Autor: Picatoste, Jesús. 
 Ruiz-Giménez y la izquierda. 
 El asociacionismo puede contribuir a una tremenda confusión en el país y decepcionará a muchas gentes     
 
 ABC.    26/01/1975.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

ABC. DOMINGO 26 DE ENERO DE 1975. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 31.

RUIZ GIMÉNEZ Y LA IZQUIERDA EL ÁSOCIÁCIONISMO PUEDE CONTIRIBUIR A UNA

TREMENDA CONFUSIÓN EN El PAÍS Y DECEPCIONARA A MOCHAS GENTES

HACIA la izquierda extramuros, en la parte del «no, rotundamente no» al ásociacionismo, al otro lado de

la frontera —¿pero todavía fronteras? surge Joaquín Ruiz Giménez, quizá la personalidad más vecina a

esta raya divisoria por su biografía anterior, aunque no´precisamente por su «curriculum» político más

inmediato y, menos todavía, por su ideología actual. Etiquetado como líder de la izquierda democristíana,

hay razones para dudar de la vigente exactitud de semejante marca convencional. Lo que es y lo que no es

la democracia cristiana española aparece sin trazo firme en el presente panorama político. Ya sea por el

deseo de superar conceptos y nombres de los años cuarenta; ya sea por ¡a aconfesionalidad del partido,

repetidamente expuesta a raíz del Concilio; ya sea por la evolución de sus propios militantes, puede que

deba olvidarse ahora tal etiqueta definitoria y dejarla en «procedencia democristiana». El propio Ruiz

Giménez, que prefiere hablar de «las afianzas de fuerzas», reconoce que en «Cuadernos, para el Diálogo»

ha habido fundamentalmente una progresiva transformación hacia el socialismo democrático. No es él el

portavoz—no lo hay— de lo que se ha dado en llamar «oposición democrática», pero en líneas generales

sus razonamientos pueden servir para explicar la negativa al asociacionísmo de un ancho sector de la vida

política española. Asi el Estatuto es rechazado por el modo en que se ha gestado. No es sino un estatuto

de «Asociaciones del Movimiento» que Incumple el artículo 16 del Fuera de los Españoles. Y en este

aspecto incurre en contrafuero, hasta el extremo de que un grupo de letrados están preparando un recurso

porque, además, se violan preceptos de la Ley Orgánica del Estado y del Movimiento: al Conseio

Nacional se fe asignan funciones que no son de su incumbencia y es anticonstitucional.

Piensa Ruiz Giménez que acudir a la convocatoria sería contribuir a una tremenda confusión en el país y

decepcionar a muchas gentes que contaban con que e! Estatuto haría posible una participación activa.

Además, el funcionamiento y la vida misma de las asociaciones no dependerá del Gobierno, sino del

Consejo Nacional. Y otro argumento: es preciso que quien haya de encarnar la suprema magistratura de!

Estado debe convencerse de que hace falta legalizar la situación de una oposición democrática que

incluso pida ta revisión de tas Leyes Fundamentales, a través de un cauce Segal sin clandestinidades. No.

conviene frustrar esa posibilidad dando pasos anticipados por un cauce muy estrecho. En cuanto a

dificultades asociativas, hay razones de carácter psicológico colectivo: hacer ver a la gente que no existe

contradicción gubernamental entre ciertas medidas de carácter político restrictivo y el ásociacionismo.

¿Conseguir las 25.000 firmas? No, eso no es problema. ¿Los medios económicos? Tampoco es una

barrera Insalvable. Pero s! puede ser problema convencer a la clientela de que actúe con esperanza, con

ilusión y piense que e! asociacíonismo sirve para algo. Según Ruiz Giménez, hay un ejemplo

desesperanzador muy concreto: la Ley Sindical. No ha sido posible crear una sola de esas asociaciones

previstas porque no se han dictado las normas reglamentarias que desarrollan ese derecho de asociación

sindical. «El Estatuto no es ni carne ni pescado —resumen coloquialmente—. No es posible seriamente,

respetando lo qve hagan otros, organizar una Asociación que quiera lugar de acuerdo con esas reglas.»

¿Hasta dónde llega Ruiz Giménez en su propósito de incorporar a la izquierda neta al juego político legal?

¿Qué piensa del «compromiso histórico» italiano trasladado a la vida española? «Pueden llegar ocasiones

históricas en que eso sea indispensable si se quiere evitar el enfrentamiento a muerte de dos partes de una

nación. Ya en Italia ha ocurrido en algún municipio. Esto me parece una exigencia de. la política. ¿Y en

España? Es prematuro aventurarlo. Pero me parece un enorme error; empujar al partido comúnista a la

clandestinidad y a la violencia si es que el partido comunista está dispuesto a cooperar en el futuro hacia

una transformación pacífica de las estructuras del país. Evidentemente, esto es lo más difícil, lo más

arriesgado, lo que tiene más complicaciones para muchos sectores de la nación y habrá que ver cómo se

desarrollan los hechos para poder dar sobre ello una opinión definitiva. En realidad, el primer gran

compromiso histórico se hizo en «Cuadernos para el Diálogo». Se declara cristiano y demócrata,

miembro de una tendencia abierta a cualquiera que acepte los valores humanos que dimanan del

Evangelio, y socialmenle muy en punta. ¿Tierno, Fraga, Silva? Ruiz Giménez se siente más cerca,

lógicamente, de la actitud programática y de la acción política del socialista Tierno Galván que de las

otras dos personandades, aun a pesar de las diferencias que les separan sobre el último aspecto de la

concepción de! mundo y de la vida. «Mientras que Silva y Fraga no se definan y sólo pretendan una

evolución de Ias actuales instituciones de! Régimen, pero dentro de las Leyes Fundamentales, no pueden

llamarse democristianos en el sentido europeo.»

Molido de polémica ha sido en los últimos tiemjos la «campaña pro amnistía», con las 160.000 firmas en

solicitud de perdón para aquellos delitos especialmente calificados de «opinión política». A Ruiz

Giménez le parece un grave fariseísmo que la extrema derecha se rasgue las vestiduras por tal petición.

Quizá ejerza acción penal contra determinada revista que le acusó tíe gestionar patente de corso para

todos los terroristas. «Los ataques más duros e incluso injuriosos y calumniosos contra mi persona han

procedido de la extrema derecha y no porque yo haya halagado a la extrema Izquierda.» Considera que

Blas Piñar es de los hombres más coherentes que hay en España porque dice lo que realmente piensa,

aunque su idea del Régimen sea ya realmente imposible. Sobre Cantarero y su socialismo democrático

crea en su intención, pero duda mucho de que pueda desarrollarlo en el marco asociativo: «Cantarero es

uno de los hombres que, permaneciendo dentro de las estructuras del sistema, tiene una visión más clara

del camino que debe seguir ese sistema para hacer un servicio definitivo al país.» El punto clase

obreraínstitución monárquica lo contempla Ruiz Giménez como una incógnita condicionada a que la

Corona haga posible la democratización: es muy dificil que el movimiento obrero acepte la Monarquía

como tal pero no es imposible que acepte, una política realizada bajo el signo monárquico tal como

ocurre, en los Países Escandinavos.

Los socialdemócratas de la U.S.D.E., los socialistas del P. S, O. E. (Partido Socialista Obrero Español) y

del P. S. P. (Partido Socialista Popular); los comunistas y algunos grupos extremistas son ya harina de

otra legalidad.

A MODO DE RESUMEN

Cabe sintetizar en varías puntos el actual momento de las diversas fuerzas políticas, con el telón de fondo

del asociacionismo:

1 Respeto, por lo general, de la ges tión del presidente Arias.

2 El Estatuto va a ser como un tajo en la vida politica española: los que van a jugar y los que no van a

jugar. Y entre aquellos que van a participar: los que desean la reforma constitucional y los que no la

desean. Será una batalla política.

3 Quedan individualidades y grupos de la derecha liberal que no participarán y cuyo encuadre, hoy por

hoy, es una incógnita.

4 El asociacionismo puede ser el últi mo intento para que la derecha sepa sucederse á sí misma.

5 La afianza Areilza-Fraga-Silva ha ac tuado como un revulsivo, como un estimulante, para piras fuerzas

del Régimen.

6 Suma tibieza o indecisión en las áreas catalanas.

7 Falta de definición en algunos gru pos y líderes. Timidez para declarar quién es el «número dos» de

cada bloque. Etapa de federaciones y coaliciones. Todo ello desorienta al hombre medio que no está

iniciado en los entresijos de! mundo político.

8 Desconcierto en la opinión pública ante ciertas medidas restrictivas gobernamentales.

9 Mayor facilidad de maniobra y agru pación en aquellos grupos ya preasociados.

10 Excesivo número de tendencias y grupos en una derecha que, por lo común, ha descalificado el

partidismo. Esta atomización también desorienta al hombre medio.

11 Deseo general de convivencia en el país, aunque por vías distintas

12 ¿Qué pasará un día si el Estatuto de Asociaciones se ensancha debido a una reforma constitucional?

Puede que entonces entraran las izquierdas. Habris reagrupamiento de bloques. Otro tanto pueda ocurrir si

la circunstancia histórica desaparece: muchas lealtades finiquitadas provocarían un corrimiento político y

cada cual buscaría encaje pensando más en al futuro que en el pasado.

A esclarecer este confusionismo politico han ido orientadas éstas líneas. ¡Ojalá sirva para algol—Jesús

PICATOSTE.

 

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