Autor: Martínez Mediano, José María. 
 Reflexiones de un profesor de bachirerato. 
 Cuando mis alumnos me preguntan sobre la libertad...     
 
 Ya.    30/03/1978.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Reflexiones de un profesor de bachillerato

«CUANDO MIS ALUMNOS ME PREGUNTAN SOBRE LA LIBERTAD...»

Los chicos son especialmente sensibles a su tema a ser libre?

Pero ¿cómo se enseña

Cuando uno se encuentra a gusto en su profesión, ésta termina por llenarle completamente. Algo de eso

debe de pasarme a mí. Sin darme cuenta, hablo de enseñanza, comento con los compañeros anécdotas de

mis alumnos, observo cambios que se dan en los chicos, pienso en sus cosas, me pongo en su lugar, etc.

Ahora pienso en un tema en el que los chicos son especialmente sensibles: en la libertad. ¡Cómo

protestan cuando haces algo «arbitrariamente»! «¡No hay derecho!», dicen; exigen todo tipo de

explicaciones. No les falta razón algunas veces; «pierden los papeles», otras.

La solución a este problema no es nada fácil. Es posible que la justa, aplicación de la libertad sea de lo

más difícil de conseguir, de vivir y, mucho más, de enseñar. La culpa la tenemos los padres y

profesores—no digamos nada de los políticos—, que somos responsables directos de su educación, pues

nos empeñamos en actuar porque si y en confundir el significado de la palabra libertad. (Recuérdese, por

ejemplo, expresiones que aparecen en eslóganes politicos o publicitarios: el partido del «menda» es

libertad; menda-cola, la bebida que nos hace libres...) La palabra libertad es traída y llevada por unos y

otros; pregonada y defendida. Degradada, manipulada y utilizada para defen sa de intereses personales.

(Quizá, sin darme cuenta, lo hago yo ahora; lo siento, y no es mi intención.)

Para muchos, el paraíso está ahí, en la libertad. Jóvenes y menps jóvenes luchan—y a veces mueren—por

conseguirla; y es que, el hombre ha nacido para ser libre, y en la libertad está gran parte de su felicidad.

Nadie es el depositario de la verdad libertaria, y nadie puede arrogarse el monopolio de su defensa.

Todos, por tanto, somos los responsables de proclamarla y enseñarla.

¿COMO SE ENSEÑA LA LIBERTAD?

Pero ¿cómo se enseña y qué es la libertad? Alguna vez .he preguntado eso a mis alumnos. Las respuestas

han sido varias. Absurdas, unas; divertidas, otras; sensatas, las más, Unos dicen que «se es libre cuando

hacemos lo que nos da la gana». Otros contradicen esa respuesta..Al final—menudo aprieto—, me

preguntaban a mi... Decir lo que es la libertad es tan difícil como jugar a las siete y media, pues, o te pasas

o no llegas, ¿Y si te plantas? Si te plantas, puedes perder por la mano.

De momento, no me arriesgo a definir lo que es la libertad (pues acaso no lo sepa). Sí me atrevo a apuntar

algunas cosas sobre la libertad y sobre cómo enseñarla.

Para ensenar la libertad hay que aprender a liberarse uno de sí mismo, de su egoísmo, de su comodidad y

del tirano que lleva dentro. Hay que quitarle todo tinte partidista viejo o nuevo. Hay que querer de verdad

la libertad de los demás. Y hay que querer lo que )a libertad lleva consigo.

La libertad lleva consigo una gran carga de responsabilidad. No somos libres si no sabemos que lo somos

o por qué lo somos. Ser libre supone decir que no a cosas que nos apetecen; ser libre supone pensar por

qué hacemos las cosas, Ser libre supone hacer lo que tenemos que hacer.

LIBERTAD-RESPONSABILIDAD

No basta :con enseñar derechos de la persona para que ésta sea libre.; Hay que enseñar las obligaciones

que la libertad lleva consigo; es frecuente confundir la libertad con hacer mi voluntad. El binomio

libertad-resppnsabilidad debe llevarnos a la relación derechos-obligaciones; si enseñamos esto, hemos

dado un primer paso importante. No menos importante es hacer ver lo positivo de la unión mandar-

obedecer. Enseñar la libertad, sí; pero enseñar, también, las exigencias sociales de ella.

PRINCIPIO

La libertad debe tener un asiento en unos principios, pues no podemos hacer de nuestra gente hombres sin

ideas, hombres a los que dé igual un ocho que un ochenta. Querer la libertad no nos puede llevar a ceder

en todo. Uno es libre de decir que hace un sol espléndido, aunque esté nublado; pero yo tengo

obligación—si no quiero tomarle el pelo—de decirle que no, que la verdad es otra, y que vaya buscándose

un paraguas porque se puede mojar.

Todos debemos comprender que la Túnica manera de luchar contra el totalitarismo es enseñar la libertad.

Y no basta con querer nuestra libertad; a la par hay que querer la de los demás. Querer y defender la

libertad de los que no piensan como yo y de los que tienen un concepto de libertad distinto al mío.

Hay que decirle a la. gente—jóvenes y. viejos—que no quiere la libertad el que, en nombre de ella,

impone sus ideas a otros, o el que la utiliza para conseguir fines partidistas, o el que se apoya en ella para

destruir y esclavizar a los demás.

Hay qué enseñar la libertad procurando no enseñar «nuestra» libertad; huyendo de adoctrinar. Los padres;

y profesores debemos saber correr el riesgo de la libertad, que consiste en hacer hombres libres a

sabiendas de que muchos no pensarán como nosotros. El que pretenda hacer creer que una determinada

opción ideológica, política, artística... es la única alternativa válida, está manipulando la libertad. Aquel

que no aguanté porque sus hijos o alumnos les han salido «rana», que se retire; la enseñanza no es lo

suyo.

Estas y otras cosas enseño yo a mis alumnos cuando me preguntan sobre la libertad. No sé si lo hago bien,

pero en nombre de eirá pido que a todos se nos permita enseñarla como mejor sepamos.

José María MARTÍNEZ MEDIANO

(Profesor de BUP. Agregado de INB)

 

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