Autor: Lezcano, Ricardo. 
   La política en verso     
 
 Informaciones.    02/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA POLÍTICA EN VERSO

Por Ricardo LEZCANO

PARECE ser que el actual proceso politico participa de algunas caracteristicas que une no sabe si reputar

de autóctonas, por aquello de que en seguida se las quiere adjetivar «a la española», con ciertos regustos

peyorativos. Una de ellas es la versificación de la invectiva política, del grito de batalla electoral o de la

propaganda partidista. Uno no sabe si el hecho de transformar los debates dialécticos en aleluyas será

bueno o no. Al menos, para la poética no parece ser de gran ayuda, ya que las breves rimas que se

conocen no recuerdan precisamente a Machado o a Aleixandre. Quizá con el tiempo y ello sería bueno

y edificante lleguen los políticos a interpelarse unos a otros en silvas o sonetos, con lo que los debates

parlamentarios adquirirían una altura inusitada. Entonces las Cortes serían como un Senado romano de

película de la Metro, con oradores tan vistosos como Marlon Brando, y se defendería la reforma agraria

en hermosos alejandrinos.

De todos modos, estas, incursiones de la oratoria por los meandros de la poética no parecen compaginar

muy bien con la austeridad expresiva del ibérico mesetario. Jamás los héroes de nuestra Historia dijeron

sus frases célebres en verso. Lo más que se permitieron como hizo Méndez Núñez con su célebre

«España quiere más honra sin barcos, etc.» fue lo que en retórica se llama retruécano. El castellano, ya

se sabe, es de «al pan, pan, y al vino, vino». Ni Guzmán el Bueno ni Agustina de Aragón usaron de tales

finezas, y eso que «puñal» y «cañón» eran voces fácilmente rimables, como demostró cumplidamente

Nicasio Gallego en su retumbante «Oda al 2 de Mayo». Es muy posible que el pareado político haya

venido de la dulce Portugal, cuya revolución fue tan poco seria que se hizo sin muertos; sólo con claveles

y ripios. Aquello de «O povo unido jamáis será vencido» ha hecho escuela en nuestro país, haciéndoles

perder a los padres de la Patria la prosopopeya y enjundia que siempre les caracterizó. Esto demuestra que

Felipe II tenía razón. De allende nuestras fronteras nunca vino cosa buena.

La historia del grito político en verso espera al esforzado antologo. El que suscribe, a fuer de periodista,

sólo puede intentar fijar lo efímero en algo tan breve y alígero como son las hojas de un periódico, con la

esperanza de que algo quede para la posteridad. Este seria el caso de una de las rimas políticas más

perfectas y contundentes que se han hecho, cuyo recuerdo no merece caer en la nada. Me refiero a aquella

de «Tarancón al paredón», en la que la extrema derecha expresaba su ardiente y original catolicismo.

Más adelante, el pareado político ha ido transcurriendo por derroteros menos trascendentales. Se puede

decir que ha sido la izquierda la que lo ha trivializado, porque ver en una especie de «happening»

ideológico celebrado en Madrid a los hasta ahora patibularios y demoníacos comunistas corear como

niños «España tiene suerte, el P. C. es el más fuerte» es algo que yo no sé si Stalin hubiera aprobado. O

bien ver a talludos abstencionistas por la Gran Via el pasado 15 de diciembre entre los cuales iba Lola

Gaos, por cierto cantando a voz en cuello «Abstención, abstención es el voto de la oposición», con

música de «El vino que tiene Asunción», no es serio, la verdad. Y lo mismo opinaron los guardias, pues

ni el hecho de tratarse de melodías norteñas y en verso, les hizo olvidar su deber de disolver a los cantores

a porrazo limpio.

La ultraderecha es la que da solemnidad al verso político, especializándose en la invectiva rimada que tan

de acuerdo está con la tradición epigramática quevediana. Lo malo es que las necesidades de la rima

hacen derivar el estro poético hacia consonancias injustas y ripiosas, pues si la palabra «paredón» rimaba

intencionalmente con «Tarancón», en otros casos se la ha emparejado con «masón», y eso sin venir a

cuento, ya que decir, como hemos oído. «Suárez al paredón, por perjuro y por masón», es conocer muy

poco a Suárez y a los masones.

También hay nombres que, a pesar de su escasa consonancia han sido víctimas preferentes de los poetas

políticos. Fraga es uno de ellos. Creo que fue el primer sujeto pasivo del pobre pareado de «dimite» y

«admite», con aquello de: «Fraga, dimite; el pueblo no te admite.» Y no hace mucho, según salió en la

Prensa, parece que un irrespetuoso espectador extremeño de uno de los «meetings» de nuestro combativo

gallego le gritó: «Fraga, el pueblo no te traga», rima, que, si bien es muy original en su concepción

poética, no parece adecuada vía hacia el pluralismo político. Y todavía fui testigo y lector de un ingenioso

«graffiti», que en chusca aleluya hacia rimar Fraga con braga, la que no me atrevo a transcribir por sus

resonancias eróticas y escatológicas. Y es que la rima, con esa tentación a la consonancia, a que aludí

antes, está empujando peligrosamente el «slogan» político hacia terrenos conflictivos. Por algo Platón

quiso expulsar de su República a los poetas Ya le decía el ama de llaves al viejo lingüista de «La

lección», de lonesco: «Profesor, la filología no conduce a nada bueno.» Quizá pase lo mismo con la

poética,

 

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