Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   La familia democristiana española     
 
 ABC.    02/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

APUNTE POLÍTICO

LA «FAMILIA» DEMOCRISTIANA ESPAÑOLA

Por J. M. RUIZ GALLARDON

La familia democrata-cristiana española no es una familia bien avenida, precisamente. El espectáculo —el

triste espectáculo de escisiones, condenas, recriminaciones, etc., a que venimos asistiendo no tiene nada

de ejemplar. Desgraciadamente no es nuevo. Pero es muy poco aleccionador.

He escrito en muchas ocasiones que frente a las divisiones de la derecha se alza monolíticamente una

unidad fundamental del marxismo español. Y que ése es el peligro. Se, sin embargo, de sobra, que el mal

no tiene fácil remedio y que sólo después de la lección que se obtenga de los próximos comicios será

posible empezar a sacar conclusiones prácticas. La derecha española, «in genere», tiene la cabeza muy

dura y el corazón cercado por pasiones personalistas. Y cuando escribo derecha, me refiero no a lo que

los líderes de los partidos dicen ser, sino a lo que va, en el espectro político español, desde el marxismo

hasta «Fuerza Nueva». Incluidos socialdemócratas, «F. P. D.», «P. P. D. C.», «U.D.E.» y «Alianza

Popular». Todos esos grupos sólo presentan diferencias de matices, aunque la trayectoria de sus líderes no

sea idéntica. Pero, y esto es lo importante, la base de su electorado es sencillamente la misma.

No ha contribuido, precisamente, a clarificar la situación la aparición del «Centro Democrático». Y es

muy de lamentar. A él se han unido los democristianos de Alvarez-Miranda, los fáciles y los que siguen a

Montreal, antiguo lugarteniente de Silva. También algunos socialdemócratas de Fernández Ordóñez. Pero

ni los amigos de Lasuen, ni mucho menos los hombres de Gil-Robles y Ruiz-Giménez han escogido el

mismo camino.

¿Resultado? Que aquello que el «Partido Popular» ha ganado en cohesión ha sido a costa de subdividir a

algunos u otros partidos. Triste.

Yo, sin ningún título especial para ello, me atrevería a pedir a todos esos líderes que depusieran actitudes

personalistas y que procuraran no hacer del pasado la única credencial para el futuro. Intuyo que son muy

pocas las diferencias ideológicas que les separan si se comparan con aquellas que les distancian de las

formaciones marxistas.

Y, aunque me temo que no va a servir de mucho, les pido, desde, mi humilde perspectiva, que

reconsideren sus antagonismos, más aparentes que reales. Y si son tan reales que los superen.

J. M. R. G.

 

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