Autor: Javierre, José María. 
 La entrevista del sábado. Hermano Basterrechea. 
 El educador ha de ser hoy experto en juventud     
 
 Ya.    01/04/1978.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 49. 

NACIONAL

I-IV-1978

LA ENTREVISTA DEL SÁBADO

EL EDUCADOR HA DE SER HOY EXPERTO EN JUVENTUD

Hermano Basterrechea

Quizás entre unos y otros estamos a punto de conseguir que "la querella nacional" de la enseñanza se

convierta dichosamente en "el debate nacinal". La querella significa una guerra en la cual se utilizan las

armas disponibles que golpean al adversario, dejando la solución de los problemas para cuando ya el

campo esté dividido en vencedo y vencidos. En cambio, el debate significa poner a la vista de todos el

planteamiento escolar de cada cual con objeto de hallar juntos el camino que nos lleve a metas eficaces

para educar correctamente de una maldita vez a todos los hijos, presentes y futuros, de España. A los

curas y frailes de este país nuestro nos ha sonado siempre en las capas profundas de la corteza cerebral la

amenaza del célebre estribillo: "Si los curas y frailes supieran la paliza que van a, llevar..." Muchos no

teníamos conciencia de merecer tan descomunal paliza, y desde luego nos apetecía "su bir al coro

cantando / libertad, libertad, libertad". Pero la España trádicionalmente partida en dos mitades decidió

que cada ciudadano debía elegir su trinchera y disparar con escopeta de cañones recortados. En el tema

de la enseñanza queda una fuerte dosis residual del viejo estilo. Mucha gente de derechas considera

peligroso enviar sus hijos a una escuela nacional o a un instituto "porque los maestros son ateos y

revolucionarios". En contrapartida, ningún escritor o politico de izquierdas se atreve a confesar que lo

pasó muy bien en un colegio de frailes y que aprendió gratuitamente a leer y a escribir. Yo que conozca la

biografía infantil de algunos diputados jóvenes me quedo con la boca abierta oyéndoles lo que a veces les

oigo. Y pienso que equivocan el camino, porque cabalmente en el asunto de la enseñanza debemos poner

unos y otros con honestidad y limpieza las cartas sobre la mesa. Ninguna persona sensata pretende Hoy

tener en su mano, el programa exclusivo que dará prosperidad a España sin la colaboración de los demás.

Hemos aprendido todos lecciones de humildad. Chesterton exigía como regla de oro de la educación que

estuviéramos muy seguros de una cosa antes de atrevernos a decírsela a un niño. De los planes de

enseñanza que nuestros políticos elaboren de aquí a la primavera del año que viene tenemos colgado el

futuro de España. Urge que abandonemos recelos y rencores, que olvidemos historias oscuras.

—Hermano Basterrechea, ¿a que atribuye usted la odiosidad de la izquierda española frente a los colegios

religiosos?

Se llama José Pablo Basterrechea. Nació en Santander, pero con sólo verlo no hay que preguntarle si es

vasco. En plena y recia madurez, gobierna desde Roma ,los doce mil hermanos del Instituto La Salle, que

por casi ochenta países del mundo han montado escuelas. Viene para presidir mañana domingo los actos

iniciales del centenario de la llegada de los hermanos a España. En el barrio Montemolín de mi infancia

zaragozana les decíamos cariñosamente "hermanos del babero", por ese amplio cuello francés almidonado

que traían abierto sobre el pecho. A mí, que estoy apuntado en la listo, sospechosa de "curas

izquierdosos", no me avergüenza reconocer que los veneré. Y los quise. Los quiero. Nunca se me ha

borrado la estampa de aquel mediodía en que mi pobre madre viuda decidió cogernos a los hijos de la

mano par ir a visitar al hermano Adolfo y explicarle que no podríamos acudir al colegio si habíamos de

comprar el "Cálculo comercial", que valia trece pesetas con cincuenta céntimos. La escasa paga de

viudedad no daba para libros. El hermano Adolfo acogió a la pobre viuda, le regaló para los niños el

"Cálculo comercial" y le dijo que no se preocupara, todo iría bien, los cuatro saldrían adelante.

—Pero hay aún gente que odia sus colegios, hermanó general. ¿Por qué?

—Pienso que la. raíz profunda de algunos rencores contra los colegios religiosos está en el rechazo que

hoy produce todo lo "sacro" en la vida social.

—Sin duda. Vea, por ejemplo,

—La famosa secularización. el caso de la sotana y de otros símbolos religiosos, que entran en desuso

inevitable por una especie de consentimiento tácito.

—Ocurre igual en otros ámbitos sociales.

—La familia ha cambiado el sistema de relaciones internas con otro enfoque de la autoridad y del respeto.

Por eso no ha de extrañarnos que "´moleste" una etiqueta "religiosa" en los centros de enseñanza, Al

margen de los errores y de las equivocaciones que los responsables de la enseñanza cristiana pudimos

además cometer.

—¿Y cuál seria la solución para acercarnos a una concordia?

—Queda un modo claro: que recuperemos a pulso la confianza que hemos perdido. —Sin embargo duele

contemplar que hombres educados en sus colegios hablen mal de sus maestros.

—A mí me gusta reconocer con lealtad que nuestros colegios atrepellaron un poco la. libertad de los

jóvenes sometiéndolos a un marco estrecho que sujetaba excesivamente sus impulsos.

—Lo cual dejó en ellos una huella de disgusto.

—Y produjo la reacción amarga que ahora manifiestan. Sin embargo, algunos antiguos atomnos nuestros

atacan los colegios por motivaciones más hondas: perdieron la fe religiosa y esa sensación de vacío la

vue1ven contra nosotros. Queda todavía un margen para la moda de los tiempos presentes, que exige

tomar posturas de rechazo contra los valores religiosos tradicionales.

—Los Hermanos de La Salle fueron reconocidos en Europa como amigos de la gente trabajadora,. ¿Por

qué en España se les considera titulares de colegios esplendorosos?

Juan Bautista de la Salle perteneció a una familia noble del siglo XVII francés. Por el invierno de 1693 el

hambre acosó a París y se hizo famosa la queja de Fenelón a Luis XIV:

—Estos pueblos, señor, que debierais amar, se retuercen en la miseria. Francia es un inmenso hospital.

Juan Bautista de la Salle vio claro este postulado:

—Hay una miseria mucho más triste que la que mendiga en las puertas de los templos: la ignorancia.

Decidió sacrificar su vida para cumplir esta obra de misericordia: enseñar al que no sabe. Enseñar, sobre

todo, a los pobres, a los desarrapados, a los niños de familias humildes. Andaban tirados por la calle, sin

que nadie se ocupara de ellos a no ser para meterlos en la cárcel despues de una barrabasada. Los

colaboradores de La Salle, hijos de gente distinguida, renunciaron a un porvenir brillante, abandonaron

sus familias, sus fincas, la vida social perfumada y divertida. Ni siquiera se hicieron sacerdotes para evitar

que luego les empujaran a ocupar sitiales de relieve en el coro de la catedral o en el trono del obispo.

Fueron sencillamente hermanos, amigos, maestros buenos y eficaces^ inclinados hacia los niños para

entenderles, para escucharles; les hablaron en su lenguaje, infantil, y a fuerza de cariño vencían todos los

recelos. La Salle quiso que sus hermanos cumplieran este oficio de enseñar a los pobres con la misma

ilusión y con el mismo cuidado que pondrían si tuvieran la escuela llena de los chicos más distinguidos de

Francia: que los hermanos eduquen a cada rapaz... como si fuera el delfín de Francia, el hijo mayor del

rey. Redactó cuidadosamente las reglas a, que se ajustaría el desarrollo del Instituto. Escribió una "Guía"

pedagógica, en la cual resume sus estudios y su experiencia para qué los hermanos sepan dar clase no sólo

con amor, sino también con fruto. A los novicios les enseñó métodos de oración y les descubrió amplios

horizontes en el ejercicio de las virtudes. Para los chicos de las escuelas compuso libritos de texto y un

precioso "Tratado de urbanidad cristiana". Quiere el señor de La Salle que sus estudiantes sean finos y

educados, tanto o más qué los niños de familia rica. Ocurrió todo esto a finales del siglo XVII. Me tomo

en serio las acusaciones feroces de Iván Illich contra la escuela, pero pienso que para intentar des-

montarla hay que mojarse primero las dos manos en una fuente de respeto

—¿Por qué a los Hermanos de La Salle, amigos de la gente trabajadora, se les considera en España

titulares de grandes colegios ?

—No lo fuimos. Hasta la República de 1931 nuestro instituto constituyó en España un conjunto de

escuelas gratuitas y algún colegio de pago, muy pocos. Las escuelas gratuitas las sosteníannos con

diversas fórmulas de asistencia. Pero los colegios eran muy pocos.

—¿Y durante la República? .

—Estuvimos dedicados a defender nuestras escuelas, puestas en peligro por la razón estúpida de que

nosotros éramos religiosos. . . . .

—¿Qué ocurrió des;pués de la guerra ?

—Que según se operaba en España el aumento del nivel de vida, nos vimos acosados a peticiones para

abrir nuevos colegios, incluso por .parte de trabajadores que habían frecuentado nuestras escuelas y ahora

querían que sus hijos estudirán con los Hermanos. Nunca consentimos que el aumento de colegios dañara

el cuidado de las escuelas gratuitas, pero tuvimos que aceptar el afán de promoción social que surgía

impetuoso en los hogares de los antiguos alumnos. Esta nueva floración de colegios ´planteó problemas

económicos que tuvimos que afrontar.

—¿Qué piensan los Hermanos en el momento presente?

—Me atrevería a decirle que existe una inquietud de conciencia "revulsiva" con afán de volver a los

orígenes y dedicar a las clases humildes nuestro esfuerzo pleno. Considero insensato cerrar los colegios.

Pero en caso de duda estamos decididos a que jamás sea cerrado un colegio sencillo, de los que la gente

llama pobres. Y en cambio sí cerraremos cuando sea preciso colegios ricos.

—Colegios de pago.

—Para nosofeos el principio básico es rotando: todos los colegios del país debieran ser gratuitos, cuanto

antes. Es un prob1ema nacional que debemos afrontar entre todos para que el Estado lo consiga. Evitando

las peleas que nos llevarían a un "clasismo al revés".

—¿Cómo ve los avances hacia la socialización de la enseñanza?

—Hay que partir del hecho indiscutible: la familia, y el niño en la familia. Un tratamiento inteligente de

las realidades lleva consigo el respeto a la libertad de enseñanza y ningún Estado moderno puede atacar

impunemente ese principio. Las familias han de cuidar como suyos los colegios dónde la educación se

ajuste a un proyecto pedagógico escogido por ellas. La instrucción no puede desligarse del ambiente

ideológico que imparte una u otra visión global de la vida. Las familias que prefieran transmitir a sus

hijos un mensaje cristiano han de disponer de escuetos donde la enseñanza de las matemáticas, y de la,

geografía, y de la literatara, y de la historia no dañe, sino que estimule la interpretación religiosa de la

vida.

—¿No basta la presencia de educadores crisitianos sembrados por todas las escuelas laicas del país?

—No basta,, aunque su trabajo es importante. La escuela, cuando lo confiesa y cuando no lo confiesa,

responde a planteamientos ideológicos. Es inútil pretender disimularlo. Y la comprobación está en la

norma rotonda que aplican los países de gobierno totalitario del signo que sea, y claramente los gobiernos

marxistas: suprimen sin vacilar la libertad de enseñanza. Los Hermanos tememos experiencias del mundo

entero. En cambio, los países de vida democrática madura, respetan, estimulan y apoyan la aportación de

todas las instituciones a la enseñanza pública siempre que haya garantías de calidad controlada por el Es-

tado.

—¿Entenderemos los españoles este lenguaje?

—Hay que dar por bien empleadas las tensiones que ahora mismo se han planteado en torno a la

enseñanza si nos sirven para aclarar ideas y buscar entre todos fórmulas de convivencía. Desde el costado,

cristiano debemos ofrecer un diálogo sensato y limpio.

—¿Y por el costado socialista?

—Deben examinar nuestras posiciones con madurez democrática. Tenemos que renunciaír todos a la

prepotencia.

—¿Son más difíciles los jóvenes de hoy?

—Hay que aceptar sus puntos de vista. No me parece bueno encerrarlos en internados al sistema antiguo.

La educación ha de ser abierta y creadora. Saliendo de los centros clásicos para acercarse a los chicos en

los lugares que ellos aman. Y en la calle, su calle, que son los clubs, los centros deportivos, los cafés

juveniles. El educador ha de ser "experto en juventud". El Papa nos instó a los Hermanos para que seamos

"fieles a los jóvenes, tal como ellos son".

—Es tarea difícil.

—Y poco brillante. Pero no hemos de perder de vista que todavía la mayoría de los jóvenes pasa, la

mayoir parte de su existencia en la escuela. Por eso hemos de conseguir "la comunidad educativa" que

integre las aportaciones de todos paira lograr el resultado de una educación excelente, válida.

—¿Son jóvenes o viejos los Hermanos de La Salle?

—En Francia, más bien mayores. En España, Méjico y, sobre todo, Filipinas, bástante jóvenes. En otros

países, muy mezclados.

—Ustedes eran en mis tiempos "aparatosamente religiosos", por sus hábitos y su horario sacrificado.. Hoy

aparecen como "profesores normales". ¿Les ha costado sangre su adaptación?

—Sí; en los últimos diez o doce años perdimos hasta cinco mil hermanos. Hemos pagado el tributo a los

tiempos nuevos. Pero estamos hoy tonificados, vemos claro nuestro estilo y nos sentimos firmes en la

vocación educadora.

Cuando yo era niño me parecía mentira que estos maestros tan buenos no dijeran misa. Luego comprendí

que su vocación estaba decididamente orientada hacia la enseñanza. Y me encanta su estilo laico. Pero si

conseguimos que la Santa Sede nombre cardenales seglares y los incorpore al supremo senado de la

Iglesia católica, la primera plaza corresponde por derecho a este vasco firme, sereno y amable que

gobierna desde Roma doce mil maestros comprometidos en la más bella aventura de nuestro tiempo: la

educación de los hombres nuevos.

José María JAVIERRE

"Todos los colegios del país debieran ser gratuitos cuanto antes´´

"Hay que dar por bien empleadas las tensiones que ahora mismo se han planteado en torno a la enseñanza

si nos sirven para aclarar ideas y buscar entre todos fórmulas de convivencia"

"Un tratamiento inteligente de las realidades lleva consigo el respeto a la libertad de enseñanza, y ningún

Estado puede atacar impunemente ese principio"

 

< Volver