Don Joaquín Ruiz-Giménez. 
 El gobierno, en diálogo con la oposición, puede solucionar el problema política de España     
 
 Informaciones.    16/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

DON JOAQUÍN RUIZ-GIMENEZ

"EL GOBIERNO, EN DIALOGO CON LA OPOSICION

PUEDE SOLUCIONAR EL PROBLEMA POLITICO DE ESPAÑA"

(Madrid),16 INFORMACIONES.

Considero que la conversación con el presidente don Adolfo Suárez ha representado para mí la

restauración de una esperanza, la esperanza de que el Gobierno puede, en diálogo con toda la oposición,

acelerar la única solución eficaz al problema político de España, es decir, la directa consulta al pueblo, a

todos los pueblos del Estado español, para la transformación de nuestras estructuras políticas en

estructuras democráticas», ha dicho don Joaquín Ruiz-Giménez, líder del partido Izquierda Democrática,

en una entrevista publicada en el diario «La Vanguardia», de Barcelona.

En otro momento de la entrevista, el señor Ruiz-Giménez añade: "Las dificultades existen, sin duda, des-

de el lado de las instituciones del régimen y de los sectores sociales españoles, que no han sido capaces

todavía de superar la herencia de la guerra civil, y, para ser objetivos, hay también obstáculos por el lado

de los sectores más extremistas de la oposición. Sin embargo, unos y otros pueden y deben ser superados

con la mayor urgencia posible si se quiere evitar a España días sombríos."

HECHOS POSITIVOS

"Por otra parte —considera el líder de I.D.—, los pasos dados por el Gobierno son, en esencia, positivos,

lo cual no quiere decir ni que sean perfectos —porque no hay obra humana que sea en sí misma

perfecta— ni que colme todos nuestros deseos formulados una y otra vez desde el campo de la oposición.

Positiva fue la declaración programática, principalmente por su explícito reconocimiento de que la

soberanía reside en el pueblo y los gobernantes no son más que representantes de éste, lo cual exige

cauces electorales inequívocos, y también por el tono de respeto a los partidos de la oposición

democrática que no se había apreciado antes en los discursos de los gobernantes del régimen. Positivo fue

también sacar adelante el proyecto de reforma del Código Penal, aunque se quedaran algunos trozos de

piel en las zarzas de las Cortes, pero no se consiguió una explícita proscripción de los partidos

comunistas, como pretendían grupos parlamentarios. Positivo ha sido el acuerdo de enviar a las Cortes el

instrumento de ratificación de los pactos de derechos humanos aprobados por la O.N.U. el 16 de

diciembre de 1966. Positiva ha sido la renuncia recíproca del privilegio de presentación de obispos por

parte del Estado y del fuero eclesiástico por parte de la Iglesia en el reciente acuerdo entre la Santa Sede y

el Estado español. Finalmente, positiva ha sido en aspectos muy amplios la reciente amnistía para hechos

de intencionalidad política y de objeción de conciencia. Creo que no sería justo si no se reconocieran

estos avances ni se tendría autoridad para reclamar los siguientes pasos que indudablemente también son

indispensables.

EL CAMINO POR ANDAR

Los pasos a seguir son: En primer término, completar el alcance de la amnistía a través de una

interpretación muy amplia y flexible por los Tribunales y por todas las autoridades del Estado en el

momento de ir aplicándola a todos los casos concretos. En segundo lugar, creo que es también necesario

que el Gobierno acuerde la revisión de oficio de los procesos fallados ya, respecto a esos delitos de

intencionalidad política, pero que llevaran anexos hechos sangrientos. Tercero: La superación del límite

puesto en el reciente decreto-ley de amnistía a los militares para su reincorporación al servicio activo.

Por último, la amnistía tiene que completarse también en lo que se refiere a los objetores de conciencia

mediante la promulgación de una ley en trámite de urgencia o de un decreto-ley que establezca el

voluntariado para el desarrollo propuesto por la Comisión Nacional de Justicia y Paz, a la Presidencia del

Gobierno hace más de un año.

Si no se dieran esos pasos, quedarían pendientes y serían puntos importantes que los distintos partidos

demacráti-cos de la oposición llevarían en sus programas electorales para recabar el apoyo del pueblo de

España en lo que es la definitiva reconciliación de todos los españoles y la superación de las huellas de la

guerra civil.

En orden a la buena marcha del proceso democrático —señaló el señor Ruiz-Giménez , los pasos

fundamentales son:

a) La efectiva legalización de todos los partidos políticos y de todas las organizaciones sindicales, que

actúan todavía al margen de la estrecha —y lo digo con respeto, pero con claridad—, «injusta» legalidad

vigente.

b) La retirada por el Gobierno de los proyectos de reforma constitucional, elaborados por el Gobierno

anterior y su sustitución por un referéndum prospectivo en el que se consultase al pueblo español

simplemente si confía al Jefe del Estado la convocatoria de unas elecciones generales por sufragio

universal directo y secreto de todos los ciudadanos mayores de die-ciocho años, en régimen de

sistema proporcional con un tope del 5 por 100 de los votos obtenidos, para que de ahí surjan unas Cortes

de alcance constituyente, que elaboren las nuevas Leyes Fundamentales o Constítucionales del Estado.

c) Para presidir ese período electoral (en el que tendría que estay abierto a todos los partidos políticos el

uso equitativo de los medios de comunicación social, especialmente la radio y la T.V.), debe constituirse

un Gobierno de la más amplia concentración posible, a base del actual y en diálogo con los

organismos representativos de la oposición democrática, tanto los que se integran en Coordinación De-

mocrática, como los de los colectivos de los pueblos catalán, vasco, valenciano y gallego y aquellas otras

fuerzas sociales o políticas debidamente organizadas y que no formen parte de ninguna de esas

agrupaciones políticas.

«Aunque la cuestión es difícil —ha declarado finalmente el líder de I. D.—, no resulta en modo alguno

inviáble, si el Gobierno actual profundiza sus contactos no meramente bilaterales, sino más colectivos

con todas, esas instancias de la oposición democrática y naturalmente con las de las fuerzas políticas del

régimen, pues de lo que se trata es de lograr un órgano de poder ejecutivo que encarne en el mayor grado

posible, el conjunto de la comunidad nacional y asegure la imparcialidad en el período electoral y en la

celebración de las elecciones.Tengo el convencimiento de que si se avanza por el camino que

modestamente he indicado, tanto el Gobierno como la oposición prestarán un inmenso y definitivo

servicio a la libertad en la igualdad y a la justicia en España y por ahí vendrá la verdadera paz.».

16 de agosto de 1976

 

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