Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
   Ganar o perder las elecciones, esencia de la democracia     
 
 Ya.    23/03/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 19. 

AUGUSTO ASSIA

GANAR O PERDER LAS ELECCIONES ESENCIA DE LA DEMOCRACIA

España va a intentar la adopción de una fórmula europea • Pero hace falta un elemento indispensable a la

democracia, que son los partidos políticos • Todo indica que vamos a ponernos en marcha hacia unas

elecciones sobre el caos • Las enigmáticas intenciones del presidente del Gobierno, una situación

totalmente antidemocrática

QUERIDO director;

De que aquí vamos a hacer elecciones, de que vamos a ensayar una democracia, de que nos proponemos

constituir un Congreso COD dos Cámaras, no puede quedar duda legítima. No puede quedar duda

legítima de que, por primera vez desde Cánovas y Sagasta, España va a intentar la adopción de una

fórmula europea.

Basta con poner en contraste lo que está ocurriendo ahora mismo en la República Federal de Alemania y

en Inglaterra para darse cuenta de la distancia que, entre .nuestros propósitos y nuestros medios, nos

queda por salvar todavía. Queremos hacer lo mismo que los europeos, pero sin el instrumento con el que

loa europeos lo hacen, querido director.,

INSTRUMENTO POLÍTICO

El instrumento político elemental y básico de los europeos es, y ha sido desde hace por

lo menos cien años en todos los países democráticos, el representado por los partidos políticos. Si hay un

elemento indispensable a la democracia son loa partidos. Pero aquí, por lo que uno ve, al Gobierno que

nos dirige loa partidos le parecen algo tan deleznable que lo que cree es que nadie puede mezclarse con

ellos sin mancharse,

ESO por lo que se refiere al Gobierno de Su Majestad. Por lo que ae refiere a loa españoles de la calle, loa

partidos son algo tan apetecible, y al mismo tiempo tan asequible, que lo más apropiado es que cada

español ae constituya el suyo personal y a medida.

¿Qué democracia es la que puede salir de la conjunción de un Gobierno que considera todos los partidos,

cualquier partido, nefandos y un pueblo que asume que cuantos más partidos—más absurdos—m e J o r ?

¿Qué pasarla ahora mismo, ante la situación política que en ambos países ha surgido, si Inglaterra y

Alemania se vieran obligados a convocar elecciones sobre cien o doscientos partidos acaudillados por

otros tantos jefes o jefecillos, sin que, a su vez, los respectivos Gobiernos se apoyaran en partido alguno y

prescindieran de ellos con el argumento peregrino de que todos son Igualmente indignos o igualmente

dignos?

Si Mr. Callaghan pierde mañana el voto de desconfianza a que le someten los conservadores o herr

Schmidt pierde el que pueden presentarle los cristiano-demócratas y convocaran a nuevos comicios sin

contar con partido alguno, ¿cómo podrían ganar o perder las .elecciones ?

GANAR o perder elecciones es la esencia de la democracia, señor director. Y un Gobierno

democrático que cree que puede, y debe, colocarse sobre las elecciones es una increíble contradicción en

sí misma, que prueba la subconsciente influencia dejada por cuarenta años de campaña contra tos

partidos y lo difícil que va a ser construir aquí una democracia por más elecciones que hagamos, por muy

buenos propósitos que abriguemos y por muy europeos que nos declaremos. El contraste es clarísimo.

Aquí todo indica que vamos a ponernos en marcha hacia unas elecciones sobre el caos y sin opción clara

alguna entre la política del Gobierno y la de la oposición, puesto que el Gobierno ni siquiera quiere

ofrecernos ocasión de que le mostremos nuestro acuerdo o nuestro desacuerdo. Todo indica que en

Inglaterra y Alemania, si hay elecciones, la cuestión que va a presentársele a los electores es la de si

aprueban o desaprueban la política del Gobierno. Si la aprueban, el Gobierno, lo mismo en Inglaterra

que en Alemania, no cambiará. Si la desaprueban, e1 Gobierno será sustituido en Inglaterra por un

conservador y en Alemania por uno cristiano-demócrata, los cuales pondrán en practicó, en Alemania, el

programa d«|, Partido Cristiano-Demócrata ; y en Inglaterra, el programa del Conservador.

¿Quién va a constituir aquí el próximo Gobierno ? como va, a serle posible a los españoles sacar de la

sopera, de letras coherencia alguna al e1 Gobierno les niega no ya su consejo o su oferta, sino toda clase

de guía y de luz, y tras dirigirles durante un año por el camino de la europeización , ahora les deja en la

encrucijada a su libre albedrío entre un caos de siglas ?

UNA SITUACIÓN ANTIDEMOCRÁTICA

EL solo hecho de que el presidente del Gobierno tenga al país entero haciendo cábalas sobre sus

enigmáticas Intenciones es, querido director, una situación totalmente antidemocrática y absurda, que

podría casar perfectamente con cualquier clase de milagrerismo autoritario, pero que ¿cómo puede ser

relacionado con la esclarecida táctica y loa principios democráticos de que don Adolfo Suárez se nos ha

estado mostrando tan consumado y, a lo que parecía, tan Bólido maestro?

Cuanto más avanza e1 país hacia las elecciones, que siempre aguardé con tanta confianza, más inquieto

me siento ahora. Para mí, habituado a la escena europea, unas elecciones, a fin de que sean parte

Integrante de un proceso democrático, lo primero que tienen que ofrecer es una opción entre Gobierno y

oposición; lo segundo, una decisión entre un número razonable de partidas y una gama limitada y clara de

programas. Aquí no contamos; ni con programas ni con opción y, en cambio, hemos de elegir, como sólo

el otro día lo formulaba mi paisano Luis Moure Marino, entre "mil y un partidos".

Cómo, de meter en las urnas y agitarlos elementos tan antidemocrático a cual los que aguardan aquí

ahora el día de las elecciones, piensa el Gobierno que puede sacar una fórmula democrática. A mi, la

verdad, me tiene cada vez más perplejo.

En cambio, cómo ,dos situaciones tan distintas—y en su esencia tan peligrosas—cual las que han surgido

en Alemania e Inglaterra han sido sometidas en aquellos dos países al canon clásico de la democracia, de

donde no puede salir más que una claridad meridiana y una decisión que no deja lugar a dudas, a mí lo

que me hace es cimentar cada vez más mi confianza lo mismo en la vieja democracia inglesa que en la

nueva alemana.

LA Idea de que porque la española es una democracia nueva no tiene que atenerse a las reglas clásicas de

la democracia, a mí, señor director, me parece una falacia más. Me parece que, al revés, que porque es

nueva « Inexperta, nuestra democracia tiene más necesidad, y no menos, de respetar las reglas clásicas,

entre las cuales la primera es que el Gobierno aguante su vela y la oposición la suya. Sin el juego entre

oposición y Gobierno no hay democracia, ni la ha habido nunca, ni la puede haber. ¿No estaremos

pretendí e n d o otra vez, como tantas en nuestra historia, la cuadratura del circulo y no estaremos

intentando otra vez lo Imposible ?

QUIZA ya sea tarde o quizá no lo sea todavía, pero es claro que si las elecciones han de dar un resultado

europeo aquí, lo primero que hay que hacer, lo que tiene que hacer el país y lo que tiene que hacer el

Gobierno es. en vez de desmenuzarlos y atomizarlos, reagrupar y dinamizar loa partidos políticos para

que loa españoles puedan elegir entre dos o tres opciones serlas, sin la asistencia de las cuales de poco

van a valer las elecciones, ni el Parlamento, ni la Constitución que del Parlamento pueda salir. La fórmula

europea se hace, señor director, con elementos europeos y no con milagrerías o marrullerías

carpetovetónicas; y mire usted cómo de laa posibles elecciones que ahora están planteadas en Inglaterra y

Alemania nadie espera sino una solución; de las nuestras, nadie espera sino una complicación, si quiere

usted descubrir la diferencia entre la democracia de ellos y la nuestra, con lo que quedo amigo y servidor,

q. e. e. m.,

Augusto ASSIA

 

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