Autor: Aguilar Navarro, Mariano. 
   ¿Un pacto de no agresión?     
 
 Ya.     Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 5. 

Pag. 5-ya

EN una última colaboración de este periódico " (día 2 de febrero) me planteaba como problema la urgente

tarea de reflexionar sobre la inexcusabilidad de un previo compromiso preconstitucional Hoy, siguiendo

el hilo de aquella argumentación, procedo a valorar el sentido y justificación que pueden tener una serie

de pactos y de compromisos de los que en estos últimos meses se ha hablado ampliamente y las

personalidades políticas de sectoresbien diferenciables,´

NO hace mucho tiempo se nos propuso como cauce, o procedimiento idóneo para lograr una

transformación política auténtica y sin traumas, el proceder a una especie de pacto nacional. La idea

partió, en buena parte, del señor Areilza, y en ella se reflejaba toda una filosofía política, ai igual que un

pasado diplomático y una gran habilidad para adornar con las adecuadas palabras y gestos una

reactuaüzación del protagonismo de las fuerzas conservadoras españolas (aquellas que pretendieron

lucidamente proceder a los exigibles cambios fara lograr la permanencia de lo valioso y esen.oial, o de

esa continuidad de la vida de la que recientemente ha escrito Marías). El pacto nacional surgió con un

cierto talante elitista (política en parte de notables) que después ha dado paso a la formación de un grupo

político con pretensiones de partido de masas.

SE ha hablado también con insistencia, pero en fecha más tardía, de la exigencia de un pacto social. En un

primer momento las motivaciones y planteamientos son distintos. Se quiere responder a las consecuencias

de lo que se pensó pudiera ser un "otoño caliente"; efectos que tendrían que producir una mayor erosión

en el sistema económico español. Huelgas salvajes o no salvajes, reivindicaciones salariales, etc.,se

diagnosticaban como causas fundamentales de una posible y no lejana bancarrota económica. El pacto

social se situaba en un terreno fundamentalmente económico y sindical. No fue necesario que

transcurriese mucho tiempo para percibir la imposibilidad de aislar esos dos tipos de pactos. Entre ellos

existía una Implicación dada por la misma naturaleza de los problemas, por la inevitable correlación entre

lo político y lo económico, lo social y lo sindical! Hoy, de no equivocarme yo, estamos en un momento

en. el que la mayoría de las fuerzas políticas y sindicales comprenden perfectamente la interdependencia

de los pactos y la necesidad de apoyarlos en un único proceso político: el del rápido cambio de las formas

y estructuras sociopoliticas del país.

LOS términos de conipromiso constitucional, e incluso "preconstituclonal", como yo sugería en la

colaboración periodística antes aludida, tienen cierta semejanza con los hasta ahora descritos. Ofrecen, al

mismo tiempo, sus correspondientes matices. La distinciónse centra, ante todo, en la finalidad concreta a

conseguir. En los pactos se acusa más la nota del procedimiento, del mecanismo. En estos compromisos

se mira a la obra a realizar. El compromiso constitucional (a escala de las Instancias unitarias de la

Constitución del Estado) o de las nacionalidades, regiones y países (a escala de autonomía de las

comunidades particulares), esta pensado en términos constituyentes, es decir, como compromiso en apoyo

de un proyecto de Constitución. Lo que aporta el compromiso preconstituclonal es una especial atención a

los supuestos previos, de los que depende el mismo hecho concreto del proceso constituyente.

Se trata de ase, gurar su viabilidad, y también de garantizar su autenticidad, es decir, su aptitud para

cumplir el fin que le caracteriza como fenómeno constituyente.

II

EL pacto´ de no agresión ha sido propuesto por Ruiz-Giménez. Lo ha hecho al menos en dos ocasiones.

Las dos Importantes y significativas en virtud de factores de naturaleza muy diversa. Ese.compromiso de

no agresión puede,, minusvalorarse, reducirle de estatura y de función. En algunos puede interpretarse

como una simple, cuestión de estilo, de temperamento, de mero lenguaje. En suma, sería algo así como un

"acuerdo entre caballeros" para realizar una campaña electoral cortés, civilizada. No agresión vendría a

significar educación, civilización y buenas maneras, amén del obliga

M. AGUILAR NAVAKEO

(Continúa en pá.g. sigte.)

¿UN PACTO DE NO AGRESIÓN?

(Viene deja p&g. anterior)

do y reoíproco respeto que debe rendirse en un tiempo histórico en el que tanta Importancia y

significación se concede a la dignidad de la persona humana como basamento de toda la teoría de los

derechos humanos fundamentales. Recordaré lo que supuso en el orden Internacional el derecho

fundamental de los estados al honor como supuesto de una seudoconstitución internacional fundada en los

derechos de los estados. Yo contemplo ese pacto de no agresión desde una perspectiva diferente y más

exigente de la que he presentado hasta este momento. Tengo el convencimiento de que Ruiz-Giménez

participa, en buena parte, de mi concepción, que paso a esquematizar, esperando poder analizarla. mas

profundamente en un trabajo posterior. En primer lugar, estimo que este pacto de no agresión tiene que

ser entendido Intimamente vinculado a los pactos y compromisos . de que ya he hablado. La "no

agresión" está llamada precisamente a crear el clima, las condiciones que permitan esos pactos y

compromisos, no sólo vistos en su momento de géneais, sino, y esto es más importante, en su despliegue

y cumplimiento. La "no agresión" es entendida como cuestión previa a pactar, y todo ello para hacer

realidad esos otros pactos y compromisos. Hay otro plano Importante en la "no agresión", que es

perfectamente percibído por los internacionalistas. La condena de la agresión se hace no mirando

exclusivamente al acto de la agresión, sino teniendo como centro de gravedad aquello que no quiere que

sea violentado por medio de la agresión. Se condena la agresión como trámite necesario para defender un

modo de entender la ordenación internacional, como un instrumento con el que repudiar y tipificar como

ilícito todo procedimiento de cambio. Institucional y normativo que no responda a lo que los hombres del

sistema ginebrino llamaron "cambio pacífico". Todo esto me conduce a plantearme como cuestión ésta:

¿hasta qué grado la condena de la agresión debe entenderse como presupuesto de una acción bien

planeada de defensa de la democratización de la vida española?

 

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