Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   No es hora de dimitir, sino de actuar     
 
 ABC.    27/01/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Jueves, 27 DE ENERO DE 1977

APUNTE POLITICO

No es hora de dimitir, sino de actuar

Por José María RUIZ GALLARDON

Con unas elecciones generales de carácter constituyente como telón de fondo, se producen los terribles

acontecimientos de días pasados. Es, desde esta perspectiva, como, creo, deben enfocarle la

intencionalidad de los hechos pasados y los por venir. Porque, a lo que parece, lo que se pide ahora es no

sólo la amnistía, sino la cesación de toda intervención de la Fuerza Pública en la calle. Se acaba de pedir

la dimisión «parcial» del Gobierno. Lo cual arroja mucha, muchísima luz sobre el ennegrecido panorama

político español.

La táctica preelectoral de gran parte de la izquierda se articulaba sobre dos grandes pretensiones; una

normativa electoral que les fuera favorable y un Gobierno todo lo más afín a sus ideas para que impidiera

los comicios.

De alguna manera, el primero de esos objetivos están en trance de lograrlo. A ello dirige sus esfuerzos la

Comisión negociadora de la oposición.

Pero, en cambio, introducir la cuña de unos cuantos ministros de su gusto, en una especie de Gobierno-

árbitro proclive a sus deseos, para las elecciones, no parecía estar al alcance de su mano.

Es entonces cuando ocurren los luctuosos sucesos de estos días. Y es ahora cuando se acusa de debilidad

e ineptitud a parte del Gobierno actual. Los ataques se centran, sobre todo, en el titular de la cartera de

Gobernación.

La izquierda presenta su «solución» al problema de un terrorismo, cuyos agentes —y sus

responsabilidades— no están, de ninguna manera, determinados: que dimitan algunos ministros y se

forme un Gobierno de concentración —con «oriundos del franquismo» y miembros de la oposición— que

restablezca el orden público —autorizándolo todo, según se pide— y descartando cualquier intervención,

en cualquier supuesto, de las Fuerzas Armadas.

Pues bien: no. Esa no es la solución para España ni para su paz ciudadana: eso es la ruptura con el orden

institucional, impuesta al socaire de una gravísima situación de deterioro de la convivencia. Gravísima,

pero no irremediable. Ahora, menos que nunca, los ministros encargados de velar por la normalidad

deben ser sustituidos, ni mermadas sus facultades ni presionadas las Fuerzas de Orden Público. Lo que

hay que hacer es, precisamente, todo lo contrario: aumentar su capacidad de intervención para que, moral

y efectivamente, puedan desarrollar sus funciones sabiéndose sostenidos por la inmensa mayoría de los

españoles.

Y actuar con la celeridad y la autoridad necesarias para que respondan ante la justicia tanto los

secuestradores del señor Oriol y del teniente general Villaescusa, como los autores de los asesinatos. Y

todos veremos entonces quiénes son y a qué consignas obedecen.—

J. M. R G.

 

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