Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
   Necesitamos una ley del libelo rápida, eficaz e inflexible     
 
 Ya.    25/02/1977.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 21. 

CARTA ABIERTA DE AUGUSTO ASSIA

NECESITAMOS UNA LEY DEL LIBELO RÁPIDA, EFICAZ E INFLEXIBLE

Se evitara la aparición de campañas difamatorias a líderes políticos

• No podemos permitir que se repita la experiencia de la II República

• Toda difamación deberá cargar con la penalidad de fa indemnización monetaria sustancial y sin

escamoteos

Las notician puestas en circulación por algunos alarmados cronistas de algunos periódicos y que corren

por las tertulias de Madrid anunciando la puesta en marcha da una preconcebida campaña para proceder

a la trituración moral de políticos moderados antes de las elecciones pueden responder a hechos o pueden

responder a fantasía. Yo soy, en general, escéptico respecto a complots y confabulaciones tanto de la

derecha contra la izquierda como de la izquierda contra la derecha o, cual en el caso que nos ocupa,

confabulaciones y complots de los que se dice que la derecha y la izquierda se conchaban contra el

centro.

Pero sería absurdo asumir que no pueda haberlos y no puedan tener lugar. Es bien sabido cómo loa

comunistas se confabulan con los nazis para destruir a los socialistas y los cristiano-demócratas en la

República de Weimar, probablemente el más ilustrado y el más liberal sistema político que ha existido

jamás desde el que concibió Platón con su "República".

En nuestro caso, en el actual caso de España, no hay duda que la explosión que ha estallado con la

aparición de revistas y libelos, donde se mezclan la política con la pornografía, pretendiendo aplicarle a la

política la técnica del "destape", constituye uno de los espectáculos más asquerosos y deleznables de que,

desde la última guerra, ha sido escenario Europa.

De esto a que sea un complot hay alguna distancia.

De ¡o que al observador experimentado y con experiencia europea le queda poca duda es de que, lo

mismo que ha ocurrido durante la descomposición de las otras dictaduras (la nazi o la fascista), el

estimulo más destacado ahora en España es el del miedo.

La desaparición de las grandes prebendas y de los momios económicos que Ja dictadura lee aseguraba a

unos españoles a expensas do otros, así como la de los privilegios surgidos del monopolio ideológico,

con la exclusiva cobre el ejercicio del poder, han dejado a muchas gentes aquí con la sensación de que se

encuentran a la Intemperie, mientras la sensación de Intemperie produce la del miedo.

Miedo a la inseguridad, miedo a la competencia, miedo a la libertad, miedo a la democracia, es el

conjunto psicológico al quo los que lo sufren, lo mismo a un extremo que al otro, le buscan terapéutica,

como decía Jung, en la agresividad.

La agresividad puede ser dialéctica o puede ser moral, puede ser pornográfica o puede ser terrorista, cada

cual según e1 temperamento que le domina.

En la pornografía probablemente hay, además, el consuelo del lucro, ya que, al parecer, ea un gran

negocio debido a que loa españoles están, por lo visto, dispuestos a pagar generosamente la satisfacción

de una vieja sed sobre todo si, además, se le rocía, el del destape, con el escándalo político, tanto más

fácil este último cuanto que cae sobra una Inexperiencia, una Inocencia y una ignorancia que ee equipara

con aquella sobre la que cae el "destape",

Puede serlo, pero no es indispensable que para que, en este momento y al final de los cuarenta años, la

mezcla de pornografía, difamación y calumnia que toda una plaga de revistas y libelos han salido a servir

sobre la piel de toro, sea un complot mutuo de los extremismos políticos contra el centro. Lo que más

bien parece es el fenómeno típico y natural de la descomposición propia de la caída de las dictaduras,

sobre cuya ruinas es habitual que los zánganos se devoren los unos a loe otros. Contra la difamación, lo

calumnia y lo injuria

La cuestión, aquí y ahora, está, a mi modo de ver, querido director, en que, salvando las distancias, no

vayamos a permitir que se repita la experiencia de la segunda República, prestándole oídos, por un lado, a

difamaciones burdas y ridículas como la de los "caramelos envenenados" o la de "el Botas", o "el

Verrugas", o la de "el Enchufista".

Lo que no tenemos que permitir es, como so encontró la segunda República, ahora la Monarquía

constitucional se encuentre frente a la difamación, la calumnia y la Injuria inerme y atada de pies y

manos.

La experiencia de la República, que tan terribles consecuencias trajo, debe ser aprovechada por la

Monarquía si no queremos que otra vez la malicia se imponga en España a la Justicia. Una de las cosas

más increíble de la República, con haber habido tantas cosas increíbles en la República, es que no

hubiera tenido la lucidez de someter a todos los españoles al arbitraje inflexible y equitativo de la justicia.

Dividida Europa entonces entre fascistas y comunistas, hay que reconocer que la cosa no era tan fácil.

SI la Monarquía, que ahora puede hacerlo «in ningún obstáculo y contando de antemano con la

aprobación total no «61o de las otras siete monarquías, sino de Europa entera, así como de todo el mundo

democrático, no lo hace y no crea rápidamente una eficaz Justicia provista da todos los medios para

Impedir no sólo que uno* españoles esclavicen a otros, sino para que unos españoles tengan que tentarse

la ropa antes de difamar, injuriar, calumniar a otros, la verdad es que la Monarquía, además de incurrir en

él mismo defecto que incurrió la República, se encontrará con que tiene menos justificación para haberlo

hecho.

Hoy el mundo está más decidida y más unánimemente contra las tres cosas, contra la calumnia, la injuria

y la difamación que hace cincuenta años.

¿Qué es lo que ocurrió con el proyecto para promulgaren España. con carácter urgente, una disposición

legal similar a la ley Inglesa del libelo, de que se habló tanto durante el primer Gobierno de la Monarquía,

y que, si no recuerdo mal había sido una de las buenas ideas con que don Manuel Fraga volvió a Madrid

de su embajada ea Londres? No me atrevería a asegurarlo, pero creo que cuando don Manuel era ministro

circularon incluso proyectos de la disposición. Contra los que se llaman a la

agresión para esconder su propio miedo, como loe que difaman por negocio o por afición, si no por

cálculo, yo no creo que pudiera ser puesta en práctica, entre nosotros, un arma mejor que una ley del

libelo, en la cual a la celeridad en el procedimiento, 1s fuera agregada la penalidad de la indemnización

monetaria sustancial y sin escamoteos. Si la revista pornográfica que buscaba hacer un negocio tensando

al aire, sin la más remota relación con la realidad, y sólo para atraer incautos, el titular. "Los trapos sucios

de Cabanillas tuviera ahora que pagarle a don Pío cinco, diez o quince millones de pesetas a toca teja, y

sin resquicio alguno, quizá lo pensasen dos veces y no tuvieran ni un imitador, los pescadores de rio

revuelto que Inventan basura para encontrar debajo dinero.

Antiguamente aquí habla otras clases de delito que apenas podrían ser afectadas por los castigos

monetarios, pero hoy, que una gran fiarte de la difamación, injuria y calumnia, mezclados a la

pornografía, apenas sí tienen otro propósito que el del lucro, el dinero puede ser el gran detergente. En

cuanto los jueces lo lleguen la ropa al cuerpo a uno de los numerosos aventureros de que gozamos, lo mas

fácil es que los otros miren a su bolsa. Una ley del libelo rápida, eficaz e inflexible como la que

protegía la honra de los ingleses es ahora mismo quizá al más urgente entre todos loa Instrumentos que

reclama la salud pública del pote, en mi opinión. Si la Monarquía ha de evitarnos lo que no fue capaz de

evitarle a los españoles de entonces la República, y esto lo mismo si estamos ante un complot que un hay

ocio.

De usted, afectísimo y seguro servido y amigo,

Augusto ASSIA

 

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