¿Venganza póstuma de Franco?     
 
 Diario 16.    09/03/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

¿Venganza postuma de Franco?

Si no se clarifica de una vez el panorama político, los españoles van hastiarse

de la democracia antes de estrenarla. Salvo la minoría reducida de los

"enterados" —formado por la llamada clase política que está en el Poder o aspira

a estar en él por unos cuantos aficionados más que desempeñan el papel de

espectadores—, el resto de la población empieza a estar aburrida de una

situación que no entiende ni sabe cómo puede evolucionar. Hace unos meses la

democracia era un objetivo preciso que parecía estar al alcance de la mano y

polarizaba muchos entusiasmos. Pero el tiempo ha pasado y todo se ha ido

oscureciendo como si existiera un deliberado propósito de decepcionar a cuantos

aspiraban a una renovación a fondo de nuestra vida política basada en la

institucionalización de la libertad y en el ejercicio responsable y democrático

del poder.

Una reciente encuesta realizada en Cataluña, demuestra que en aquella región —

por tantos motivos una de las más evolucionadas de España— hay un 36 por 300 de

votantes potenciales que, sin embargo, no piensan votar a ningún partido o no

saben todavía por quién se decidirán. La confusa proliferación de partidos y

seudopartidos, la multiplicación de títulos y nombres idénticos o parecidos, la

semejanza de siglas diferenciadas apenas por las h, las r o alguna otra letra

del alfabeto que parece haberse quedado corto, la reiteración de ciertos

adjetivos pretendidamente identificados como "popular", "socialdemócrata",

"democrático" y tantos más, son sólo los escollos superficiales que impiden al

hombre medio —al que todos se dirigen, al que todos dicen representar y

servir, cuyo voto quieren todos— saber de qué va la cosa, ni quién es quién, ni

qué significa nada.

Recién muerto Franco se explicaba la miríada de grupos políticos como un efecto

necesario de la clandestinidad y la prohibición. Era verdad y desgraciadamente

lo sigue siendo. Pero ha pasado año y medio y los partidos se han multiplicado

como si se tratara de un fenómeno de metástasis. El mismo día que puede

saludarse una unión o fusión hay que lamentar varias escisiones. Y todo ello sin

contar con la aplicación, inédita en Europa de los criterios regionalistas o más

bien cantonalistas a nuestro sistema de partidos, que junto con las matizaciones

ideológicas y fulanistas han hecho de él un auténtico guirigay. Hay que

compadecer a los encargados del Registro de Asociaciones Políticas por el

aluvión partidista que les anega. Seguro que sólo pueden manejarse previo paso

de los datos por los ordenadores electrónicos. Si los partidos continúan así

tendrán que echar mano para diferenciarse del alfabeto griego o de subíndices

numéricos, por cada vez estarán más lejos del hombre de la calle.

El Gobierno, por su parte, parece estar jugando a forzar esta carta de la

multidivisión de los grupos, sin percatarse de que es un arma de doble filo, que

al final sólo puede beneficiar al continuismo de Alianza Popular. Se consumaría

así la venganza póstuma de Franco que es, sin duda alguna, quien creó las

condiciones de la presente proliferación de partidos con su sañuda persecución

de toda forma de vida democrática. Ante este riesgo, que supondría el escamoteo

de la democracia sabe Dios por cuánto tiempo, todos los partidos democráticos,

de la derecha civilizada a los socialistas, tienen que reaccionar aceleradamente

estableciendo un gran pacto por la democracia. Un pacto que tenga como objetivo

lograr que las próximas Cortes funcionen efectivamente como Cortes

Constituyentes. Dejando a un lado sus particulares punto vista, deben ponerse de

acuerdo en el esquema de la futura constitución y, con ese programa, presentarse

unidos a las elecciones. De otro modo, se está haciendo el juego a los

franquistas que sólo aspiran a la perpetuación de la dictadura disfrazada de la

piel de oveja democrática.

 

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