Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
   Habla Gil Robles     
 
 ABC.    15/09/1972.  Páginas: 4. Párrafos: 37. 

ABC REPORTAGE

HABLA GIL ROBLES

Por Julián CORTES-CAVANILLAS

«POR TEMPERAMENTO, POR EXPERIENCIA HISTÓRICA Y POR LA FE QUE SIGO TENIENDO EN ESPAÑA, SOY LO

SUFICIENTEMENTE OP-TIMISTA PARA CREER QUE MI PATRIA SERA CAPAZ DE SUPERAR LOS PROBLEMAS

POLÍTICOS QUE SE LE PLANTEARAN EN UN FUTURO PREVISIBLE»

«LOS PARTIDOS SON UN MAL CUANDO SU IDEÓLO-GIA Y SU COMPORTAMIENTO LOS HACE INCOMPATI-BLES

CON LOS PRINCIPIOS BÁSICOS EN QUE LA SOCIE-DAD DESCANSA»

«EN EL BALANCE DE LA PASA ACTUAL HAY FAC-TORES POSITIVOS; TALES COMO UN TERCIO DE SIGLO DE PAZ

MATERIAL, UNA ELEVACIÓN DE NIVEL DE VIDA, UNA ATENUACIÓN AL MENOS SUPERFICIAL, DE MUCHOS

FACTORES DE DISCORDIA, LA INICIACIÓN DE UNA POLÍTICA DE AMPLIA SEGURIDAD SOCIAL, ETCÉTERA, QUE

SERIA TAN INJUSTO COMO ESTÚPIDO IGNORAR»

José María Gil Robles y Quiñones, político con nombre propio: en la Historia de España, viene a estas

página» en una entrevista de. Julián Cortés-Cavanillas.

"Se puede evitar esa partitocracia tan funesta y convertir las libres asociaciones en núcleos fecundos de

las grandes corrientes ideológicas, en instrumentos de condensación de opiniones bien definidas, en

centros de coordinación, en un primer escalón de la política con la técnica, en un elemento ordenador de

lo que de otra forma no sería más que el caos de pareceres incontrolados", dice a Cortés-Cavanillas el

ilustre abogado y político don «losé María Gil Robles.

Luis Felipe, Rey de Francia. Príncipe de Metternich. Don Francisco Silvela.: Tres personajes citados por

José María Gil Robles en sus respuestas.

"El previsto mecanismo sucesorio sólo podrá funcionar normalmente en la etapa de la transmisión si el

sucesor acepta las. hipótesis que el propio mecanismo le impone.."

"La harmonización de la autoridad con la libertad, con el más recto sentido democrático, es el gran

problema que se presenta a todos los regímenes, ya sean democráticos, ya aspiren sinceramente a serlo.

JOSÉ María Gil Robles y Quiñones es un político con nombre propio en la Historia de España. Esto ya no

se lo pueden negar sus más crudos enemigos ni sus más leales adversarios de otra hora - yo milité entre

estos últimos en la época de la República, aunque hoy me honre con su amistad cordialísima -, porque

sería notoriamente injusto no reconocer sus grandes cualidades de alta inteligencia, de dialéctica

elocuentísima, de encendido amor a España y de extraordinaria capacidad para el trabajo. A estas alturas

de la vida política española, quien fue jefe de la Democracia Cristiana española y ministro de la Guerra en

una época aciaga y de dramáticos acentos, dando un ejemplo de dignidad y austeridad, reconocido por

unas emocionantes palabras del General Franco, viene a estas páginas a formular sus juicios de cuanto

siente y piensa de cara al futuro de España, que tanto nos importa a quienes trabajamos con la mejor

buena voluntad en su servicio.

- Don José María, la pregunta inicial en estas entrevistas es saber si mi interlocutor es optimista o

pesimista en cuanto al futuro de España. ¿Cómo es usted?

- Por temperamento, por experiencia histórica y por la fe que sigo teniendo en España soy lo

suficientemente optimista para creer que mi Patria será capaz de superar los problemas políticos que se le

plantearán en un futuro previsible.

EL TRANSITO A LA MONARQUÍA

- ¿Cree que el mecanismo sucesorio podrá funcionar normalmente y garantizar el tránsito sereno a una

Monarquía moderna sin hipotecas de ningún género?

- El previstomecanismo sucesorio sólo podrá funcionar normalmente en la etapa de la transmisión si el

sucesor acepta las hipotecas que el propio mecanismo le impone. Ahora bien, una cosa es la aceptación

pura y simple de la herencia y otra muy distinta el deseo y la posibilidad de amortizar esas hipotecas por

los cauces de una normalidad jurídica y política.

- ¿Sobre qué bases y sobre qué objetivos políticos deberá asentarse y orientarse la nueva etapa a la que

imprimirá carácter la Monarquía?

- La Monarquía a que usted se refiere deberá, a mi juicio, ser el instrumento de una evolución prudente y

paulatina, pero sincera, desde el sistemar autoritario que heredará hasta un régimen verdaderamente

representativo, que es la meta. Del fracaso o del éxito de esa política dependerá que la Monarquía sea,

como se ha dicho con gran acierto, una simple salida, más o menos precaria, o una solución con

posibilidades fecundas.

- ¿Cómo se debe producir la evolución política del régimen sin perder nuestras propias y peculiares

características?

- Ya he dicho que esa evolución debe ser realizada de un modo prudente, con arreglo a etapas

cuidadosamente estudiadas, pero aplicadas con toda lealtad. Tan peligroso sería un salto brusco en el

vacío de lo desconocido como un propósito deliberado de inmovilismo, apoyado en consideraciones de

falsa prudencia. En la vida política de cualquier pueblo, y de un modo especial en el sistema por el que se

rige, hay que distinguir lo intangible, que es poco, de lo transitorio, que es lo más. No es dogmático todo

lo que, con mayor o menor énfasis, se define como tal en unas leyes fundamentales, fueran las que fueren.

Más aún. Lo que en un momento histórico constituye un principio básico puede y debe ser modificado

cuando la evolución de la sociedad lo exija o simplemente lo aconseje. La primera tarea que debe

acometer el régimen que suceda al actual es la de establecer la debida distinción entre lo que es sustancial

per se y lo que, en función de la evolución histórica, es meramente accidental. Lo primero ha de ser

mantenido a toda costa. Lo segundo debe ser modificado según las circunstancias lo exijan, empleando

para ello las amplísimas facultades que estarán vinculadas a la Jefatura del Estado, aún después de que

ésta no sea ya ejercida por su actual titular. El ideal sería que la nueva Jefatura del Estado pudiera

acometer esas reformas con la colaboración de organismos auténticamente representativos de la voluntad

de la nación. Sin embargo, la estructuración de esa representación puede no ser obra de un día, y por eso y

por la razón fundamental de que los cauces representativos tienen que ser abiertos por alguien parece

inexcusable que tan delicada tarea corra a cargo de quien ostente la suprema magistratura política. Deben

hacerse más efectivos los derechos definidos en el Fuero de los Españoles, en particular los de la libertad

de los medios de comunicación social, de reunión y de asociación.

- ¿Cuál seria la clave para la auténtica participación ciudadana en la vida pública?

- Es muy fácil en un sistema autoritario definir unos derechos personales. Lo difícil es garantizarlos. No

será posible una verdadera participación ciudadana en la vida pública, mientras no se garantice de un

modo autentico el ejercicio legítimo de esas libertades personales básicas, y no sólo mediante normas

legales que hasta pueden ser perfectas en teoría, sino por su aplicación práctica, y por el ambiente político

en que ese ejercicio se desenvuelva.

PARTIDOS Y ASOCIACIONES

- ¿Cabría en España una reglamentación que impidiera la partitocracia?

- Uno de los pretendidos dogmas necesitados de revisión, a los que antes me refería, es el que considera

como intrínsecamente malos y condenables los partidos políticos. Los partidos, es decir, las asociaciones

o grupos a través de los cuales se exteriorizan las divergencias de criterio, son la consecuencia inevitable

de la propia naturaleza humana. Habrá de hecho partidos siempre que haya hombres que discrepen acerca

de las soluciones que conviene aplicar a unos determinados problemas políticos o sociales. Los partidos

existen, aunque se quiera desconocerlos o condenarlos. Son un hecho de alcance universal. Y pocas cosas

hay tan peligrosas en política como empeñarse en prescindir de la realidad. ¿Quiere esto decir que los

partidos constituyan algo intangible? De ningún modo. Los partidos políticos son un mal, cuando su

ideología y su comportamiento los hace incompatibles con los principios básicos en que la sociedad

descansa, o también cuando el sistema representativo favorece su proliferación con el ineludible

predominio de los intereses particulares sobre los generales o de las ambiciones personalistas sobre las

exigencias del bien común. El parlamentismo - forma de sistema representativo en el que los órganos en

que descansa la función ejecutiva dependen de la voluntad de las Asambleas deliberantes - favorece la

maligna multiplicación de los partidos, con su consecuencia obligada de inestabilidad y esterilidad

gubernamental, máximo cuando un sistema electoral defectuoso acentúa la gravedad del fenómeno. Los

partidos políticos deben sor sometidos a una cuidadosa reglamentación en su creación, en su

funcionamiento, en su entronque con los organismos en que encarnan las funciones públicas, en la

publicidad de sus cuentas, etcétera, Esa reglamentación debe completarse con un sistema electoral que

favorezca las grandes concentraciones ideológicas en lugar de impulsar la multiplicidad de grupitos

perturbadores. De ese modo puede evitarse esta partitocracia tan funesta a que la pregunta se refiere y

convertir las libres asociaciones en núcleos fecundos de las grandes corrientes ideológicas, en

instrumentos de condensación de opiniones bien definidas, en centros de coordinación en un primer

escalón, de la política con la técnica, cada día más necesaria en las nuevas sociedades políticas, y, en una

palabra, en elemento ordenador de lo que, de otra forma, no sería más que el caos de pareceres

incontrolados.

- ¿Qué entiende por Movimiento Nacional y que podría ser cuando la etapa de mando del General Franco

haya terminado?

- El Movimiento es hoy la perduración de lo que, en su día, fue una realidad difícilmente discutible: la

coincidencia de muy diversos núcleos de opinión en la necesidad de poner fin a una situación anárquica y

hacer frente, con un criterio de unidad, a los grandes problemas que de esa situación y de su liquidación

por las armas se derivaron. Cumplida esa misión, lo que fue una realidad puede convertirse en una

denominación convencional desprovista de contenido, máximo el día en que desaparezca la personalidad

que sirvió y sirve de aglutinante y de símbolo.

LAS LEYES FUNDAMENTALES SON REVI-SABLES

- ¿Son intangibles o son revisables las leyes fundamentales del régimen?

- Las Leyes Fundamentales no son intangibles ni irrevisables. Recuerde lo que con anterioridad dije

acerca de lo esencial y lo accidental en toda ordenación política. Una gran parte de todo ordenamiento

legal puede ser no sólo admisible, sino indispensable en un momento dado. Pero eso mismo puede

convertirse en inútil y aun perjudicial cuando la sociedad, en constante evolución, ha creado nuevas

formas de vida. Una legislación fundamental que sobrevive a las circunstancias que le dieron vida se

convierte en un cuerpo muerto incapaz de cumplir su misión reguladora, cuando no en un factor de

subversión de los espíritus. Hablo, como es lógico, en términos generales válidos para todos los tiempos y

países. Pero si pasamos a una realidad que más de cerca nos toca, permítame que apoye mi opinión en las

palabras de un profesor universitario, a quien nadie podría clasificar entre los discrepantes del Régimen.

En su obra "La Constitución Española", editado por la Editora Nacional, que ha alcanzado varias

ediciones, Rodrigo Fernández Carvajal dice de un modo textual: "Después de construido el edificio

constitucional habrá que poblarlo de realidad, y ello va exigir en nuestros gobernantes unas dotes de

imaginación, sin duda, superiores a las requeridas para la elaboración de los textos legales... Unas

realidades políticas sistemáticamente camufladas, revestidas de un vocabulario incongruente, fomentan el

cinismo de los políticos que se acostumbran, poco a poco, a verbalizar sin conexión con la realidad, y

quien verbaliza sin conexión con la realidad casi siempre acaba en franca degradación moral; entre el

falso lenguaje y la mala conducta hay una directa relación. De aquí que continúa diciendo este autor - por

lo tanto, la reforma de la política haya de ser una reforma verbal; hay que llamar a las cosas por su

nombre, y como el problema está en que muchas no tienen nombre, la primera misión de la teoría política

contemporánea es denominadora y bautismal." El testimonio es terminante, pero la conclusión me parece

incompleta. Si la primera misión de la teoría política es denominadora y bautismal; la segunda,

encomendada a los políticos del futuro. debe ser revisora, con objeto de rellenar de vida lo que sin ello

sería puro verbalismo, y hacerlo por cauces evolutivos constructores y no por pasionales procedimientos

destructivos.

- Sobre la hipótesis de que aún en vida de Franco pueda ser proclamado Rey el Príncipe Don Juan Carlos,

¿cómo se desarrollaría la iniciación del reinado?

- Mire, fue Silvela quien dijo que en España todo es posible y nada es probable ¡ Calcule usted cuáles no

serán los riesgos que correría quien se lanzase por el camino de las profecías políticas! No creo que

durante la vida de Franco se dé la hipótesis que sirva de base a la pregunta. Pero si, contra todas las

previsiones lógicas, esa hipótesis se diera, el nuevo reinado difícilmente dejaría de iniciarse como una

continuación pura y simple del sistema actual.

- Imaginando un poco el futurible, ¿cómo se designaría un nuevo Gobierno y cual sería su línea

programática?

- La solución del problema que plantea la pregunta estará condicionada por el hecho de que, en el

momento de producirse la transmisión de poderes, esté o no esté ya designada la persona que haya de

ocupar la Jefatura del Gobierno durante un plazo fijado por la Ley. En el primer caso, el Monarca

instaurado disfrutará de mucha manos libertad de acción que en el segundo para designar un Gobierno y

adoptar una línea programática. En cualquier hipótesis, la política que siga no se apartará sensiblemente,

al menos en las primeras etapas, de la que impera en la actualidad, y en buena parte y en todo caso

dependerá de la actitud que adopten las fuerzas no políticas ni sindícales.

MONARQUIA, AUTORIDAD Y LIBERTAD

- ¿Como armonizar dentro de la Monarquía y con el más recto sentido democrático la autoridad con la

libertad?

- Esa harmonización es el gran problema que se presenta a todos los regímenes, ya sean democráticos, ya

aspiren sinceramente a serlo. En términos generales podríamos decir que el ideal seria poseer una

autoridad que fuera suficientemente fuerte para no tener que caer en la tentación de ser arbitraria. He

empleado la palabra autoridad, que no es lo mismo que poder. Este es la aptitud y la posibilidad de

imponerse por la fuerza. Aquella implica el derecho moral de mandar. Ahora bien, el concepto de

autoridad está íntimamente ligado con el de legitimidad. La pura legitimidad histórica y hereditaria se da

ya en muy contados casos, y aún en ellos. si se remonta el curso de la Historia, se llega a un momento en

el que esa legitimidad tiene su origen y su punto de arranque en unas circunstancias históricas ajenas al

principio de continuidad dinástica. A lo largo de los siglos han ido surgiendo poderes legitimados por un

estado de necesidades. Por eso, en los tiempos modernos, las monarquías han tenido que completar su

legitimidad hereditaria con la legitimidad nacida del consentimiento de los ciudadanos libremente

expresada. La consecuencia, en mi opinión, es evidente. Cuanto más alejado esté el titular del poder

supremo del principio de legitimidad hereditaria y del estado de necesidad que excepcionalmente le dio

vida, más necesitado estará de procurar y obtener la legitimidad democrática, sin la cual podrá durante un

espacio de tiempo mayor o menor ejercer ni poder, pero no encarnar la autoridad. Y esa autoridad, fuerte

por su valor moral, y apoyada por los medios materiales que permitan nacerla efectiva, deberá ser el eje

en tomo al cual se lleve a cabo la indispensable transformación de las instituciones políticas. Cuando cayó

la Monarquía legitima en Francia, a consecuencia de las "jornadas de julio" de 1830, el príncipe de

Metternich - a quien nadie podrá tachar ciertamente de peligroso izquierdista - dudaba - como escribió en

sus Memorias - que se consolidara en el trono Luis Felipe de Orleans, porque le faltaba el título de legiti-

midad hereditaria de la rama primogénita de los Borbones, el brillo de las empresas militares de Napoleón

y el apoyo de una verdadera democracia ¡Y, Metternich, acertó!

- ¿Responde a una necesidad de eficacia y utilidad el Consejo del Reino?

- En un régimen de Monarquía instaurada, constitucional!, pero no parlamentaria - y hago esta

consideración en el terreno teórico, prescindiendo del problema de su legitimidad - un Consejo del

Reino, integrado por personalidades eminentes, colocadas, hasta donde fuera humanamente posible, por

encima de consideraciones partidistas y de aspiraciones personales, seria un organismo de máxima

utilidad, cuyo parecer habría de solicitar necesariamente el Monarca antes de tomar decisiones tan

trascendentales como las de cambiar un Gobierno que hubiera perdido la confianza de la Asamblea

legislativa, disolver las Cortes, patrocinar una modificación de las Leyes Fundamentales, firmar Tratados

de alianzas ofensivas, etcétera.

- La futura política exterior de España, ¿qué objetivos debería cumplir preferentemente?

- Los impuestos tradicionalmente por exigencias de nuestra situación geográfica, la conservación de los

territorios a que se extiende nuestra soberanía, la recuperación de los que nos pertenecen y, en el

momento actual, la plena incorporación a Europa.

ESPAÑA Y EL MERCADO COMÚN

- ¿Qué obstáculos existen para que no podamos entrar en el Mercado Común?

- Es incierto que el Tratado de Roma nos imponga determinadas condiciones políticas. Lo es igualmente

que la Europa, hoy de los "Seis" y mañana de los "Diez", nos rechace por fobias inmerecidas o por

intereses inconfesables. Lo que ocurre es que la Europa que va camino de una unidad cada día más

completa se ha trazado unas normas susceptibles de asegurar una homogeneidad básica de las

instituciones políticas de los países que la integren. Ocurre lo que en cualquier club o asociación. A nadie

se le obliga a que entre, pero si quiere ingresar, ha de aceptar el Reglamento o los Estatutos. Si no lo hace

se queda fuera, sin que ello signifique una ofensa o un desdoro. En nuestro caso, ha de ser España la que

decida si le conviene más quedarse en la situación actual, de mero partícipe en un Tratado comercial

preferente - preferente, entiéndase bien en los dos sentidos - o hacer evolucionar sus instituciones para

alcanzar un mínimo nivel de homogeneización con las de los miembros integrantes de la Comunidad

Económica Europea.

- Del balance de la España actual, ¿qué hay a su juicio de positivo y de negativo?

- Todo régimen político tiene éxitos que se contabilizan en su activo y desaciertos que van al pasivo. En

el caso de España hay factores positivos, tales como un tercio de siglo de paz material, una elevación de

nivel de vida, una atenuación al menos superficial de muchos factores de discordia, la iniciación de una

política de amplia seguridad social, etcétera, que sería tan injusto como estúpido ignorar. Ahora bien,

estos factores positivos adquieren ante la masa del país un especial relieve gracias a una propaganda de

sentido unilateral, expuesta a la exageración apologética o a la exaltación interesada, que tal vez no

permita distinguir bien lo que es verdadero y, por consiguiente indiscutible, de lo que puede estar

deforma-do y sujeto, por lo tanto, a revisión. En cambio, los factores negativos no salen a la superficie, y

sus consecuencias, más bien intuidas que valoradas, no pueden percibirse debidamente en el

momento actual. Por eso el balance es muy difícil de establecer. Eso será la tarea de la Historia. Sin

embargo. me permito recordar que en un libro publicado en 1965 por un grupo de amigos, que me

honraron encargándome su dirección, están escritas estas palabras, que me parece que siguen teniendo

actualidad. "La vida de su pueblo, que es la Historia, pesa sobre este en su totalidad. De ella no

pueden desglosarse, en virtud de una pretendida ética política, aquellos hechos con los que

ideológicamente, nos consideremos disconformes. Aunque lleven consigo un lastre da desgracias

nacionales, pertenecen por entero a la Patria, han sido sustancia de la misma y. en cierto modo, no han

dejado de contribuir a su progreso. Un régimen político que durante más de un cuarto de siglo ha

caracterizado a un país, nunca será el día de mañana un simple paréntesis que se puede cerrar y olvidar.

Su huella será muy honda, quiérase o no, y es preciso contar con esto."

- ¿Cuál es el gran papel del Rey en el futuro inmediato de España?

- Partir del presente para preparar el futuro: impulsar como he dicho, una evolución prudente en sus

etapas, pero sincera y lea en sus propósitos, hacía unas estructuras auténticamente democráticas, y no

olvidar que si es verdad que todo poder viene de Dios, la voluntad del pueblo es hoy el cauce por el que

se concreta en un hombre y en unas instituciones, para darles una legitimidad plana.

Julián CORTES-CAVANILLAS

 

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