Autor: Miralles Álvarez, Jaime. 
 Divulgación jurídica. 
 Subarriendos y cesiones  :   
 Notas para la nueva ley de Arrendamientos Urbanos. 
 ABC.    28/12/1960.  Página: 79. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

ABC. aHERCOIJES 28 DE DICIEMBRE DE 1960. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

DIVULGACIÓN JURÍDICA SUBARRIENDOS Y CESIONES

(Notos para la nueva ley de Arrendamientos Urbanos)

SENTENCIA DE 5-x-6o

CUan-áo por todas partes se. oye hablar de un proyecto de nueva, ley de Arrendamientos urbanos y la

expectáte ion de propietarios e inquilinos se centra en la averiguación de las ventajas u oportunidades que

el nuevo ordenamiento especial pueda proporcionar a sus respectivos intereses, lito parece inoportuno

contemplar alguna de las cuestiones que plantea la aplicación de la vigente ley, pues la experiencia

siempre nos reportará alruna enseñanza.

Sa/bido es que la ley autoriza el subarriendo y la cesión de viviendas sólo en supuestos muy Contados, V

atendida Lorientación, en que se inspira la regulación legal de las relaciones arrendaticias, es lógico que

así í>sa, pues ambas figuras contractuales se prestan a ser estímulo o amparo de transacciones de

especulación y de agio, contrarias a los fines perseguidos por el legislador.

Por su porte, el Tribunal Supremo, al interpretar los preceptos reguladores de esta materia, para declarar

que un subarriendo o una cesión fueron legítimos ha´ puesto especial cuidado en exigir la prueba de c,v&,

en cada caso concreto, concurrieron •todos los Teqaisitos que la ley exige.para true dichos pactos sean

lícitos.. Y es hartf» conocida la doctrina jurisprudencial reiteradamente declarada por dicho Alto Tribu-

nal, en perfecta congruencia con el crJfte´r rio interpretativo expuesto y como lógica consecuencia suya,

por virtud de la cual. para que el propietario pueda demostrar suficientemente la procedencia de la reso-

lución del contrato. de arrendamiento, no es necesario que pruebe si la presencia del tercero extraño a¡

contrato obedece a cesión o subarriendo, ni el precio o la merced que en su caso -abone el inquilino, sino

que. por e] _ contrario, le basta probar su introducción en la vivienda para que deba apreciarse la,

concurrencia de la referida causa de resolución.

El Supremo, para estimarlo así, se funña en la razón poderosísima de qué el inquilino que subarrienda o

cede la vivienda de modo prohibido por la ley y el subarrendatario o cesionario que con él contrata des-

pliegan todo su ingenio para encubrir la ilicitud del pacto que´ceJebran.

No obstante, en las tres resoluciones dictadas en este pleito—plenamente acordes entre sí—puede

apreciarse una cierta desviación respecto a la doctrina jurisprudencial. ,. • .

El Supremo, al establecer la presencien dé subarriendo o de cesión sobre el solo Hecho de la introducción

del entraño en la vivienda, no entra a distinguir su mayor o menor vinculación con el titular del inqui-

linato, sino que le basta para ´considerar contraria a la ley su presencia en el local o la vivienda arrendados

su.condición de extraño a la relación contractual entre arrendador y arrendatario.

En cambio, en la resolución que hoy comentamos, no solamente se considera el parentesco con e!

inquilino como circunstancia que contribuye a excluir el subarriendo por ao mediar precio ni merced—,

sino que, además, se estima que la cesión, cuando en vea de comprender el arrendamiento todo se´ Hinita

a derechos singulares del arrendatario, ´no precisa, para, ser lícita, -el consentimiento del propietario

arrendador.

Indudablemente, nos inclinamos a pensar que esta sentencia, con acierto o ¡rin él, in-tej3>reta la ley de

Arrendamientos de modo diferente a como hasta ahora ha venido faciéndolo el Tribunal Supremo. Y

como este litigio no puede llegar a ser sometido al Alto Tribunal, ha-: de admitirse que otros casos

análogos, por cualquier circunstancia—procesalmente tal vez nimia—, se sustancien por otro

procedimiento´ de los establecidos por la ley, se resuelvan por el Supremo con el mismo criterio con que

hasta ahora lia venido haciéndolo.

No cabe duda que la aplicación de la vigente ley de Arrendamientos ofrece un acervó inapreciable de

enseñanzas prácticas más que suficientes para que la próxima que se promulgue adolezca de menores

defectos que la actual.

El contrato de arrendamiento de la vivienda objeto dftl pleito comprendía también un garaje que habia en

.la misma casa, vara uso´ del propio inquilino. Pero además del automóvil de éste se encerró en él,

transitaría y gratuitamente, otro de. tilia hija suya, casada y habitante en Otro inmueble.

La propietaria—una sociedad—demandó al inquilino, solicitando la resolución del contrato pbr

subarriendo o cesión sin consentimiento de la propiedad, .perdió el pleito en el Juzgado Municipal y en el

de Primera instancia, y recurrió, por último, ante la Audiencia Territorial de Madrid, cuya Sala Segunda,

en ponencia del magistrado señor Martin y Martín, ha ´confirmado los fallos anteriores.

En cuanto al subarriendo, estima el juzgador que no obstante el criterio interpretativo del Supremo, al que

ya nos hemos referido, cuando en las viviendas se do el alojamiento gratuito de un familiar, y con carácter

trasitorio, más bien ha de presumirse la inexistencia del subarriendo,-pues no seria lógico presumir que la

hija abo-ne´tt su padre, el inquilino, merced ni yre-cio alguno.

Por lo´que a, la cesión se refiere, establece una Aisti-neión eníee cesión del arriendo v cesión de derechos

singulares del arrendatario.

La primera—cesión del arriendo—integra, según el juzgador, una novación subjetiva de la relación,

arrendaticia, en la g«e el arrendatario desaparece de la esfera contractual, cediendo su lagar a un tercero.

La segunda—cesión de derechos sijigu-lares del arrendatario^-, por constituir tan sólo la transferencia

total a •parcial de la facultad que el inquilino goae sobre el objeto del arriendo íntegra un acto ttsim-í-

lable o, la cesión áe crédito, para el que no es exigible el consentimiento del propietario arrendador. —

Jadrnie MERALLES AL-VARE2.

 

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