Autonomía universitaria     
 
 ABC.    02/11/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. JUEVES, 2 DE NOVIEMBRE DE 1978. PAG. 2.

AUTONOMÍA UNIVERSITARIA

La crisis de transformación que está experimentando la sociedad española no podría, en ningún caso,

excluir a la Universidad. Y no podría hacerlo, tanto en lo que respecta a su imagen formal, como en

cuanto se refiere al fondo de su justificación ética, cultural y social. Durante muchos años la Universidad

ha sido, simplemente, una fábrica o expendeduría de títulos profesionales, que ha ido rebajando, de forma

paulatina, las exigencias y los requisitos recabados para la obtención de los mismos. En estos momentos,

la Universidad es un ente magmático, sin unas características suficientemente acusadas de personalidad.

Que sirve de aglutinante masificador para una enorme cantidad de estudiantes, que los amontona, sin

demasiado provecho las más de las veces, en unas aulas insuficientes y con unas instalaciones

habitualmente infradotadas.

La Universidad española tampoco puede continuar con la vieja idea elitista que condicionó su

funcionamiento en el pasado, como instrumento de transmisión de cultura al servicio solamente de las

clases sociales más poderosas en razón de su economía. Anquilosada, convertida por su falta de

esqueleto, por su ausencia de motivaciones profundas, en caldo de cultivo favorable para cualquier tipo de

formulación política de matiz totalitario, la Universidad ha mantenido, además, una sistemática postura de

irrealidad, dando la espalda a la sociedad como si se tratase de un organismo aparte, orgullosamente

insolidario.

A remediar en lo posible todas estas deficiencias estructurales, funcionales y de identidad, viene en

principio la ley de Autonomía Universitaria, que acaba de pasar, todavía proyecto de ley, el trámite

sustancial del Consejo de Ministros. No es momento para recordar los avalares por los que ha pasado la

elaboración de los borradores que, primero desde el Ministerio de Educación y Ciencia y luego desde éste

también, pero con el acompañamiento de las opiniones de los distintos claustros, se han sucedido hasta

llegar al proyecto presentado al Consejo.

Pero sí parece llegada la ocasión de comentar cuanto de esta ley cabe aguardar, si se cumplen sus

postulados fundamentales y no sufre sino enriquecimiento a su paso por el Parlamento.

Así, en esta nueva ley se contempla la necesidad de adecuar a la Universidad a las exigencias científicas y

tecnológicas de una sociedad moderna como, pese a todo, es la nuestra. Se pretende conseguir

profesionales que sean útiles socialmente, y se señala que, dentro de los limites del propio texto leqal, !a

autonomía será una forma de autogobierno de la Universidad, opuesta a las injerencias e

intervencionismos partidistas, no sólo por parte de la Administración del Estado, sino también de

cualesquiera otros poderes públicos o instituciones. Hasta el momento, todas esas injerencias se han

revelado como altamente esterilizantes irresponsables en buena parte del crítico proceso por el que

atraviesa la Universidad en su conjunto.

Cada Universidad tendrá sus estatutos que, por supuesto, habrán de ser aprobados por su claustro y

remitidos al Ministerio de Educación y Ciencia, antes de darles carácter oficial con su publicación en el

«Boletín Oficial del Estado». En cada Universidad habrá, con el citado claustro profesoral, un Consejo

académico, que tendrá encomendada la gestión de todas las cuestiones de índole docente e investigadora,

y un Consejo económico que servirá como órgano de relación y colaboración entre la Universidad y su

entorno, además de ser responsable del funcionamiento económico y financiero del centro.

Con ambos Consejos se pretende esa obligada adecuación de la Universidad a la sociedad, en cuyo seno

se integra como instrumento de cultura, comunicación y conocimiento. Y a esta misma función de

restitución a la Universidad de su auténtico rostro social deben contribuir eficazmente tanto los

procedimientos selectivos para el acceso a ellos del alumnado —cada Universidad establecerá dos tipos

de pruebas para el ingreso en la misma, una de carácter general y otra a la que podrían concurrir quienes

hayan superado ta anterior y cuyo objetivo será calibrar, por cada Facultad o Escuela Superior, la aptitud

de estos aspirantes para cursar allí sus estudios— como por parte de la selección de su profesorado.

Porque cada Universidad, además de contar con los cuerpos docentes del Estado, podrá disponer de un

cuadro de profesores propios. Todo esto, unido a un cambio en el sistema de acceso a las cátedras, con la

sustitución del sistema de oposiciones por el de unos concursos públicos de habilitación, encaminados a

la comprobación de las aptitudes docentes e investigadoras de los aspirantes, deben colaborar

decísívamente para que la Universidad española abandone sus viejas y tradicionales bases y se transforme

en una institución útil a todos los efectos, y responsable ante la sociedad que la alberga y la alimenta. Sin

los peligros de un centralismo exagerado, sin las angustias de una masificación que a todos hace sentirse

culpables y sin los peligros de una ausencia de formación entre los que de ella salen, con su

correspondiente título o diploma bajo el brazo.

No será fácil, en absoluto, el camino a recorrer por esta Universidad autónoma en su doble versión

académica y económica, ni lo será tampoco el qua la Universidad toda se manifieste como una

institución social al servicio de la comunidad. Pero el naufragio que la actual institución estaba

padeciendo requería medidas distintas y una visión generosa de futuro que la vitalizase, sanase sus viejas

heridas y la situase nuevamente a flote. Cuestiones interesantes, pero no tan urgentes, serán las de

discutir, en el Parlamento, si es adecuada la idea de resucitar a los profesores adjuntos en las cátedras, o

si no lo es la de eliminar la figura del profesor agregado Queremos entender que la nueva ley viene a

contemplar una Universidad distinta, más flexible, más auténtica, más útil y con la mirada puesta en la

sociedad.

 

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