Autor: Silva Muñoz, Federico (JUAN DE ESPAÑA). 
   El problema de la Democracia Cristiana y la posibilidad de una nueva derecha     
 
 Ya.    13/10/1976.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

EL PROBLEMA DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA Y LA

POSIBILIDAD DE NUEVA DERECHA

Se dice que el momento actual está caracterizado por la confusión de ideas

y la multiplicación de los núcleos políticos. Fenómenos natura1es, bastante

relacionados y no necesariamente negativos. Con frecuencia, los que piden

ideas claras las quieren simplistas (típicas de los totalitarismos). Por otra

parte, la disminución de opciones políticas, tal como la preconizan

algunos, puede ser peligrosísima.

Baste señalar que nuestro país lleva siglo y medio "de disturbios y guerras

civiles probablemente porque sus opciones siempre se han simplificado y

reducido a dos (liberales y carlistas, republicanos y monárquicos, derechas

e izquierdas). En mi opinión, la artificiosa simplificación de opciones era

el germen de corrupción que llevaba en sí la famosa restauración

canovista, que condujo tan lenta como inexorablemente al callejón sin

salida en el que se produjo nuestra gran catástrofe del siglo XX, Porque el

sistema de la restauración, a los inconvenientes de un bipartidismo

excluyente (Inconvenientes especialmente graves en un país "latino"),

añadía el de que los partidos no nacieron del pueblo, sino que le fueron im-

puestos junto con un sistema de elecciones amañadas capaz de acabar con

la fe del ciudadano más crédulo.

La confusión de ideas que a tantos asusta es inevitable en un país que está

estrenando libertades. País que quiere la democracia por mayoría vi-

siblemente abrumadora, pero sin saber exactamente lo que democracia es.

Hay que aclarar que esto no incapacita a los españoles para el ejercicio de

la democracia. El desconocimiento que de ella tiene el pueblo español es

análogo al del que, siendo pobre, busca un bienestar que nunca ha

disfrutado, pero que sabe existe. La responsabilidad de proporcionar a los

españoles una democracia y bienestar relativo sin trauma es de los

políticos. Mas los políticos no son distintos al hombre de la calle ni han

superado los problemas que en la calle se palpan. En cierto modo, gracias a

Dios, porque los políticos "geniales", los de comprensión tan elevada que

no pueden pretender: que el pueblo les siga, han sido siempre dictatoriales,

despóticos.

Nuestros políticos están afectados de la misma confusión que se aprecia en

el pueblo. Hay excepciones, naturalmente, pero la inmensa mayoría de los

que hablan de democracia tampoco saben bien lo que democracia es,

aunque sean sinceros al preconizarla. En principio (no por principio)

nuestros demócratas verdaderos son los que se declararon tales cuando

hacerlo entrañaba graves riesgos.

No voy a presentar la persecución por una causa como una carta de

garantía. Simplemente afirmo que el que ha mantenido sus ideas

democráticas a costa de ciertos riesgos es más probable que sepa lo que

democracia es que el que estuvo siempre dispuesto a jugar a todos los

juegos en los que le dieran entrada.En cualquier caso hay varios signos

infalibles para saber si el que se titula demócrata lo es verdaderamente o

no. Porque el demócrata verdadero tiene unos principios únicos, en los que

concuerdan ingleses, suecos, americanos, franceses e italianos, sean

socialistas o conservadores. Por eso, cuando alguien habla, por ejemplo, de

democracia a la española, hay que preguntarse si con ello se quiere decir

que no se van a respetar todos los principios universales de la democracia.

Hoy sólo me voy a referir a uno de esos principios: el de la legalización de

los partidos comunistas (y fascistas). El que se oponga en sus programas a

la legalización del comunismo (o fascismo) puede asegurar el lector.

Juan DE ESPAÑA

E l problema de la democracia...

Sin temor a equivocarse, que no es demócrata (o que no lo es todavía).

Mas este principio necesario (no suficiente) de la democracia verdadera

no avala la actitud de los demócratas españoles que hoy se unen con los

comunistas a determinados efectos. Esa unión, además de

argumentativamente falaz, puede llevar al derrumbamiento de una de las

más indiscutiblemente democráticas entre las ideologías políticas de la

España actual. Me refiero a la democracia cristiana. Si ésta fracasara, el

país se podría ver repartido entre dos tendencias: conservadora y socialista.

Esto, que algunos llaman el ideal bipartidista, sería una gran tragedia.

Sería, además, como lo fue la solución canovista, discutible desde el punto

de vista de la pureza democrática del sistema. Porque los conservadores de

nuestro país son antes conservadores que demócratas y porque muchos

socialistas anteponen el marxismo a la libertad.

He dicho que cierta argumentación es falaz: las fuerzas interesadas en la

liquidación del sistema político autocrático no pueden unirse, no han

podido hacerlo nunca moralmenté, so pena de aparecer ante los votantes

como fuerzas negativas, destructivas. La unión hace el juego a las únicas

fuerzas negativas, destructivas (respecto a la democracia, me refiero), que

son el comunismo y lo que se trata de liquidar, que ante la incapacidad de

convocatoria de los demócratas se llevarán los votos a que éstos debían

aspirar.

En el momento actual, de marcha hacia la democracia clara e irreversible,

al único aliado al que le interesan ciertas alianzas es al comunismo, al que

proporcionan una fuerza aparente superior a la que tiene. También sacan

partido de ellas los demócratas "accidentalistas" de la derecha española,

habituados de siempre al juego de restar posibilidades de opción a la

mayoría del país no comprometida.

El verdadero demócrata, cristiano o socialista, no debe engañar en sus

principios. Por eso el demócrata no puede ser un pragmático. He aquí

(incidentalmente) otro "signo" que nos permite reconocer a los falsos

demócratas: Cuando el pragmatismo se presenta como principio inspirador

de la propia política (Nixon), uno puede asegurar que el presentador no es

demócrata sincero. Que el demócrata defienda el derecho del comunismo

(y del fascismo) a vivir en una democracia no le obliga a aliarse a un

antidemócrata contra otro. Porque eso puede ser autodestruirse a favor de

los dos. Con esto no quiero decir que al comunismo se le deba tratar como

a un apestado después de reconocido, sino que la caridad bien entendida

empieza por uno mismo.

En el momento actual de nuestra política resulta desesperanzador ver a, los

demócratas (cristianos y socialistas no marxistes) enfrentados al Gobierno

junto al comunismo. Desesperanzador para el hombre de la calle, que

reconoce en el Gobierno una voluntad democratizadora y no entiende de

las sutilezas que determinan las actitudes de los "comités" de los

"partidos".

Esta situación puede llevar al derrumbamiento de la democracia cristiana

(y del socialismo "civilizado") en unas elecciones. Por eso creo que la

democracia, cristiana está urgentísínamente necesitada de clarificar su

postura ante la, opinión.Una cosa es no admitir la dirección de un partido o

confederación a oportunistas o sospechosos advenedizos y otra renunciar a

atraer masas. Porque aunque el pragmatismo sea antiético como principio

inspirador de una política, toda política tiene que ser pragmática en la

práctica. En mi opinión, la democracia cristiana tiene que presentarse, al

pueblo ya como es, sin alianzas desfiguradoras. Tiene que pensar

pragmáticamente al traducir a programas sus idéales éticos. Tiene que

discutirle votos a la derecha. Al decir esto se supone que la democracia

cristiana española (al contrario que la alemana) no puede ser derechista,

porque la derecha española está aún muy lejos de los Ideales

democristianos. Me refiero, naturalmente, a la derecha visceral, y no a esa

gran parte de la mayoría del silencio que puede resultar derechista por falta

de otra opción. Para tratar de ganarse honestamente a esa masa, la

democracia cristiana tiene que unir a los principios democráticos básicos

otros accidentales, que son los que le van a caracterizar frente a otros

partidos. Yo diría que entre las más urgentes necesidades de la democracia

cristiana está la de inspirar confianza a aquellos hombres más o menos

circunstancialmente inmersos en las estructuras del regimenque fenece.

Sindicalistas oficiales, empleados del Movimiento, funcionarios,

comerciantes, etc., deben comprender que la oposición a un sistema no les

amenaza a ellos. Hay banderas que los demócratas no deben dejar a los

neofascistas, porque esas banderas son típicamente democráticas. E igual

que decimos a la derecha podemos decir a la izquierda, en cuyas zonas

moderadas hay votos potenciales para la democracia cristiana, si ésta sabe

hacer suyas reivindicaciones que no tienen por qué ser exclusivas de los

partidos obreristas.

Para terminar, señalaremos que entre los demócratas cristianos y la derecha

inconmovible que algunos empiezan a llamar neofascista existe la

posibilidad de una derecha democrática, que es la que en buena ley le

debía disputar votos a los democristianos. Me refiero a una "nueva

derecha", sinceramente empeñada en la empresa democrática, que hace

unos meses resultaba imposible y hoy parece haber hecho posible el

Gobierno actual.

Se trata de una derecha que no resulte amenaza contra las libertades ni

reniegue en privado de la democracia; algo muy nuevo y distinto al

canovismo que algunos añoran. Si esa derecha naciera llenaría un hueco

visible en el espectro político de la democracia española. El que esto

escribe, no ligado a ningún partido o ideología, cree que el Gobierno

Suárez está demostrando sinceridad democrática, Inteligencia y valentía

suficiente para encauzar a esa derecha o contribuir a encauzarla. Sus actos

futuros tienen la palabra.

Juan DE ESPAÑA

 

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