Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
   Un sistema político no se pone en marcha con sorpresas     
 
 Ya.    24/03/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 14. 

Carta abierta de Augusto Assía

UN SISTEMA POLITICO NO SE PONE EN MARCHA CON SORPRESAS

Mientras don Adolfo Suárez espera desde su torre de marfil, aumentan y tienden a encresparse la

defraudación y la alarma nacionales

Querido director:

"Como se hace el pan es metiéndolo en el horno y esperando a la puerta pacientemente a que se cueza",

decían loa viejos prusianos, con una fórmula contraria a la castellana, según la cual, para hacer pan "hay

que meter las manos en la masa".

Lo que pretende para hacer la democracia aquí el presidente del Gobierno es emplear, querido director, la

formula prusiana de hacer el pan metiéndonos a los españoles en las urnas y esperar pacientemente a ver

lo que sale. Perdóneme usted que insista en el tema ya abordado por mi carta de ayer, en gracia a que las

reacciones que, tanto por telófono como por telégrafo o personales, la carta ha producido con lo

inmediato y apasionado de las mismas, me revela que mientras don Adolfo Suárez espera desde su torre

de marfil a que nos debatamos sobre el agora, cunden, aumentan y tienden a encresparse la defraudación

y la alarma nacionales.

La verdad, señor director, es que no se comprende que una actuación tan ilustrada y prudente como la

que, durante meses, ha conducido el actual Gobierno, ahora, cuando llega la hora de hacer balance y

tornar camino, sea abandonada a un albur que sólo puede ser comparado con el de la ruleta.

¿NECESITAMOS ALFORJAS PASA ESTE VIAJE?

Si ahora todo va a ser dejado a la improvisación y al acaso, ¿de qué nos puede servir la sagacidad puesta a

contribución todos estos meses, el hábil desmantelamiento de la dictadura, la liberación de la dinámica

política, la graduación preciosista para sustituir ei poder personal por el judicial, la destreza diplomática, a

fin de reemplazar, en el mundo, una imagen que apenas producía otra cosa que hostilidad por una imagen

que apenas sí produce otra cosa que adhesiones? Naturalmente que no hay que envolver la figura del Rey

en nuestras discrepancias, pero ¿podemos legítimamente acallar el desasosiego que nos produce la

contemplación de un panorama en el que, por lo visto, el Gobierno de Su Majestad no se da cuenta del

factor estabilizante, y, a la vez, estimulante que, para el desarrollo de nuestra democracia, se na revelado

en la Incansable actividad del Rey y de la Reina ?

¿Es, querido director, que todo este capital de buena voluntad y todas las consecuciones, nacionales e

internacionales, no van a entrar en la química electoral y van a estar ausentes de las urnas?. ¿Es asi como

el Gobierno de Su Majestad cree que se hace una democracia? Si sale con barbas. San Antón, y si sale sin

ellas, la Purísima Concepción?

Excepto si los rumores que circulan atribuyéndole al presidente del Gobierno el propósito de

sorprendernos con una decisión que por sí sola, rectificaría el abandonismo actual fueran exactas, podría

encontrársele sentido .a la incoherencia de que aquí se quiera montar el juego democrático sin que

participen en él los que tienen los mejores y los más importantes triunfos. Pero

¿puede ser con sorpresas con lo que queremos poner en marcha un sistema político como el democrático,

cuya superioridad principal sobre el autoritario consiste precisamente en que le ha torcido el cuello a tas

sorpresas ? Aunque don Adolfo Suárez no sea el más experimentado político democrático de Europa,

tampoco es ningún pardillo, y no hay nada más difícil que reconciliar todo lo que el presidente ha hecho

hasta ahora con un salto en el vacío como el de improvisar un partido político a última hora, imitando al

famoso empresario de periódicos populares inglés lord Rotherme, cuando improvisó la famosa carta de

Moscú a los socialistas ta vispera de las elecciones del año 24, creo que fue del 24.

Si Suarez no esconde una sorpresa, ¿qué esconde entonces? He allí, señor director, la cuestión de

los 64 dólares.

EXPLICACIÓN NADA FÁCIL

Si es difícil aceptar que el presidente quiera cimentar la nueva democracia española en algo tan poco

democrático como la sorpresa, el hecho es que la idea de que un Gobierno que tiene tantos y tan legítimos

triunfos para contribuir a la consolidación de la democracia entre nosotros se lave las mano» con tos

argumentos menos convincentes que hayan sido esgrimidos jamás en una lucha democrática en pafs

alguno, no encuentra fácil explicación. Que, para que una lucha democrática pueda estar revestida de

verosimilitud y represente los verdaderos intereses del país, el Gobierno, los principios que el Gobierno

encarna y la garantía de que es centro hayan de inhibirse, permaneciendo al margen de la reniega, es una

tesis tan curiosa y arbitraria (vista desde un punto de vista democrático) que lo que a mi, señor director,

me inspira, si me inspira algo, es el temor de que no estemos todavía sumergidos en una mentalidad

anacrónica, mientras pretendemos fletar un país moderno.

¿Nos avergonzamos de algo o traemos algo?, dos cosas igualmente incompatibles con la

construcción de una democracia, la cual no sólo exige claridad, sino que exige que cada uno de nosotros

pongamos todo nuestro peso, sin excluir un adarme, a su servicio. ¿Por qué ha de ser una excepción el

Gobierno? ¿Sólo porque lo piden los comunistas, los socialistas y los Izquierdistas? ¿Es que la

democracia va a ser aquí ahora lo que quieran una combinación de izquierdista», socialistas y comunistas

y no va a ser la conjunción de todos los españoles, sin excluir a los que componen el Gobierno de Su

Majestad ?

Una democracia no es una dictadura en la que los poderosos hacen lo que les da 1a gana. ¿Cómo es

posible que el Gobierno de Su Majestad no Be percate de que, después de gobernarnos más de un año, no

tiene el derecho a inhibirse, y quedarse al margen de la lucha, sino la obligación de comparecer ante

nosotros para, primero en las urnas y luego en el Parlamento, afrontar nuestro enjuiciamiento, que, si es

bueno, ha de servir a cimentar las instituciones, y si es malo, a rectificarlas. No hay en la democracia

trucos que puedan sustituir al Juicio de la opinión pública, y cuando los comunistas, los socialistas o loa

izquierdistas pretenden excluir del contencioso popular al Gobierno, lo que, a mi modo de ver, están

haciendo es mostrando que, en cuanto 8 la misa democrática, no han aprendido todavía la mitad. Y que si

saben hacer el pan a la prusiana, no lo saben a la castellana. No es desde la barrera desde donde se hace la

democracia, sino metiendo las manos en la masa, y, a fe mía, que yo no veo cómo si don Adolfo Suárez

quiere seguir, si quiere, siendo el primer ministro democrático de Su Majestad, puede creer que es una

ventaja no haber concurrido a las elecciones y no habernos dado cuenta de lo que ha hecho, ni de lo que

quiere hacer, a los españoles. Podré tener, señor director, un concepto errado de la democracia, pero no le

veo el punto a don Adolfo, con lo que quedo de usted afectísimo amigo.

Augusto ASSIA

 

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