Autor: M. D. T.. 
 En un acto político multitudinario. 
 El señor Areilza presentó el libro del señor Gil-Robles La Monarquía por la que yo luché     
 
 Informaciones.    15/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

15 de octubre de 1976

EN UN ACTO POLÍTICO MULTITUDINARIO

El señor Areilza presentó el libro del señor Gil-Robles "La Monarquía por la que yo luché"

MADRID, 15 (INFORMACIONES, por M. D. T.).

LA presentación del libro del líder demócrata cristiano don José María Gil-Robles «La Monarquía por la

que yo luché» reunió en la tarde de ayer a unas dos mil personas, muchas de las cuales salieron al

finalizar el acto con la sensación de haber revivido un mitin «de los de antes de la guerra».

Junto con el ex ministro don José María de Areilza —que hizo la presentación del libro— asistieron

numerosas personalidades de la vida política y académica: don Pedro Sainz Rodríguez, don Joaquín Ruiz-

Giménez, don José María López de Letona, don Carlos Robles Piquer, los señores Cortezo, Garrigues

Walker, Sánchez Montero, López Salinas, Satrústegui, Tierno Galván, Aranguren, Ollero, Azcárate,

Piniés... "La Monarquía por la que yo luché", pareció tan sólo un interesante pretexto para que el viejo

león subiera al estrado, cuarenta años después, ante su público de siempre, quizá ampliado con algunos

entonces impensables. Algunas damas habían decidido también "ir a escuchar a Gil-Robles".

AREILZA PRIMERA COMPARECENCIA

El ex ministro de Asuntos Exteriores, don José María de Areilza (conde de Motrico), al hacer la

presentación del libro, en su primera comparecencia pública desde que dejó de ser ministro, dijo entre

otras cosas:

"Gil-Robles es un luchador. Por encima del hombre de leyes, del jurisconsulto eminente, del profesor de

Derecho público, del orador, del político en activo, José María Gil-Robles es un luchador: es decir, un

hombre que sacrifica a la causa que defiende a los principios que alimenta su fe, su comodidad y

bienestar, sus ventajas personales, sus ambiciones y a las veces, su seguridad y el riesgo de su propia

vida.

"Ese libro es un diario del exilio. El exilio político de Gil-Robles, duró trece años, de 1941 a 1954. En ese

periodo, residió en Portugal y aconsejó decisivamente a don Juan de Borbón, Conde de Barcelona y jefe

de la Dinastía Española. Su testimonio, contenido en este volumen, es un documento importante para la

historia contemporánea de España. Aquí se relata el forcejeo dialéctico que mantuvo el hijo y heredero de

Alfonso XIII con el general Franco para que la salida de la guerra civil reciente terminada, fuera la

restauración de la Monarquía en un Rey que lo iba a ser de todos los españoles sin excepción, o por el

contrario se iba a convertir en una consolidación del franquismo, entendido como sistema totalitario, al

que iba a identificarse durante cuarenta años con la vida de su fundador.

POBREZA MENTAL DE LA DERECHA

"Gil-Robles mantuvo siempre con firmeza el principio de la legitimidad monárquica, apoyado en el

consenso popular como solución reconciliadora nacional. Franco utilizó la Monarquía como maniobra

dilatoria para calmar ciertos sectores de la derecha y la hostilidad del exterior. El empeño restaurador de

Gil-Robles fracasó y se impuso el sistema franquista de movimiento único, que duró hasta nuestros días.

La terquedad y el egoísmo se impusieron al buen sentido patriótico del Conde de Barcelona. A cuenta de

ello, el progreso económico, cultural, social y moral de nuestro país se retrasó durante décadas, como

quedó estrangulada la normalización de nuestra política exterior. Ahora, en perspectiva, puede verse con

claridad el volumen del error cometido y los traumas que podían haberse evitado a España, traumas que

en alguna medida todavía duran.

"El ´Diario´ de Gil-Robles revela también la pobreza mental de cierta derecha española, inclinada al sesteo

ideológico al abrigo de las situaciones de fuerza y con la mira puesta en la defensa exclusiva de sus

intereses materiales. Una derecha repleta que no deseaba convertirse en una derecha civilizada.

"La Monarquía por la que luchó Gil-Robles es la única Monarquía posible, la Monarquía democrática y

constitucional apoyada en la voluntad popular, legitimadora de la institución, similar a las demás

Monarquías del Occidente europeo."

GIL-ROBLES

Ciertos movimientos de impaciencia se mezclaron inequívocamente con los aplausos con que fueron

acogidas las últimas palabras de conde de Motrico. Como si esa cierta derecha española se acabara de

despertar de la siesta, sorprendida de tanto ruido y de tanto vapuleo. Cuando don José María Gil-Robles

comenzó su discurso la derecha sesteante se enderezó como pudo entre los apretujones. Y el "viejo león"

comenzó a hablar: "Yo aconsejé a don Juan de Borbón que no debía conspirar ni hostilizar al Régimen, ni

tampoco aceptar para sí ni para el sucesor la corona de manos del dictador, ya que también recogería sus

defectos y sus hostilidades. Y que tampoco aceptara imposiciones extranjeras..."

Como un torrente, Gil-Robles, el crítico feroz del franquismo, señaló que el problema de fondo tratado en

el libro era la pugna entre un Poder de hecho y el principio de la legitimidad, lucha que resalta en su

diario, como testigo de unos acontecimientos trascendentales. Más adelante, afirmó que el principio de

legitimidad (garantía de un título para la convivencia) es el punto de coincidencia que hay en todas las

doctrinas.

Señaló que el mayor vacío político se produjo en 1936, al fracasar la República por su propia infidelidad,

lo que dio lugar al Poder de hecho; mostró su preocupación por una estabilización institucional, y estimó

que la Monarquía —encarnada por don Juan de Borbón— podría ser el principio de conciliación y de

legitimidad hereditaria, confirmada por la voluntad inequívoca del pueblo.

Afirmó que entró en contacto con el Conde de Barcelona por iniciativa de éste y que, en 1941, le escribió

una carta, en la que le predecía que el «eje» perdería la guerra y que Franco no dejaría el Poder en vida.

Don José Maria Gil-Robles dijo que en 1946 pudo ser posible la Restauración, pero que el manifiesto de

don Juan fue presentado a los españoles como una traición. Afirmó después: «Soy luchador pero vistas las

cosas humanamente, hoy, un luchador vencido, pero con la conciencia tranquila, cosa que no tienen los

que me han vencido.

GOBIERNO-ELECCIONES

Refiriéndose al Gobierno Suárez, el señor Gil-Robles dijo que no es más que una comisión gestora: «No

le pido —añadió— más que la conciencia de la transitoriedad de las funciones que le competen»,

insistiendo en que ha de negociar con las oposiciones democráticas.

Luego afirmaría que la ley electoral no debe pasar por las Cortes, porque o bien se supone que están

compuestas por equis cientos de japoneses dispuestos a hacerse el harakiri o sacarán una fórmula

inviable: "Las primeras Cortes libres que se elijan serán plenamente constituyentes, se quiera o no, porque

el día que el pueblo recobre su libertad no estará dispuesto a que le arrebaten su soberanía."

El señor Gil-Robles terminó diciendo que con la con-su1ta electoral, propuesta por la Democracia

Cristiana, se le habría prestado a la Monarquía el mejor servicio; expresó su confianza en la respuesta del

pueblo español, y finalizó preguntándose si no se llevaría a la sepultura un nuevo fracaso "´Pido a Dios —

dijo por último— que no sea así. Más de cincuenta años de mi vida he sacrificado por la Patria; todos

vosotros haríais lo mismo."

Una prolongada ovación acogió las últimas palabras del señor Gil-Robles, que una vez más demostró su

incuestionable condición de orador. Cuarenta años después, el prestigio del viejo león, su invulnerabilidad

de setenta y ocho años, permitió esta brillante ceremonia. Habían ido "a escuchar a Gil-Robles´´... Luego,

en el amplio salón, el cordial encuentro entre Areilza y Manuel Azcárate (Comité Ejecutivo del P. C. E.)

harían las delicias de los fotógrafos de las revistas políticas. Cuarenta años después.

 

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