candidatura común para el Senado, cuyos frutos distócicos fueron

filomarxistás, se les tacha por personajes que no se sabe dónde están, aunque se présame, de ser poco

democráticos. ¿Pe* ro qué entienden estos detractores por democracia? ¿La impuesta a punta de tanques

en las calles de Praga? ¿Es que se puede obligar a un ciudadano, por muy demócrata que sea, a que

participe en conversaciones que están Eamadas a desembocar en un contubernio que por naturaleza le

repugna? A quienes no asistieron a ese Munich se les tilda de antimarxistas, civilizados, de oportunistas,

de quererse hacer con el poder, como si esto por sua cauces no fuera objetivo de todos. Queda claro

quer.el empleo de estos dicterios ny cóntituye más que un manejo irresponsable de tópicos.

La democracia estriba, sí, en el reconocimiento de todos los grupos políticos ílo contrario va contra la

dignidad humana) y el respeto de la voluntad general, aceptando de buen o peor grado, pero aceptándola

en suma, ía opción de gobierno que la mayoría de los españoles quieran darse. Pero sin avasallar a las

minorías, que esíán llamadas por la propia dinámica cambiante de la sociedad a ser en una mañana quizá

próximo mayorías. El relevo en el Poder no consiste en las purgas de esos países, prisión de sus

ciudadanos.

Sia embargo, los que hasta ayer fueron autoritarios y hoy se nos presentan como demócratas (de uno y de

otro signo) vienen obligados a explicamos qué garantías reales adoptan para que no rabie ía consulta

periódica al pueblo y se haga, en su caso, imposible el cambio.

Nueva convivencia

Los colaboradores del general Franco que hoy están en el Poder nos ofrecen.una opción que podrá tener

los defectos y lagunas que se quiera, pero que si´el 15 de junio se utiliza correctamente puede generar —

con las consecuencias que coalla va— un nuevo orden de convivencia. ¿Harían otro tanto, si estuvieran

en su lugar, los jue decde fuera claman por el mando? Es dudoso que sí la dictadura instaurada en 1936

hubiese sido la de] proletariado se hubiera devuelto´la libertad a los ciudadanos a la muerte de quien de

hecho la ejercía. Por lo menos, en los paisas del otro lado del telón esos´ procesos son irreversibles. No ´

sé ofrece, a los ciudadanos una altebiaifra como ésta. Ténganlo en. cuenta loa "puristas" y Jos demócratas

sin carta genealógica. Loa medias sangres. Que los hay.

¿Que hace maJ Suárez en presentarse? Pero si "la tierra, espara, el que la trabaja, ¿por qué no la

popularidad paya el que la gana? ¿Qué ea peor, que el presidente, apoyado en sir prestigio, trate de

conseguir actas para sus amigos a fin de que le ayadejí a culminar el proceso de cambio en que está

inmerso y qua la inflación partitocrática pone en paiigro, o que políticos que pasaron por el Poder y se

desprestigiaron intenten sacar a otro amigo que lo hizo peor que ellos, para que la reforma no prospere y

haya que hacerla desde la ruptura? ¿Que la popularidad de Suárez es un latifundio? El electorado dirá si

llega a tanto. En su mano tiene.no votarle, al ir tan acompañado. Pero conste que lo que ha ganado en

buena lid HO se íe puede expropiar. Y menos por los que sin título alguno lo pretenden.

Por otra parte, por encima del objetivo que comporta coavocar Cortes para hacer una Constitución, que no

debe ser obra de un partido, por, lo que sobran los borradores que. por´ aM circulan, está como fin

primario de esa convocatoria averiguar, para vertebrarla a su tenor, cómo piensa la sociedad española. Por

eilo, que frivolamente se incite a los burgueses a que voten como marxístas y a) revés no es que digamos

muy clarificador. Tal conducta puede nevar a que los sufragios se entrecrucen y no sepamos qué es lo que

quieren —qué es lo que desean— ^nuestros compatriotas. Otra cosa es que la estabüidad política requiera

la presencia de un fuerte partido socialista. Pero ésta ha de advenir por sus vías y a su paso. En cuanto sus

dirigentes dejen de contemplarse el ombligo, se unifiquen y sus cuadros no se muestren utópicamente

extremista».

Jesús Esperabé de Aríeaga

 

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