España camina por los cauces amplios de una auténtica democracia  :   
 La sociedad entera y cuantos estamentos la integran tienen aquí su representación. 
 ABC.    03/06/1961.  Página: 55-58. Páginas: 4. Párrafos: 47. 

ABC SÁBADO 3 DE JUNI O D S 1961.

ESPAÑA CAMINA POR LOS CAUCES AMPLIOS DE UNA AUTENTICA DEMOCRACIA

LA SOCIEDAD ENTERA Y CUANTOS ESTAMENTOS LA INTEGRAN TIENEN AQUÍ SU

REPRESENTACIÓN

Discurro de D. Esteban Bilbao al iniciar la séptima etapa las Cortes Españolas

El JEFE DEL ESTADO INÁUGURARÁ ESTA TARDE SOLEMNEMENTE LAS TAREAS

LEGISLATIVAS

Las Cortes Españoles celebraron Ayer la primera sesión plenaria de Ja nueva etapa legislativa, awe s/erá

inauguraba solemnemente en la tarde de boy p»r él Jefe del Estado.

Don Esteban Bilbao abrió la sesión a las cinco y cuarto de la tarde, y le acompañaban los vicepresidentes

primero y segundo, respectivamente, • D. José Félix de Lequerica y marqués de la Valdavía, y.´los se-

cretarios señores Pagoaga, Vivar Téllez y Romojaro. El Gobierno, a excepción de los ministros de

Comercio y Obras Públicas, ausentes de España, y del Sr. Navarro Rubio, tomó asiento en los bancos de

los ministros, y en ios suyos, los miembros de la Junta Política y del Consejo, del Reino.

Como el número de procuradores—605— excede del habitual, por haber sido incre-mentada la lista con

el alimento, del tercio sindical, unos cincuenta pasaron a ocupar una tribuna destinada al efecto.

Leída por uno de los secretarios el acta, de la última sesión fue aprobada. También dio cuenta de la lista

de procuradores que por diversas causas excusaban su asistencia.

PRESTAN JURAMENTO LOS NUEVOS PROCURADORES

Finalmente se prpcédió a la lectura del decreto por tel que se convocaban estas Cortés, y a continuación,

con el ceremonial de costumbre, prestaron juramento 164 procuradores, que desfilaron por orden alfabéti-

co de apellidos ante la presidencia, y con la mano puesta en el Evangelio contestaron a la pregunta de

ritual formulada por el presidente de las Cortes. Al hacerlo la señorita Sedeño, elegida últimamente por la

Organización Sindical, lúe objeto de una salva de aplausos.

.

Discurso de D. Esteban Bilbao

Luego el presidente de las Cortes, don Esteban Bilbao,.pronunció el siguiente discurso;

Señores procuradores: Acabáis de pres-, tar un solemne juramento—los otros lo pialaron

anticipadamente—, en testimonio de fe. de servicio á la patria, dé fidelidad a los principios fundamentales

del Movimiento, de lealtad al Caudillo, qué-, durante cinco lustros, y cada día con mayor acierto, viene

rigiendo, los destinos de la nación. Y desde este mismo instante, en que acabáis da tomar posesión del

cargo, comienza, y no es poco decir la séptima etapa de las Cortes Españolas. Ni decretos, de disolución

ni crisis ministeriales, ni mayorías, ni minorías: un movimiento rectilíneo que cada tres años renueva sus

poderes, camino sáempre- de una España mejor, por los senderos del orden, de la paz. interior, de´

progreso y dé la justicia social; Y hay que decirlo claramente: por los. cauces, amplios ds una autentica

democracia."

¿Consideráis, señores procuradores, lo qu-e esto significa, para la. vida tís un Estado .y para el destino´de

un pueblo? Seis legislaturas, seis, se han sucedido en´esos escaños, y todas agotaron su término legal. Re-

cordad . ahora la historia política de JQS pasados- tiempos: en poco más de un siglo, trescientas, crisis

ministeriales, tres Monarquías, dos Repúblicas, otras tantas regencias, doce Constituciones entre natas y

nonnatas, y más de un centenar de Parlamentos, ninguno de los cuales pudo llegar a su término

constitucional.

La segunda República ganó a todos los regímenes anteriores en esta carrera de la. inestabilidad. En poco

más de cinco años, dos presidentes de República, doce Gobiernos, tres Parlamentos, víctimas todos ellos

de una democracia veleidosa, solamente constante en sus favores a la más descarada demagogia. Ahí

donde vosotros os sentáis," se reunían más de una docena de partidos; partidos también partidos en

fracciones, con sus respectivas - jefaturas mal avenidas entre sí, en disiputa constante y a espaldas del

verdadero interés nacional.

,

¿Y ahora? Ahora, la representación de la sociedad entera, con todos sus órganos naturales, y cuantos

estamentos integran la vida del país: la agricuitura, la industria, el comercio, los colegios profesionales,.

la Universidad, las Aea-.tjemias, «1 campo y la ciudiad, el taller y la oficina, el laboratprio y la fábrica,

los. sindicatos, todos los sindicatos, en defensa de sus intereses legítimos, alentados por un ansia de

iustieia social;.-el .municipio y la prqvincia>. derivaciones´ naturales de la .familia, escuelas primarias; de

la ciudadanía, •nervios vitales de la nación. Y también,.-señores, la intervención de aquellas otras

instituciones - sin las cuales no es concebible, la vida-fie üria sociedad bien ordenada; la Justicia valedora

del derecho de todos,, ahora´en trance de renovación; anpe la-s nuevas .pcnoep-ciónes ^sociales, pero

siempre-a la lúa ih deficiente de, aquellos postulados impresprip-tibles de la misma justicia y del mismo

derecho. La representación del Ejército: el Ejércíto, ultima garantía del orden, custodio heroico de la

integridad, del honor y >ie la independencia nacionales; y la Iglesia: la Iglesia, consejera .indispensable

en un Estado que. se llama católico y que E« enorgullece de llamarse católico; pero mucho fliás

indispensable en estas horas críticas en QUS se, libra la gran batalla, la tremenda batalla del

espiritualismo cristiano, alma de nuestra civilización frenta a un. materialismo soez/totalitario y ateo, >iu-

e quisiera matar las almas, que envilece y esclaviza a los pueblos, que divide las patrias y ciega la

dignidad sobrenatural de la persona humana, portadora de.valo-r^s" fttejnos. Para ´decirlo -de urfia"- vez,.

la´ sociedad entera.- con sus órganos naturales, con suo actividades diversas, con sus aspiraciones

legítimas, muchas veces encontradas, pero convergentes, siempre bajó la égida de un insuperable

Caudillo, hacia una, unidad soberana; garantía del bien 00-mún ´y ádmiáistradora"celosa ¿e una es-,

crapulosa justicia distributiva.

Y ésta, esta es la Cámara a la que yo tengo el honor de saludar respstuosamen-1´ te y dirgirle mi .palabra -

en-, esta primera sesión, de la séptínia,-etapa de-las Cortes Españolas. (Muy bien.)

RÉGIMEN-REPRESENTATIVO Y SOCIAL

Régimen´ representativo´ porqué es social y régimen. social porque es ¡represen-.tativo/ Es el -signo1 de

los tiempos venids-rcs—4o- -te_ngo por seguro—y - la cara-cte-rís´tícav más´ exacta de. las futuras demo-

cracias.

Pasaron,-, yaü´, pasando los tiempos en que la vida-política se reducía a la lucha enconada de los partidos,

radicales o> eclécticos, rebeldes o doctrinarios. Llegan, han llegado ya,, los tiempos en que la vida de las

naciones se libra, se agita, se preocupa por la resolución de los grandes problemas sociales. Apellidarse

noy liberal a .secas apenas dice nada al interés acuciante de las multitudes. Los mismos par^ tidqs

conservadores, se ven obligados a abrir en ´sus programas amplios´ cauces .a las demandas legítimas de

las clases que llaman, proletarias. Es la gran ventaja, la triste ventaja del socialismo, sobre el liberalismo

parlamentario. El socialismo, ha dicho un autor, es la decisión; ´el parlamentarismo es la discusión. Y aún

no lía ..acabado dé discutir el Parlamento cuando ya, el marxismo le ha ganado una gran parte de: la

batalla. Hoy no son las revoluciones políticas las que ´tumban los tronos;. ..son las revoluciones sociales.

Pero es .después,: que el parlamentarismo, les ha usurpado su majestad para reducirlos a un puro símbolo

mudo, manco, apenas decorativo.

Pero conviene precisar los "términos: partidos los hubo, los hay, los habrá siempre en tanto -que la razón

humana sea falible y muchas veces, cegada por la pasión, como lo e? siempre la pasión de las multitudes.

Partidos ; sí, circunstanciales, alrededor de los innumerables, de los complejos, de los urgentes ´problemas

que fatigan a diario a la Administración del Estado. De eso no se trata. A lo ´que me refiero es a los

partidismos políticos; es a lo Que llaman los tratadistas. el partido-poder, con exclusión de todos los

elementos sociales a quienes por su naturaleza corresponde ,su intervención en la elaboración de las leyes.

Me vais a permitir una pequeña dis-gresión, que considero necesaria para la exposición de mi tesis. Toda

la historia del parlamentarismo liberal a base de partidos´es una constante-;y escandalosa usurpación.

Comenzó despojando a la Iglesia de su patrimonio multisecular y cercenó, cuando rio negó, muchos de

los sagrados derechos inherentes a su espiritual´ sobe- . ranía. Despojó a los municipios de sus b´ier nes

comunales y de sus bienes propios ..y limitó muchas de sus naturales funciones; aniquiló los gremios,

precedente glorioso de nuestros actuales Sindicatos, y persiguió sañudamente a toda propiedad cor-

porativa: pósitos, montepíos, hermandades, cofradías, instituciones de beneficencia, en aras de un

desenfrenado individualismo. Y no contento con todo eso, aún arrebató a, todo lo que vosotros represen-,

tais, a todos los estamentos sociales,: a todas las clases sociales, un derecho sagra->Jo >íue les

correspondía por su propia naturaleza: el derecho a intervenir en la elaboración de las leyes, su

personalidad histórica y su influencia política; su derecho a ´designar corporativamente, directamente, a

sus representantes en Municipios y Cortes, y su aquiescencia obligada jantes de la imppsición"de

los>nuevos tributos y su í conformidad hecesaríg, en la reforma de las leyes fundamentales.

Y todo eso, todo ese cúmulo de derechos, de tradiciones, lo que llamaba un • autor autoarquías

infrasoberanas, lo que llamaba Mella sociedalismo. soberanía social distinta de la soberana política, se lo

adjudicó por. entero, soberanía´ social y .soberanía política a los, partidos políticos omnipotentes en el

.Parlamento, únicos hacedores de la ley, dueños y señores a manera de verdaderos soberanos irrespon-

sables.de toda la vida nacional.

IMPORTANCIA DE VUESTRA PRESENCÍA

Y ahora, señores. procuradores, comprendereis´ toda la importancia política y toda la .trascendencia,

social que tiene vuestra .presencia en esos escaños y-las» funciones que se´os adjudican; el signo de éstas

Cortes representativas y la legitimidad de vuestro´s mandatos, .no nacidos de la entraña de los partidos, de

la mala-entraña, acaso de un Frente popular, sino de la misma entraña fecunda, viva y auténtica de la

propia nación.

Y sueste lo; flije tenía aus suoedgrdada la lógica de los partidos políticos. El órgano soberano.. nacido

para el servicio >ie´ la nación, se convirtió en una pugna de partidos, de facciones políticas como las

llamaba BlunskL Fue Washington, el insigne fundador de la República americana, y fue Madispri, el

tercero de sus presidentes, los qué previendo el peligro, trataron: de configurar la traza de un Gobierno,

independiente de la violencia de las facciones. Son sus mismas" palabras. Washington, en el mensaje de

despedida, prevenía a sus .conciudadanos sobre los fatales efectos, .sobre las funestas conse-ciiéncias fiel

espíritu de partido. Quiero decirlo con sus mismas palabras: "Vienen sleflijjfew~decía--a. perturbar las.

reuniones políticas, -a debilitar la pública administración,., agitan, la comunidad con suspicacias y falsas

alarmas y en /ocasiones, fomentan los motines y provocan las insurrecciones. Era, señores, la Voz del Pá-

triarca que velaba por el destino de su propia obra. Acaso, acaso, el régimen de los Estados Unidos, con

su República pre-sidencialista y sus dos únicos partidos, obedece a tan saludables consejos: y el

espectáculo de la mayor parte de los Parlamentos europeos y una buena parte de los otros pueblos

americanos, con sus innumerables partidos y con sus frecuentes revoluciones, acreditan sobradamente,

la perspicacia política, de aquel gran fundador de la República norteamericana.

Quiero decir con todo esto que la gran obra, la obra magna, entre las muchas -obras grandes, entre las

muchas magnas obras de nuestro Régimen, estriba en haber restituido´ a la comunidad nacional, a

•, la democracia, sus verdaderos fueros naturales: devolver a la comunidad nacional su derecho a

intervenir en la .forma-´ción de las! leyes, antes monopolizado por los partidos políticos; que el Gobierno

oiga directamente, de labios de los estamentos y de:, las actividades interesacias, la voz clara de las

necesidades sociales, sin la intromisión, apasionada siempre y siempre ambiciosa, de las banderías poli-

tices; ´Suellas^puertas de esta, casa estén abierta para todas las actividades del país, y que eso que se

llamaba modesta-mente, ¡modestamente!, la opinión, la opinión pública; sin más publicidad las más de las

veces que la gritería, de los alborotadores, "fuego de virutas", como un día lo calificó D. Antonio Maura,

se convierta aquí en el ordenamiento de la razón en aras de un bien común, armonía de todos los intereses

legítimos y el derecho que a vosotros corresponde de intervenir en la elaboración de las leyes; el sagrado

derecho de quiénes, a la postre, soportan los tributos, enriquecen la economía, laboran en la ciudad v

riegan el campo con su sudor dan sus hijos a la Patria, amparan el progreso sirven al Estado e integran en

cuanto tiene de vida, la vida nacional.- (Muy bien.)

Y ésta, y no la otra, sí que es la verdadera democracia.

BENDITA LA DEMOCRACIA HONRADA

¡Democracia! Es la palabra de moda; el Ídolo de las multitudes. Pues yo, señores, os digo: ¡Bendita la

democracia, sí! ¡Bendita la democracia!, pero la democracia honrada; la verdadera democracia, que ,

tiene su asiento sobre el ´mismo derecho natural y sus raíces más hondas en las mismas, esencias de la

civilización cristiana, ¡Bendita la democracia!

Pero jamás, jamás, una misma palabra ha servido para encubrir y disimular los más ´encontrados

conceptos. Primero, la soberanía de la-razón para el filosofismo, hijo del libre examén; luego, la

voluntad general para Rousseau; soberanía tripartita para Montesquieu; cuatripartita para dar pronto

paso al poder moderador; la convención y el terror, después de la Asamblea legislativa, para la

Revolución, francesa. El mito de la soberanía del pueblo que nunca llegó a ejercer prácticamente su

soberanía, para las escuelas radicales; el mito de la libertad durante todo el siglo XIX; la libertad por la

libertad (los maleé dé la libertad, como ellos decían, se curan con la misma libertad), para las escuelas

liberales; la deificación del Estado, para las escuelas socialistas: la negación de toda autoridad, para los

anarquistas; el despotismo ilustrado, ecléctico, doctrinario, para las escuelas conservadoras...

Y yo me preguntó y os pregunto: ¿qué es, entonces, la democracia? Para los Estados Unidos, para la gran

república de los Estados Unidos, digna de todos nuestros respetos, un régimen presidencialista; para

Rusia, la dictadura del proletariado; para los países satélites la democracia popular — como la llaman —

a costa de su propia esclavitud; para Cuba, ahora, la negación de todo sufragio electoral. Individualista en

el Occidente; comunista y totalitaria en el Oriente. Cada Constitución, un sistema; cada partido, un con-

cepto; cada fracción de partido, un criterio y, en definitiva, un caos ideológico que si en algunas naciones,

por su tradición, por su historia, por su temperamento por su educación cívica, ha servido y sirve para

mantener el orden, en otras sirve para disimular una difícil, cuando no imposible transación, y en la

mayor parte de ellas, cuna, acicate y aliento de las peores revoluciones. Como decía Bainville: "¡Tristes

democracias aquellas que para poder subsistir tienen que empezar por ne-garse a sí mismas!" Como la

República de trabajadores de todas clases que nosotros hemos conocido: ¡Ni libertad ni trabajo!, sangre,

´mucha sangre; fango, mucho fango; y lágrimas, demasiadas lágrimas, como la calificó uno de sus prin-

cipales corifeos. (Muy bien.)

Y me atrevo a decir algo más: que si hay una democracia; si la democracia tiende, como se ha dicho por

los tratadistas, a la identificación entre el pueblo y sus gobernantes, yo no ehét|entro otra democracia que

supere a la nuestra. Nació, sí, de una victoria, de! una sagrada victoria, de la vjoctoria del pueblo contra

una República jacobina, expoliadora dé todos los derechos ciudadanos; perseguidora de las conciencias,

aliada de las demagogias, cómplice del crimen y que, a poco estuvo de acabar con la existencia de la

patria. La ratificó un solemne referéndum, nacional, casi la unanimidad del censo electoral; la apadrinó y

apadrina él pueblo con sus clamorosas manifestaciones; la consagran cuatro lustros de una paz octaviaría

en constante progreso; la sublimó la defensa de la dignidad nacional frente al cerco , de .todps sus

adversarios, los unos,, víctimas del engaño los otros, autores de la calumnia. Se manifiesta en el culto de

la más avanzada justicia social; brilla en Municipios y provincias en lo que llamaba Azaña los burgos

podridos; ahora regadíos, ahora otaras públicas, ahora pantanos, ahora nuevas industrias, resplandece en

estas Cortes Españolas, ejemplo de fecundidad y de escrúpulo legislativo; y un día y otro día, como lo

habéis, visto hace pocas semanas, aclama su Caudillo a su paso triunfal, sembrando riquezas, fundando

nuevos poblados y despertando el frenético entusiasmo de multitudes inmensas que le vitorean como al

genuino salvador de la patria. (Aplausos.)

Esta es la democracia; eso es democracia.

NADIE PUEDE DISCUTIR VUESTRA LEGITIMIDAD

pero hay más. Hace casi medió año que „ lleva nuestro Régimen en un constante, en´ pierio e interminable

período electoral. Primero fueron las elecciones sindicales en todas sus etapas y en todas sus ramas;´es

decir, miles y miles, millones de trabajadores de todas clases ejerciendo legítimamente el derecho de

sufragio; casi simultáneamente, las elecciones • municipales. también en sus diversas etapas y en sus

diversas ramas: familias, Corporaciones, en -torno a las urnas electorales; desjJués, las provincias, etc., y

para culminación de una y tan dilatada y larga etapa electoral, vuestras elecciones: Municipios, Sin-

dicatos, Colegios profesionales, Cámaras. etcétera, etc.. para elegiros a vosotros dignísimos procuradores

dé las Cortes Españolas.

¿Quién se atreve a discutir la legitimidad de vuestros poderes? ¿Y quién tan ´ osado y tan ciego que se

atceva a regatear a esta Cámara la representación auténtica de toda la vida nacional?

Pero tengo que añadir una, observación, porque jne guste, ser honrado y sincero en todas mis

manifestaciones. Yo respeto la memoria de muchos de aquéllos hombres que pasaron por las alturas del

Estado: grandfes por su talento, grandes por su elocuencia, .granices, desde luego, poíf su fervoroso"

patriotismo, pero , prisioneros e incapaces en aquel régimen absurdp. Yo sólo acuso al partidismo

político. Digo´ sencillamente que aquellos partidos políticos falsificaban la democracia; y vosotros,

pueblo del pueblo, elegidos por él pueblo,, devolvéis al pueblo su derecho ya la sociedad su soberanía

social.

Ellos luchaban por el poder; vosotros lucháis por´el bien común. Ellos pugnaban por los intereses de

partido; vosotros pugtíáis por la justicia social. Ellos, por sus ambiciones políticas; vosotros y nosotros

todos, por algo más grande: por la grandeza y por la prosperidad de una España grande y libre, que es el

signo Que debe unir a todos los verdaderos españoles.

Hora bien, termino por donde comencé: Habéis prestado un juramento solemne; lo prestasteis otros en

anteriores ocasiones, por Dios, por España y por los principios fundamentales de nuestro Movimiento,

que un día, como el de mañana, promulgó desde este mismo sitial nuestro querido Caudillo. No somos un

paréntesis—decia—, no somos sólo un episodio nacional; somos mucho más que eso: somos el fruto del

genio de la raza,´ somos el sacrificio de ayer; somos el esfuerzo de hoy, somos la lección para ía

posteridad; ^con,dos condiciones que cada día nos predica nuestro Caudillo: la unidad y la continuidad.

La unidad de todos los españoles que quieran acompañarnos en esta trascendental elnpresa de todos,

porque es empresa nacional, la continuidad, qu&: es la condición precisa de todas las grandes empresas

de la vida, de todos los grandes, acontecimientos de la Historia. Sin la unidad fervorosa y cordial de todos

nosotros y de los que nos quieran acompañar seríamos débiles y. a la-ípostre, vencidos. Pero siri la

continuidad seríamos mucho peor que todo eso, porque seríamos desertores de nuestro deber., Qomo dijo

un orador: No solamente débiles, seríamos viles, olvidadizos del sacrificio : de í nuestros gloriosos

caídos, cuyo inolvidable aniversario hemos de celebrar dentro de unas semanas.

Y-nada os tengo qúejdecir. Mi bienvenida a, los procuradores que llegan. Mi ca-•; riñoso abrazo para-los

que todavía .quedan, el cordial abraap de nuestra común veteranía.

.

Se dicho lo tíue me creía obligado a decir en la tarde de hoy. Nada más." (Fuertes i y: prolongados

aplausos, que se repitieron durante largo rato.)

Se designa la Comisión Permanente

Acto seguido el presidente de las Cortes anuncia que va a proponer a la Cámara los nombres que, salvo su

mejor opinión, pue-; den constituir Ja Comisión Permanente de !as Cortes, y el secretario procede a. dar

lectura de los nombres, que son los siguientes:

Presidente, el de las Cortes Españolas; vocales, D. Antonio Iturmendi, D. José So-lís y los señores conde

de Vallellano, Castán .Tobeñas, Gutiérrez Soto, Herrero Tejedor, Del Moral, Eijo Garay, Gómez Aranda,

López Rodó, Crespo Alvarez, Jiménez Torres, Marcos Chacón, conde de Mayalde, MartuvArtajo (D.

Alberto), y Romojaro.

.

TARDE, SESIÓN SOLEMNE

Aprobada.por aclamación la lista, el presidente anuncia que. esta tarde, a las. seis en punto, "será recibido

aquí nuestro querido e insigne Caudillo para inaugurar solemnemente las sesiones ,de Cortes":

"A este efecto—añade el J3R. feilbao—los procuradores deberán estar en sus puestos un cuarto de hora

antes de las seis."

Seguidamentea.las siete menos cuarto dé la tarde, se´levantó la sesión

 

< Volver