Autor: Lucas Verdú, Pablo. 
   Desestabilización y sistema establecido     
 
 Diario 16.    18/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Desestabilización y sistema establecido

Pablo Lucas Verdú

• Catedrático de Derecho Político

El léxico político experimenta frecuentes innovaciones. Estas aumentan en momentos de cambio político

como el que se está produciendo en nuestro país.

Así, por ejemplo, ocurre con el término desestabilización que ha comenzado a, utilizarse después de los

trágicos acontecimientos pasados que están en la mente de todos. Según declaraciones oficiales y

comentarios de prensa, el propósito terrorista está encaminado a la desestabilización, expresión más

técnica, incluso académica, que subversión, que heredamos del siglo pasado.

Desestabilización afecta drástica y negativamente a lo establecido, en cate caso al sistema establecido.

El término establishment data de siglos. Así, podemos recordar la Iglesia establecida en Inglaterra tras su

ruptura con Roma e incluso el Acta de eatablecimiento de 1701 que inaugura una nueva dinastía.

Posteriormente, el establishment abarcará no sólo materias de índole constitucional; además comprenderá

la educación, las bases socioeconómicas y algunos hábitos generalizados. Así se llegará .a nuestros días,

ea que los estudios científico-políticos aludirán al conjunto de postulados ideológicos, de instituciones

político-sociales y de bases económicas características de un país. La critica de los partidos apuntará los

aspectos caducos e injustos, a su entender, que deben ser modificados o eliminados del sistema

establecido.

Es claro que la carga peyorativa implícita en el término desestabilización es justa en la medida en que se

centra en el sano convencimiento de mantener la paz y el orden público, imprescindibles para la

convivencia. En consecuencia, la utilización de medios violentos para desestabilizar es doblemente

condenable por su objetivo y por la ilicitud de los medios.

Procedencia franquista

Cosa distinto es la crítica y el propósito encaminados a modificar, o sustituir, el sistema establecido,

siempre, claro está, que se empleen procedimientos pacíficos y democráticos. Enaste "caso, la

desestabilización del sistema establecido no tiene nada de recusable. Las formas políticas no pasan sin

dejar huella aunque sean sustituidas por otras de signo contrario. En España, el sistema establecido

procede del franquismo y está en gran parte intacto, aunque inservible, a pesar de las modificaciones de la

ley para la Reforma Política que inauguró la fase predemocrática. Sólo tras las elecciones y de la tarea,

posiblemente constituyente, de las Cortes, comenzará la desestabilización del sistema establecido

franquista.

Ahora bien, la difícil operación constituyente que realicen las Cortes apuntará a la desestabilización del

sistema franquista, sobre todo en el orden institucional, puesto que en el campo ideológico y social la

proclamación de la soberanía del pueblo y el reconocimiento del pluripartidismo implican un paso

positivo en el lento camino de la democracia. Esta desestabilización es cosa buena. Aquí nadie debe

considerada como obra destructiva dejándose llevar del matiz negativo que la palabra desestabilización

entraña.

El sistema establecido franquista hemos visto que no estaba muy bien trabado. El asesinato del presidente

Carrero Blanco, el envejecimiento cíe Franco y su desaparición precipitaron su crisis. Continuamos con

fragmentos institucionales, con la clase política anterior y, lo que es significativo, con usos y hábitos

franquistas que entorpecen la democratización. Por eso, es menester desestabilizarlo, o sea sustituirlo por

nuevas instituciones y usos democráticos.

Lo mismo sucede en el orden socioeconómico: neocapitalismo reaccionario, sindicalismo anacrónico j

desbarajuste en la economía. No es menester añadir la situación desorganizada, rebasada por la

masificación y con modelos anticuados del sistema (¿) educacional.

Dejan huellas

Insistamos en que las formas políticas periclitadas dejan huellas. Aunque se modifique el orden

constitucional, se afronten con decisión los problemas socioeconómicos y se emprenda la tarea de

organizar la educación, en. todos sus escalones, para que funcione con rigor, persistirán durante algún

tiempo los usos y secuelas del régimen dictatorial por la sencilla razón de que permanece parte de la clase

política franquista quo ocupa puestos importantes y cuenta con medios no despreciables. Aunque todo el

mundo se llame demócrata, en el fondo las mentalidades y los intereses no se cambian o desestabilizan

rápidamente. Incluso habrá quien diga: "Esto no ocurría con Franco", cuando las cosas no funcionen

satisfactoriamente. Algunos no quieren enterarse que hemos heredado los males pasados acrecentados

durante muchos años y que cada forma política sufre los problemas de su tiempo.

Acaso la operación reforma pudiera significar el paso de una clase política, con antecedentes franquistas

claros, al nuevo sistema democrático salvaguardando sus Intereses, y para eso adoptan los ritos,

procedimientos y semántica de la democracia liberal. Bien, esto es humano y no hay que escandalizarse,

lo que importa ea que no se arrepientan y que evolucionen.

Queda, también, el posible contagio que los residuos totalitarios puedan ejercer sobre la nueva clase

política sea en la misma línea totalitaria de derechos, sea en la contrapuesta de izquierdas, que responde

coa métodos Iguales aunque con objetivos muy distintos.

Atención, pues, a la desestabilización de los restos antidemocráticos para que la democracia que

esperamos nazca en condiciones favorables. Desde una Óptica optimista cabe pensar que si los españoles

nos acostumbramos al método democráticco: elecciones pulcras, respeto de los derechos humanos y de

la oposición democrática, lucha contra la corrupción y profundas modificaciones de la base

socioeconómica, se habrá desestabilizado, sin violencia y sin terrorismos, de uno u otro signos, el sistema

antidemocrático y en su lugar tendremos el sistema establecido por y para la democracia.

 

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