Autor: Garrigues Walker, Joaquín. 
   El marketing político     
 
 ABC.    07/05/1977.  Página: 03. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

EL MARKETING POLITICO

S e presume, por la inmensa mayoría de /os ciudadanos del mundo occidental, que el marketing político,

en su variada gama de aplicaciones prácticas, es un invento más del capitalismo moderno en nuestros

días. Se trata, en definitiva, de una técnica comercial la venta de productos en un mercado capitalista

aplicada al campo de la Imagen de una personalidad o de un partido político para la conquista del Poder.

Y en esto, como en tantos otros aspectos de la venta masiva en la llamada sociedad de consumo, los

norteamericanos parecen haber sido los pioneros más audaces. Desde cómo vender a un presidente a

cómo colocar un nuevo candidato en el mercado político, los norteamericanos lo han inventado casi todo,

y en todas partes sus técnicas han sido y son copiadas por las firmas especializadas en la materia.

Y siendo esto asi, como de hecho lo es. se da la circunstancia, por otra parte, de que los norteamericanos

no han sido capaces, a escala universal, ni de vender su sistema de gobierno, ni mucho menos de explicar

las ventajas del sistema de producción capitalista o de economía de libre empresa.

Y los mismos europeos inventores del sistema de gobierno que se conoce como democracia y del

sistema económico liberal tienen en sus propias fronteras grandes problemas para explicar a sus

conciudadanos las ventajas del sistema económico basado en la libre competencia.

, La paradoja es todavía más grave, porque los marxistas tienen una capacidad de penetración Ideológica

a escala mundial y en los propios países europeos más avanzados muy superior a la de quienes

defienden el principio incontestado de que las libertades públicas y las económicas son indivisibles.

De hecho, en la práctica, hemos de admitir que las técnicas de marketing de la ideología marxista son

imbatibles y mucho más sofisticadas que las que se practican en el Occidente del mundo. Y digo que son

imbatibles porque es difícil comprender en términos puramente objetivos cómo la ideología marxista

tanto a nivel político como económico ha penetrado y ha sido aceptada por grandes masas de la

población mundial con tanta esperanza e ilusión.

Los modelos prácticos que pueden ofrecer los marxistas a escala mundial Rusia, Europa oriental y la

China Continental resultarían invendibles para cualquier oficina de marketing politico del Occidente

del mundo. Ninguna firma especializada norteamericana o de otro país occidental habría sido capaz

de conseguir resultados similares a los que han conseguido los marxistas, habida cuenta de las muestras

que pueden ofrecer a los potenciales clientes. Y sin embargo lo han conseguido, como digo, a escala

mundial, y son muchos los hombres y mujeres del universo que sueñan con alcanzar la democracia

popular.

La técnica marxista seria paradójicamente milagrosa si no fuera porque tiene una explicación. Los

marxistas no venden resultados concretos que no pueden ciertamente enseñar, sino que venden la

Ilusión o la esperanza de un mundo mejor. Su técnica consiste en asegurar que el todopoderoso Estado

marxista y su implacable burocracia desapareceré en un futuro próximo ¡que se distancia con el

transcurso del tiempo! para dejar paso a una sociedad igualitaria donde suprimida la propiedad

individual sea posible un mundo de cooperación y asistencia colectiva e individual sin la lacra de la

competencia y el ánimo de lucro.

Esa imagen de futuro es vendible, además, por la concurrencia de otros factores que se utilizan con

habilidad y a veces con razón por los predicadores del marxismo; los excesos del mundo capitalista en

su primera época incomparablemente menos sangrientos que los que han coincidido en la implantación

del marxismo, dicho sea entre paréntesis, el apoyo cubierto o encubierto de las democracias liberales a

las dictaduras fascistas en América latina y otros países de Europa y del mundo por razones de estrategia

militar. Dictaduras que, también dicho sea de paso, han respetado los símbolos de la economía privada,

sin las libertades políticas características y consustanciales a los gobiernos democráticos.

Y, en último lugar, por algunos escándalos financieros y los excesos exhibicionistas de sectores

minoritarios de la sociedad opulenta que. han sido explotados por los medios de difusión de los países

libres. Excesos y abusos que sin duda se producen en el mundo marxista, pero que son silenciados por el

control del Estado sobre la Prensa, radio y televisión.

Sin embargo, con ser graves esos factores ninguno lo es tanto como la falta de fe y confianza que está

minando los cimientos de la sociedad democrática. Los hombres y mujeres de la sociedad occidental

aceptan, con resignación unas veces y con convencimiento otras, el creciente intervencionismo y

participación de las autoridades públicas. Los propios hombres de empresa en muchos países de Europa

piensan que la batalla por la defensa del sistema de economía privada está perdida. El creciente

intervencionismo del Estado, el poderio de los sindicatos y, sobre todo, el clima~ favorable en todos los

ámbitos de la sociedad hacia una más Intensa actividad y participación de los gobiernos en la vida política

y económica son, desde fuego, síntomas graves de esa tendencia.

Él origen de esta actitud radica en la sutil penetración de las ideas marxistas. Su marketing politico

descansa en un proceso de convencimiento, a escala universal, de que es posible el socialismo en libertad.

Y contra ese proceso no se puede luchar con el simplismo de excluirlos del juego político. Hace falta, por

el contrarío, combatir esas " ideas con aquellas que hicieron posible la construcción del Estado de

derecho. Aquellas que se apoyan en la primacía y defensa de las libertades individuales. Si esta reacción

es necesaria y urgente en los países occidentales, cuanto más lo será en nuestro propio país en vísperas de

un nuevo proyecto constitucional. Porque en el Congreso y.el Senado tendremos que defender las

libertades políticas y económicas conjunta y solidariamente contra los que quieren justificar la economía

privada sin libertades publicas y contra los que dicen que son posibles esas libertades en un régimen

socialista.

Joaquín GARRIGUES WALKER

 

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