¿Qué democracia queremos?     
 
 ABC.    22/04/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

¿QUE DEMOCRACIA QUEREMOS?

¿Qué democracia quiere el P. C. E.? ¿A qué democracia aspiran, en general; los partidos

marxistas en España? ¿Desean una democracia para la libertad o una democracia para el

socialismo? En el Congreso del P.C.E. se atrevían ayer a decir que la división de los españoles

está solo entre los que quieren la democracia y los que quieren la dictadura Ya sabemos

nosotros, y nuestros lectores conocen, que los comunistas seguidores del señor Carrillo han

renunciado de palabra. Con todo énfasis, a la dictadura del .proletariado. Por ahí se apuntan

los comunistas. Como el miembro del Comité central del P.C.E. afirma, a los que quieren la

democracia. Pero —insistimos en nuestra pregunta—, ¿qué democracia?

Democracias —«populares.— llaman los comunistas á los regímenes de tiranía que medía

Europa, la del Este, padece. Aun pasando por la admisión´ de que los comunistas congregados

ahora en Madrid rechazan sinceramente sistemas tales, puro remedo de la tiranía soviética, no

podemos menos que seguirnos Interrogando sobre el género de democracia en que, por virtud

de to sostenido desde la tribuna del Congreso del Partido Comunista de España, vamos a parar

cuantos españoles repudiamos la dictadura.

Sobemos, y desde ello comenzamos a responder las preguntas enunciadas, que sin querer la

dictadura tampoco queremos la democracia que los carrillistas y marxistas dé toda condición

militante proponen y tratan de imponer, extravasando. violando, adulterando los límites de ésa

democracia hacia la libertad y para la libertad a la que vamos; an la que estaremos definitiva y

cabalmente cuando la Constitución sea refrendada por el pueblo español

La democracia para el socialismo que los marxistas quieren es, naturalmente, bien distinta de

la democracia para la libertad. Y debiera precisarse bien a las claras, entendemos nosotras,

qué género de ellas es aquella que se refiere cada cual, todo el que .públicamente se

manifiesta como demócrata.

Bien sabemos, sin embargo, que ni los comunistas en particular ni los marxistas en general

estén por la labor de comprometerse políticamente en tal suerte de especificaciones y

diferenciaciones. Su estrategia, es !o cierto, se encamina por derroteros diametralmehte

opuestos. Lo que les conviene a ellos es la indiferenciación democrática, el revuelto rio de los

sentimientos vagos y las emociones; la sistemática imprecisión frente a todo cuanto contribuya

a poner las cosas en claro.

El género democracia corno posibilidad y como mito, como noción y cómo emoción—.en tanto

que idea-fuerza, constituye un vector, un impulso y una proyección, en cuya cabeza, cual si de

un cohete se tratara. intentan las fuerzas del arco marxista en general, y muy particularmente

los comunistas, colocar como explosivo su específica y concreta concepción de la libre

convivencia.

Nosotros sabemos que no es eso, esa peculiar y dialéctica manera de negar la libertad

afirmándola —«socialismo es libertad—, que los, marxistas tienen, lo que la inmensa mayoría

de los españoles quieren. Sabemos que la democracia que ilusiona al pueblo español es esa

en que libertad genera un orden donde son posibles, é imperceptibles por cotidianas, las

libertades. No se trata, precisamente, de la democracia que pueden garantizar los comunistas.

 

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