Autor: Díez del Corral, Francisco. 
   Cubrir la retirada     
 
 Diario 16.    22/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Cubrir la retirada

Francisco Diez del Corral

En un tasto articulo —tanto por lo que se «fice como por lo que, sin decir, m muestra— recientemente

aparecido en "El País", José Luis Aranguren escribe: "Lo que se propone otra vez es persuadir ahora al

fascismo —"internacional", claro— de que lo que se está haciendo es peor que un crimen, es una

equivocación", de que el pueblo y el Ejército no van a caer en la trampa. Y más adelante: "No se trata de

viejos reflejos franquistas. Se trata simplemente —o tacitistamente— de cubrir una retirada." Al hilo de

estas palabras, pienso, con más escepticismo y desaliento que otra cosa, que, en el fondo, ya ni siquiera se

intenta engañar a nadie. Parece como si el Gobierno, guiñando un ojo y entristecido el otro, dijera a la

oposición: "Bueno, raás o menos, ya sabéis lo que pasa. Pero poneos en mi lugar," Y la oposición,

dolorida pero resignada, contestará: "Por nosotros que no quede,"

A este paso, con un poco de suerte y algunas "equivocaciones" más, nadie va a pedir ya cuentas a nadie y

cada uno, a lo suyo. Es decir, caiga qirten caiga y paje to que pase, a situarse en buena posición, en la

mejor posición posible, en la liga predemocrática del Poder. Es tremendo, pero uno tíone la Impresión de

que, en medio de tanto horror, todo son habas contadas.

Táctica

No, aquí no hay trampa y ni siquiera hay ya cartón. Aquí, entre muerto y muerto, ya sólo hay táctica.

Aqui ya sólo hay el vasto y crudo espacio "tactiquista" que todo «aerifica ¿ los intocables Imperativos de

la "realidad". Y una sola especlallxación que engloba todas las demás falsas especializaciones: la

especialización del Poder Naturalmente, sólo hay también una sola explicación que ahoga todas las otras

que puedan poner en tela de Juicio el . "tácita" orden oficial y constituido: la de los órganos del poder en

activo y la de los silencios de quienes lo persiguen. En definitiva, razones de estado. Laa mismas que tan

caras se han pagado en otros tiempos —que tan caras han pagado quienes no son Estado— y todo parece

indicarlo, van a seguir pagándose en los venideros.

Entre otras cosas, porque las razones de Estado, valga la perogrullada, son de Estado —o de Institución—

, si, pero no son razone». Ciertamente, se hace lo que se puede. Tan cierto como que sólo se puede

aquello que se hace. Ciertamente, desde luego, las actitudes utópicas sólo a utópicos sueños pueden

conducir, Tan cierto como que la utopía es una de las condiciones sociales objetivas para que todo cambio

real se produzca. Ciertamente, o entras en el juego o sólo juegan eUos, que es peor. Tan cierto como que

siempre gana quien fija las reglas del juego. Ciertamente, es verdad, de ¡o que se trata ahora es de

celebrar las elecciones cuanto antes.

Cubrir una retirada

No; no es aquí cuestión de reflejos ni residuos ni tics. Se trata, efectivamente, de cubrir una retirada. Pero

lo tremendo de la situación es que, tai como están las cosas, se diría que no sólo ellos cubren la retirada,

sino que la oposición —a pesar de aus esfuerzos y de su comportamiento tantas veces heroico—, marcada

por las servidumbres de la "política", perdida en los laberintos "fácticos" y "tácticos". se diría abocada —

en contra, nadie lo duda, de na dése», aspiraciones y convicciones— a acabar, objetivamente hablando,

echando una mano en esa tarea de cobertura. Lo que convertiria a aquella retirada en otra de más largo

alcance, retirad» de altos vuelos que podria seguir manteniendo en el poder, en un nuevo contexto más a

tono con la tolerante Europa e8 que vivimos , mutatis mutandis y salvadas las distancias, a la mismas

clases que durante tanto tiempo han venido monopolizan. do éste y sus prerrogativas. A lot de toda la

vida, vamos. Y ocurriría entonces, como no hace mucho tiempo me decía un buen amigo singular j

lucido. que la politica de la"oposición, más que una estrategia, habría sido una verdadera "estragedla".

Asi estamos y allá vamos. Que Dios nos coja confesados. Porque la extremaunción, entre sobresalto y

sobresalto, ya nos la dará dulcemente el hábil negociador. Y a votar, por supuesto.

P

 

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