Autor: Alfonso, Carlos. 
   Los efectos jurídico-políticos del referéndum     
 
 Informaciones.    02/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Los efectos jurídico-políticos del referéndum

Por Carlos ALFONSO

UN cuadrado puede, muy bisa, dibujarse Inicialmente como tal cuadrado en un papel en blanco. Pero se

puede tratar de obtener a partir de otna distinta figura geométrica ya dida: e» al caso del famoso problema

matemático de la cuadratura del círculo. Problema que se complica si, ad llmine, se superpone el

cuadrado al circulo todavía subsistente, pues ello produce una composición de complejos elementos,

cuyos perfiles no casan.

El sistema juridico-constitucional ante rlor a I ley para la Reforma Política, aprobada en el referéndum del

15 de diciembre de 1976, es antagónico a las bases del ejercicio de la soberanía nacional que en esa ley de

Reforma sa slaiv tan. Por lo que la superposición de esquemas formalmente tan opuestos, que s« produjo

tras el referéndum, ha tenido que dar origen a un gran número dü disfurrciones, discordancias,

contrasentidos y perplejidades. Empeñado el país, con ella, en una difícil cuadratura de* círculo, cada día

e! circulo ha venido siendo roto por ios penetrantes vértices del cuadrado, o e´ cuadrado se desvirtúa y

alabea por las arrogantes curvaturas de´ círculo, que se resisten a reducirse y someterse a la recta linea de

la soberanía nacional y la división da poderes.

Pero en Derecho —y aun en la vid* misma—, lo postarlo*, tuele, y aun debe. prevalecer sobre !ú

iKlerior. Y asi ha sido dicSo sea de pBátf´ftn^ propio sistema previo al referéndum de 1976. La totalidad

da sus complajas y, ya de por sí* singulares layas carecieron de una propia y auténtica vigencia jurídica,

pues as una rotunda condición suspensiva lo que aparece al término da la más importante de todas: la ley

Orgánica del Estado. En sus disposiciones transitorias II y III aa le ratificaron expresamente a Francisco,

Franco la soberanía y el Poder absolutos, con la facultad de «crear» nuevas Leyes Fundamentales, con las

Ilimitadas prerrogativas que, a tal efecto, siempre tuvo y ejerció. Debido a ello, todo* lo demás, todo el

resto de la normativa del Régimen sólo vino rigiendo y •funcionando* de modo residual, en tanto y en

cuanto qua le concedía algún margen la condición suspensiva puesta, como broche de oro —o, más bien,

de hierro—. en las últimas disposiciones de I» ley Orgánica. Ni qua decJr Uaná que los posibles choques

y las contradicciones se resolvieron siempre —sin una sola excepción— con el predominio del punto

redondo y definitivo que asa duro broche podía poner en cualquier cosa. Jurídica mente, nuestro sistema

de entonces era un contrato de adhesión con una sola clausula eficaz: la última.

Pues bien, es Innegable que aquel broche, aquella estipulación última y decisoria, ha sido sustituida el ts

de diciembre de 1976 por otra no menos concluyente y decisoria, pero de signo contrario y cte alcance

por completo distinto al del brocha anterior: la ley qua devuelve, en su letra, a1 pueblo, a todo el pueblo,

\a "soberanía nacional y que articula, como órgano supremo suyo, unas Cortes elegidas por todos loe

españolee en sufragio universal* directo y secreto, amén de reconecar e4 respeto a los dSarecfaos ni*

manos, como* inviolables y vinculantes para todos los órganos del Estado, Muy bien hubiera podido

ocurrir que aate nuevo broche, o pacto, o contrato nacional, no hubiese sido admitido por el propio

pueblo, permaneciendo sólo el resto del sistema anterior, con sus peregrinos mon tajes da «unidad de

poder y coordinación de funciones», pero sin eaberse a ciencia cierta a quién correspondía, de hecho, tal

poder —ni su fuente natural, la soberanía—, una vez desaparecido quien ostentaba ambas. Pero tal opción

sólo obtuvo un número muy reducido de votos, mientras qu e! nuevo broche, el nuevo pacto nacional

alcanzaba un amplio consenso refendatarlo.

A partir da entonces, al Gobierno, a las distintas Instituciones y a España entera se les presenta e!

problema de tener que pervivir, transitoriamente, con el residuo legal y fáctíco de! anterior Régimen, pero

con los imperativos que dimanan de la nueva atribución de la soberanía nacional a todos los espartóles,

asi como de las exigencias que Impone el tener que reconocer y respetar los derechos humanos y elegir de

modo democrático un nuevo Parlamento. En tan paradójicas circunstancias, ¿qué hacer?, ¿cómo actuar?,

¿que es lo más o menos legítimo...? La respuesta se tiene, sin ir más lejos, en lo que ocurrió durante el

anterior sistema: lo que prevalecía era siempre (a cláusula última, las disposiciones transitorias —que

fueron lo único permanente— ratificando un poder persona1 y absoluto, al que todo se supeditaba.

No de otro modo se ha debido y se debe proceder en los choques entre las viejas y residuales .ormas.

situaciones e Instituciones y el nuevo y más reciente acuerdo histórico, pues otra cosa supon dría Incurrir

en la más grave inconse cuarteta. Parece que todo ha de ser leído entendido, Interpretado y aplicado con

la máxima aproximación a lo que se aprobó aquel 15 de diciembre. Pues la ilicitud estaría más bien si se

procediese a la Inversa y se interpretase la nueva realidad con´, arreglo a la antigua, supeditando los

nuevos fines a los viejos y el nuevo convenir sobre el poder a los restos de la anterior situación.

 

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