Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
   No se debe impedir a los ministros que se presenten a las elecciones     
 
 Ya.     Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

ESCRIBE AUGUSTO ASSIA

No se debe impedir a los ministros que se presenten a las elecciones

No puede haber una democracia para la oposición y otra para el Gobierno, si no queremos volver a las

andadas • El remedio contra el miedo a las posibles trampas es un sistema electoral controlado, en

última instancia, por los tribunales de justicia

Si el problema entre ser ministro y presentarse a las elecciones para diputado o senador, que nos atribuia

aquí ahora, donde ocurriera fuera en Inglaterra, sus términos serian los contrarios a los que le hemos dado

entre nosotros. Nadie que no tenga asiento en una de las dos Cámaras, la Alta o la Baja, puede figurar en

el Consejo de Ministros británico, y esto por la simple razón de que el Gobierno, aunque se llama de "Su

Majestad", lo que es, en Inglaterra, es el Comité Ejecutivo del Parlamento. La cuestión que aquí se

plantea sobre si Un ministro puede presentarse o no a diputado, y quien dice diputado dice senador, de

hecho no podría plantearse en Inglaterra, donde no sólo un ministro, sino un subsecretario o un director

general tiene "a la fuerza" que ser senador o diputado. O, en el caso, un primer ministro, nombrado

durante una legislatura, cuando la legislatura es disuelta y se convocan nuevas elecciones, no se

presentara como candidato, tendría forzosamente que dimitir, ya antes de las elecciones, lo cual es lo

opuesto a lo que la oposición pretende aquí con don Adolfo Suárez o con cualquiera de los ministros.

Yo, la verdad, no sé si don Adolfo Suárez, asi como sus ministros, quieren o no presentarse a senadores o

diputados en las próximas elecciones, ni me importa mucho. Allá ellos.

Lo que a mí, desde mi punto de vista europeo, no me es fácil comprender es que la oposición de

Izquierdas, especialmente la socialdemócrata y, en cierto modo, quizá también la cristiano demócrata y la

popular, pretenda impedirle a los miembros del Gobierno q u e ejerzan el mismo derecho que . ejercen

todosa los demás españoles y se presenten ante los electores para ver si los electores les aprueban o les

suspenden. Como la oposición, que se considera a sí misma tan identificada con la democracia, no se da

cuenta de la contradicción en que incurre queriendo impedirle a los ministros, a los subsecretarios, a los

directores generales y a todos los más o menos ilustres prohombres que nos gobiernan, que pasen por las

horcas caudinas de la elección, yo, la verdad, no lo comprendo.

Para mi lo verdaderamente demócrata es lo contrario.

No se me oculta que la oposición esgrime sus razones, en(tre las que quizá la de más peso es la que se

basa en la sospecha y el temor de que, si es parte en las elecciones, el Gobierno caiga en la tentación de

falsificarlas a su favor y de hecho un ciudadano corriente y moliente tenga pocas probabilidades de

ganarle a un ministro.

¿Puede construirse una democracia sobre sospechas y temores en vez de sobre la supresión de las causas

de las sospechas y los temores ?

Claro que un ministro puede hacer trampas en la democracia, pero como no es el remedio contra la rabia

matar al perro, el remedio contra las trampas, posibles en la democracia, no es matar la democracia, a

menos que la oposición quiera, Irónicamente, imitar a Franco y a todos los dictadores.

El remedio es hacer imposibles las trampas exigiendo ya desde ahora mismo un sistema electoral

controlado en última instancia por los tribunales de justicia, los cuales traten "lo mismo a un ministro que

a un quídam,

El problema de las " garantías electorales

Si este Gobierno que hay ahora y que ha mostrado más ecuanimidad y más objetividad que todos los que

ha tenido España, por lo menos desde 1923, no le inspira a la oposición bastante confianza para que le

sean confiadas unas elecciones decentes, ¿qué garantía hay de que el Gobierno que salga de las próximas

elecciones va a inspirarle a los que las hayan perdido mas confianza que a los que están ahora en la

oposición le inspira éste?

¿Vamos a tener que cambiar de Gobierno cada vez que vayamos a hacer unas elecciones, al revés de lo

que pasa en las otras siete monarquías constitucionales, donde automáticamente le son encomendadas al

que está en el poder?

¿Cómo puede ser establecido el sistema de turno si el "Gobierno en la sombra" no acepta que haga las

elecciones el Gobierno en el poder?

Aun aceptando´que prescindiéramos aquí de la práctica y la experiencia en las otros siete monarquías, que

al queremos hacer aquí una. Monarquía sólida no debemos perder un solo momento de vista, aun

aceptando que prescindiéramos del ejemplo europeo, si la actual Administración y los hombres que la

componen fueran excluidos de 1as elecciones, ¿ podrían seguir f orinando parte de la futura

Administración, aunque no fueran diputados ni senadores? Si gentes que no son diputados ni senadores

son ministros, ¿pueden responder ante el Senado o la Cámara T Si pueden, ¿que" Parlamento seria aquel

en el que comparecieran gentes ajenas? Sí no pueden, ¿puede España en su actual momento político

permitirse el lujo de prescindir de un grupo de hombres como el que ha sido revelado alrededor del

presente Gobierno monárquico? He aquí algunas de las muchas cuestiones y problemas que pondrían en

circulación una disposición tan singular entre las monarquías como la de impedirle a los ministros.a los

subsecretarios o a los directores generales que se presenten para que sus conciudadanos les enjuicien

politicamente.

Las incompatibilidades

Otra cuestión muy distinta es la de las Incompatibilidades en general.

Aunque en otras monarquías no es así, en la Inglesa un funcionario publico no puede ser diputado y, sin

embargo, puede ser par del Reino, Desde que en 1903 dimitió el marques de Salisbury no ha vuelto a ser

primer ministro ningún par del Reino.

Un par del Reino, canciller de la Tesorería, es poco menos que Inconcebible. Para ser no sólo primer

ministro, sino canciller de la Tesorería, ministro del Interior o secretario de Asuntos Exteriores (aunque

en esto ultimo ha habido excepciones) es poco menos que indispensable tener asiento en la Cámara de los

Comunes. Nadie que cobre de la Corona puede ser diputado, de tal modo que para dimitir el cargo de

Diputado el recurso histórico es recabar de la Corona e1 nombramiento para el antiguo cargo de custodio

de los Chiltern Hundreds, que lleva consigo el salarlo también histórico de dos peniques al año. Para ser

diputado un catedrático de Universidad, aunque las universidades nodependen del Gobierno, pierde su

cátedra pues en Inglaterra lo de la "excedencia" no existe, como perdió,.la de Oxford don

Salvador de Madariaga cuando la República le hizo embajador.

Lo de las Incompatibilidades es ya otra cuestión, en fin, en la que la Monarquía haría muy bien en hilar

delgado para suprimir la diabólica confusión creada por la practica franquista, pero si, como curiosamente

pretenda la oposición, lo que vamos a hacer es proceder en cuanto a loa derechos, y las obligaciones, del

Gobierno al revés que las otras monarquías, no sólo en esto mant e n d r iamoa la arbitrariedad franquista,

sino que la acrecentaríamos.

Si aquí vamos a intentar algo verdaderamente democrático, no debemos impedirle a un ministro que se

presente a la prueba de fuego de las elecciones. Debemos exigirle que se presente para que pueda seguir

siendo ministro. La democracia no es mecánica, pero es indivisible y no puede haber una democracia para

la oposición y otra para el Gobierno, si no queremos volver otra vez a las andadas.

Augusto ASSIA

 

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