Autor: TÁCITO. 
   Tensiones y democracia     
 
 Ya.    01/10/1976.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

TENSIONES Y DEMOCRACIA

LOS pasados días han sido pródigos en manifestaciones y tensiones del orden público en numerosas

ciudades, basadas, parte de ellas, en motivaciones procedentes de acti-tudes de protesta a raíz de

conflictos con la fuerza del orden público, que no han podido salvarse sin el siempre lamentable y

doloroso tributo de una vida humana.

Tales demostraciones masivas han venido a sumarse a las ya habituales controversias de Índole

reivindicativa en materia salarial que, a menudo, suelen también tener punto de apoyo en razones

políticas.

Todo ello produce y alimenta una inevitable sensación de desazón, desasosiego e intranquilidad

ciudadana, sobre todo en un pueblo que ha vivido casi cuatro décadas acostumbrado a que la seguridad en

la calle era un don que estaba por encima de todo y debía mantenerse a toda cosita.

LAS autoridades, hoy, se ven obligadas a ejercer sus facultades y poderes con un criterio muy diferente al

de añoa anteriores; en primer lugar, porque falta el apoyo de un poder autoritario y personalista que los

caracterizó; an segundo término, porque en la era predemocrática que estamos viviendo no se puede

concebir la represión inflexible e indiscriminada de cualquier manifestación pública, y por último, porque

las demostraciones de los últimos meses han contado con una participación y apoyo popular

absolutamente superior a las más dispersas e incontroladas de años atrás.

De ahí que, a veces, resulte complicado para la autoridad alcanzar la necesaria moderación que supone

combinar el ejercicio del poder, el mantenimiento del orden y la ausencia de daños en la represión de las

actitudes o propósitos que parecen injustos o abusivos, teniendo en cuenta, de una parte, que es

imprescindible mantener el principio inmutable de que en cuestiones de orden público sólo pueden

intervenir las propias fuerzas gubernativas y de otra, que se impone una rotunda clarificación de

competencias y funciones y una total uniformidad en los criterios interpretativas en el mantenimiento del

orden público.

La carga de sensibilidad popular y las reacciones encontradas que toda manifestación crea, aumentan

cuando, por muy diversas causas, se producen víctimas, creciendo entonces la idea popular de inseguridad

y falta de paz. Aparecen entonces los agoreros o catastrofistas que nos presentan tales conflictos sociales,

humanos y políticos como la inevitable cadena de maldades que tienen su origen en la libertad de opinión

y de crítica, y que nos amenazan con el fantasma del grave "coste de la democracia".

Por eso creemos necesario, muy especialmente en esta hora, pedir serenidad a todos.

SERENIDAD al pueblo, que si bien demanda justamente unos rápidos y amplios cauces de libertad y

participación política, debe comprender que éstos nunca podrán alcanzarse por la vía de una innecesaria e

inútil agresividad.

SERENIDAD también a aquellos otros que ante estos acontecimientos vuelven la vis. ta atrás con

nostalgia, igualmente inoperante e ineficaz, y, considerando que estamos al borde del enfrentamiento

civil, defienden la famosa sentencia de Goethe de preferir la injusticia al desorden.

SERENIDAD, en fin, a los go- bernantes, que deben esti-mar las peticiones colectivas, apreciando la

indudable falta de otras vías o cauces más adecuados para expresarlas y procurando no sofocar

indiscriminadamente aspiraciones y actitudes absolutamente normales en los países democráticos, con

una aplicación a ultranza de la letra de ley o con un ejercicio desproporcionado de sus facultades.

ESA buena dosis de templanza y mesura que pedimos a todos debe hacernos comprender que los

conflictos pasados no deben impedir ni retrasar el proceso democrático, sino que han de ser entendidos

como pruebas dolorosas en un cuerpo sano que tiene que superar para alcanzar su más completo

desarrollo vital.

Alcanzado ese pleno desarrollo de libertades y derechos democráticos, la vida política aceptará como

normales las expresiones multitudinarias populares, incluso las situaciones de tensión o conflicto, que los

representantes legítimos de las partes en controversia, por parte del pueblo y por parte de la autoridad,

resolverán con el menor desgaste social posible.

Por otro lado, situaciones como ésas son inevitables, prueban la vitalidad de un conjunto de ciudadanos y

existen en los países más avanzados política, social y económicamente, que han encontrado soluciones

aceptadas por el consenso general.

CONSOLIDEMOS el proceso democratizador facilitando a todos el acceso a la opinión y al voto en unas

elecciones libres y serias, y no dificultemos los pasos y peldaños que se van superando y escalando hacia

esos fines con actitudes nostálgicas, alarmistas, rígidas o nerviosas que lleven a posiciones de fuerza, de

las que ningún beneficio se deriva para nadie, a pesar de su pretendido y falso rostro de tranquilidad y

bienestar social.

TÁCITO

 

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