Autor: García San Miguel, Luis. 
   La pasión del poder     
 
 Diario 16.    30/12/1976.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

La pasión del Poder

Luis G. San Miguel

Se dijo, harfa la saciedad, que lo que ¿í)s fascistas quieren, en ifl fondo, es seguir mandado. También se

dice que eso mismo es lo que níaeve a muchos franquistas ü aceptar la reforma. Lo que no suele decirse

es que algo parecido ocurre en las filas de la oposición. Esto se puso, una vea más, de manifiesto cnn

«cañón del último referéndum: hay síntomas claros de que la oposición no habría puesto ningún reparo de

procedunk´nlo ´punto en que .se basó, como es bien sabido, la campaña abstencionista) siempre qiw el

Poder hubiera ido a parar a sus maíios. Hasta ahora hubo pocos í´stíiHfmlos de proccdimíeiiío si se

conseguía, o podía conseguirse, algo de poder. Muí´íios, ni no se conseguía.

En efecto, cuando se produ$ft la revolución portuguesa. casi toda la Prensa de opnsíción echó las

campanas al vuelo. Y era obvio tjue oí procedimiento empleado no había sido democrático: los militares

tomaron el Poder por Ja fuerza y no a través de las elecciones, lo« políticos del antiguo régimen fueron

encarcelados o expulsados, a las elecciones sólo pudieron presentarse, en la práctica, comunistas y

socialistas, el Ejército no dio d Poder al partido ganador de las mismas, etcétera.

Poco después desembarcabu en estas playas ese extraño personaje llamado Solsenitsin y soltaba por la

televisión su diatriba anticomunista. La principo! revista de la oposición, en la que siempre colaboran

varios comunistas y en la que nunca se le hace la menor crítica al comunismo, reaccionó con un violento

artículo ptó Í e n d o campos de concentración para «1 escritor soviético. Nintgon escrúpulo de

procedimiento.

Ya sé que sun sólo síntomas y que no todo el mundo aprobó el mencionado artículo. Peio son síntomas

claros.A. lo que hay que añadir los innumerables escritos en defensa de la violencia revolucionaria, la

ejercida para instaurar el reino de la justicia. El mismo concepto de "ruptura democrática", en su versión

primitiva, incluía la eliminación de los antiguosfranquistas de la escena política. No es probable que le

hubieran dejado la televisión a Girón ni siquiera a Adolfo Suárez.

¿Qué hay, entonces, por debajo de los escrúpulos de procedimiento? En gran medida, el simple deseo de

poder. Debemos agradecerle a Santiago Carrillo el haberlo declarado, sin disfraces, en esitas mismas

páginas: la oposición tiene en su mano la posibilidad de legitimar democráticamente al Gobierno

establecido y no quiere soltar esa arma, hasta tanto no reciba seguridades de obtener algo a cambio. Los

escrúpulos democrat icos son una coberlura de esa pretensión. Se puede discutir sí la abstención era el

medio adecuado para obtener ese fin y yo no voy a hacerlo ahora, Pero la finalidad está clara: conquistar

una parte del poder, en vista de que es imposible conquistarlo por completo.

En ocasiones parece como sí la oposición democrática tuviera mén empeño en llegar al Poder que en

establecer la democracia. En general, cabe decir que quiere las dos cosas a la vez: Ja democracia y el

Poder, o, dicho de otro modo, la democracia traída por elïa, y §e opone a la democracia (raída por el

Gobierno,

Nada di esto es extraño. Lo extraño sería que gentes que sa dedican profesionalKíen, te, o casi

profesionalmente, a la política no tuvieran ambición de mando. Pero, aunque el hecho sea bastante claro,

conviene ponerlo de relieve, porque, a menudo, no se lo tiene «n cuenta: K piensa en la oposición como

un conjunto de personas desinteresadas que se preocuparon altruistamente, con riesgo de sus haciendas y

de sus vidas, por desmontar la dictadura. Es verdad que hubo riesgos y cierto desinterés. Pero también es

verdad que, junto a eso, hay en muchas gentes de ta oposición, como en todos los políticos cualquiera que

sea su ideología, un anaia, en ocasiones desmedida, de sentarse en ta poltrona ministerial. SÍ no se tiene

esto en cuenta no se entiende lo que está pasando.

 

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