Don Joaquín Ruiz-giménez: La política como diálogo     
 
   01/06/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Don Joaquín Ruiz-Giménez: «La política como diálogo»

BARCELONA, 1. (EUROPA PRESS.) — En una conferencia pronunciada en el Club Mundo sobre «La

política como diálogo», don Joaquín Ruiz-Giménez ha dicho: «Jamás he pretendido justificar mis

actitudes públicas del pasado. Están ya ahí. Pero si en febrero de 1956 fracasó lo que una voz muy

autorizada ha llamado desde la Prensa la primera apertura, es porque fracasó el primer intento serio de

diálogo político, siendo sustituida por sucesivos monólogos de distinta coloración, pero siempre

monólogos, al cabo.»

Afirmó que las severas criticas de que son objeto tanto las democracias liberales como las populares,

tienen su origen precisamente en la quiebra de un auténtico diálogo.

Seguidamente afirmó: «Muchos de los hombres que luchamos en 1936 quisimos el diálogo, y he visto

morir a muchos jóvenes, auténticos liberales de espíritu, que no cayeron por el silencio ni por el

monólogo. No se puede Invocar a los muertos —agregó— y si se les invoca, que se invoque a todos ellos,

también a los que desde el otro lado cayeron por el diálogo.»

El conferenciante analizó después las condiciones de la política como diálogo en la España actual y

destacó la urgente necesidad de crear unos cauces adecuados para la realización de este diálogo.

LOS «ZAPADORES DEL DIALOGO»

Más adelante, don Joaquín Ruiz-Giménez afirmó que hay en España políticos que quisieran mandar sobre

ciudades vacías, pero el impulso del pueblo español, que quiere vivir y no simplemente vegetar, ha de

tener más fuerza que los «zapadores del diálogo», que se niegan, todavía hoy, a reconocer el final de la

contienda civil. En sus últimas palabras, el señor Ruiz-Giménez calificó su estado de espíritu como de

«triste de hoy, pero contento para mañana».

En el coloquio con los asistentes afirmó que los inmovilistas deben saber cuál es el valor y el coraje de los

amantes del diálogo.

Respecto a don Blas Pinar, señaló su amistad con él por encima de sus diferencias políticas, y precisó que

le «gustaría, si él quisiera, aceptar un día un diálogo en campo abierto para exponer, de corazón a

corazón, sus razones, y dejar después que otros expongan las suyas al mismo nivel para ver cuál es la

voluntad de ese gran silencioso que es, todavía, el pueblo español».

Dijo también que es un hecho la existencia de partidos políticos en el país con todos los inconvenientes de

la clandestinidad y los inconvenientes —aún más importantes--de la radicalización.

 

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