Autor: Maqueda, Martín. 
   Gil-Robles: De la CEDA a Matesa     
 
 Informaciones.    03/05/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Por MARTIN MAQUEDA

Gil-Robles: De la C.E.D.A. a Matesa

A los setenta y seis años este hombre -con un punto de energía en el rostro a pesar de la fatiga

perenne anclada en su mirada — toda-vía se resiste al eclipse. Semejante terquedad del ex líder de la

C.E.D.A. resulta más significativa si se recuerda que tres décadas atrás toda la España situada a su

derecha (incluso buena parte de sus antiguos correligionarios), los vencedores, habían profetizado su

muerte como hombre público. Esta opinión generalizada fue quizá el más cómodo resumen de la historia

profundamente contradictoria de nuestro personaje, que, en cinco años de actividad política (1931-1936),

conoció - como él mismo ha escrito - «las aclamaciones delirantes de inmensas multitudes y los ataques

sañudos de individuos y colectividades» y supo de la «adhesión fervorosa de las masas y de la deserción

cobarde de muchos que se llamaban incondicionales». Ejemplo, en fin, de lo corto que puede llegar a ser

el camino que conduce de la gloria al olvido.

Hoy bien puede decirse que el señor Gil-Robles nunca «murió» completamente. De entrada (y luego de

algunas iniciativas desde el exilio que, por razones históricas obvias, pasaron inadvertidas en el interior)

don José María trabajó en la formación del primer embrión democristiano de tendencia moderada

(Democracia Social Cristiana) de la España de la posguerra, intento paralelo a otro de la misma ideología,

pero más radical (Izquierda Demócrata Cristiana), auspiciado por un viejo compañero de partido: el

profesor sevillano Giménez Fernández, ya fallecido. Culminación de ambas iniciativas fue el llamado

«contubernio» de Munich (1962).

Hace muy pocas semanas, don José María Gil-Robles sorprendió al país (incluido probablemente el

propio Gobierno) con el anuncio de que pretendía constituir una Federación Popular Democrática de

inspiración cristiano-demócrata, acogiéndose, no al Estatuto de Asociación Política, sino a la ley de

Asociaciones de 1964. Como el señor Gil-Robles ha manifestado reiteradamente su propósito de no

participar en el juego asociacionista, según los nuevos cauces, no es fácil comprender cuáles hayan

podido ser las razones del ex ministro para recurrir a ropajes legales más bien pasados de moda. Y,

finalmente, Matesa. Desde que hace casi cinco años la esposa de don Juan Vilá Reyes encargara al ex

«jefe» la defensa de su marido, el señor Gil-Robles no ha descansado.

INFORMACIONES POLÍTICAS 3

 

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