Autor: Díaz, Elías. 
   Algunas condiciones para hacer más ineficaz el terrorismo     
 
 Diario 16.    02/02/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

4/OPINION

Miércoles 2-febrero 77/DIARI016

DIARIO

ye LA NOCHE

Algunas condiciones para hacer más ineficaz el terrorismo

No es fácil lograr que el terrorismo desaparezca del todo en el mundo actual: gobiernos y altos

organismos internacionales se ocupan cada vez más a fondo del problema. Yo sólo voy a hablar aquí —en

relación con la circunstancia española de nuestros díasde algunas de las condiciones que, al menos, tal

vez permitan hacerlo más ineficaz y, con ello, más probable, por tanto, su progresiva extinción. Entre

otras, serían a mi juicio las siguientes:

1* Que las investigaciones sobre tales hechos (muertes y secuestros) se hagan en profundidad y que se

pueda proceder de verdad contra quienes recurren a tales métodos de violencia, y también contra sus

patronos, con los mecanismos y procedimientos que la ley pone en manos de Policía, jueces, Gobierno,

etcétera: que no haya aquí privilegios ni prerrogativas para nadie, por importante que sea. Que nuestro

país deje de ser "santuario" y refugio tradicional de extremistas de todo el mundo, como con frecuencia ha

ocurrido (con respecto a la extrema derecha) en los últimos tiempos.

2.* Que se prepare a las Fuerzas de Orden Público, y se les dote de medios aptos, para poder enfrentarse a

este tipo de acciones con fundadas y mayores posibilidades de éxito: el enemigo no es el manifestante

pacifico por ilegal que se le declare, ni el discrepante político de izquierdas Además, estando mes

enraizado en el pueblo, el policía se movería como "pez en el agua" en la persecución del delincuente. De

todos modos, el problema terrorista no es sólo un problema de Policía, sino fundamentalmente un

problema político.

3. Que nadie pretenda "capitalizar" a los muertos utilizándolos en beneficio propio y en contra de la

democracia. Honrar a los muertos, enorgullecerse de ellos sus compañeros, es algo completamente

opuesto a la falta de respeto que supone servirse de los caídos para atacar y agredir al adversario politico

que nada tiene que ver en verdad con aquellas muertes. La discrepancia política, incluso el enfrentamiento

ideológico, no debe situarnos en opuestas orillas ante el crimen; las víctimas del terrorismo deben ser por

todos lamentadas y veneradas.

4. Que ningún grupo social o politico caiga nunca en la fácil trampa de la provocación que implica

venganza, respuesta violenta a una violencia anterior. Esto sólo lleva a una imparable "espiral de la

violencia" en la que todos se convierten en víctimas: es, por ello, enormemente importante el

descubrimiento y la denuncia pública de la provocación.

5. Que los partidos democráticos, especialmente los situados más a la izquierda, rechacen con firmeza

todo tipo de violencia terrorista, incluida, por supuesto, la que puedan haber desarrollado o desarrollen

grupas extremistas que se reclaman, real o ficticiamente, de una filiación izquierdista, y ello por muy

diferentes y opuestas que sean las motivaciones alegadas por unos y otros extremistas. Además de

inmoral, a la larga, la violencia es contrarrevolucionaria. Hay que abandonar, pues, definitivamente

cualquier irresponsable verbalismo de ese carácter, incluido el casi inofensivo de los "valientes

revolucionarios de salón".

6. Que, a pesar de todas las concomitancias que sea posible establecer, se diferencie y se separe con toda

claridad entre la llamada "violencia institucionalizada" (propia de la coacción ejercida por el Estado y el

Derecho) y la violencia no institucionalizada, quiero decir ahora la violencia terrorista. Para ello es, desde

luego, fundamental que aquélla no ejerza con limites y responsabilidades establecidas por y ante el

Derecho, así como se institucionalice y se legitime democráticamente.

7. Que el Estado, pues, se constituya progresivamente como un Estado democrático, con Parlamento

libremente elegido, con pluralismo de partidos políticos, con Gobierno responsable ante aquél, etcétera.

Por supuesto, que en las democracias también hay terrorismo: pero su peligrosidad es, sin duda alguna,

mucho menor. Cuando estamos precisamente en presencia de un terrorismo que lo que pretende es

impedir el paso hacia la democracia, la lucha será, desde luego, mucho más fácil al no disponerse aún de

todos los poderosos resortes y mecanismos que puede movilizar el Estado democrático. Pero los métodos

contra aquél serán sustancialmente los mismos: no retroceder en el camino hacia la democracia y

movilizar el Estado todos sus recursos para combatirlo.

8. Que las Fuerzas Armadas y de Orden Público tengan como máximo orgullo de su tarea y profesión, por

un lado, la defensa de la Patria frente al enemigo exterior, en caso de una agresión bélica de ese carácter,

y, por otro, siempre muy por encima de todo tipo de intereses partidistas, la defensa interior frente a

quienes pretendan destruir violentamente el orden institucional democrático creado en libertad por el

pueblo.

9. Que las más altas instancias pongan en juego todo su peso y todo su prestigio para remover los

obstáculos, más o menos poderosos, que dificulten la investigación y la acción eficaz contra el terrorismo,

asegurando el trabajo común y la superación de grietas y diferencias que en el interior del Estado puedan

surgir, a fin de lograr la efectiva unidad de todos frente a esa violencia desatada y la defensa de un orden

social, político y Jurídico que sea libremente y con participación de todos construido.

10. Con las anteriores condiciones cumplidas, probablemente no desaparecerá del todo la violencia

terrorista, pero quizá se haga cada dia más difícil, inútil e ineficaz. Si, a pesar de todo, surge un nuevo

crimen o acto terrorista (tampoco debe esperarse pasivamente su "inevitable", fatal, comisión) será

necesario seguir siempre conservando la serenidad y el dominio de sí, por debajo del dolor y de los

sentimientos de indignación que produzca, sin caer nunca en actitudes de pánico o de histeria individual o

colectiva: sólo así —con autocontrolserá posible el control efectivo de la situación.

Es decisivo tener bien en claro —y esto con total seguridadque si el Estado, el Gobierno, las Fuerzas

Armadas y de Orden Público, los partidos políticos y el pueblo, en definitiva, no desean la violencia y

trabajan juntos contra ella, entonces el terrorismo que —esto nadie lo pone en dudaes absolutamente

minoritario acabará por perder todas sus posibilidades (frustrado su objetivo que es precisamente no el de

"matar por matar", sino el de introducir la discordia y el enfrentamiento en el interior de las instituciones

del Estado) y terminará sin duda alguna por desaparecer. No hay terrorismo que pueda contra un pueblo y

su Estado cuando ambos están unidos en la necesidad y en la esperanza de una verdadera paz democrática

Elias Díaz

 

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