Autor: M. G.. 
 Guía práctica para las elecciones (y II). 
 Hay que elegir unas Cortes capaces de funcionar     
 
 Ya.    15/06/1977.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Guía práctica para las elecciones (y II)

Hay que elegir unas Cortes capaces de funcionar

Conviene votar al candidato «mejor de los posibles» y no gastar votos en candidatos sin posibilidades •

Sólo dos o tres tendencias tendrán representación significativa en el Senado, y unas cinco en el Congreso

• Votar a los demás puede ser un acto, testimonial..., pero inútil

L^N nuestra colaboración de ayer planteábamos una serie de •*-´ preguntas que cada elector tendría ,que

responder personalmente antes de decidir a quién conviene que otorgue su voto.

Lo que quisiera ahora ante todo subrayar es que no tiene mucho sentido decidir a quién vamos a votar si

antes no nos hemos clarificado suficientemente esas cuestiones previas. Con otras palabras: que la

cuestión ¿a quién votar? es secundaria e instrumental respecto a las planteadas en el párrafo anterior. Eso

dicho, pasamos a hacer las siguientes reflexiones prácticas que nos ayuden a concretar con lucidez

nuestro voto:

En general convendrá votar a aquellas personas (para él Senado) y aquella lista (para el Congreso) que en

conjunto se juzgue que pueden contribuir más eficazmente al logro de las metas que cada uno haya

escogido al responder a las preguntas anteriores. Piénsese que lo importante no es lograr que salgan

elegidas determinadas personas en un distrito concreto, sino lograr que como resultado de todas las

elecciones en los diversos distritos, resulten unas Cortes que, por su composición global, sean capaces,

ante todo, de funcionar, y luego, de alcanzar los objetivos posibles que el elector estima deseables.

Para,ello, y salvo excepciones, en las Cámaras tienen 2 más importancia ios grupos compactos que las

personalidades aisladas. Si por. ejemplo nos parece apto para los fines que pretendemos im determinado

grupo o partido (que además cuenta con buenos líderes en el conjunto nacional), tiene pleno sentido votar

a los candidatos que dé ese grupo, aunque en el distrito concreto en que tenemos que votar esos

candidatos sean personalmente muy flojos. Por el contrario, no tiene mucho sentido votar a un candidato

que personalmente nos gusta si luego su voto en las Cortes va a sumarse al de una tendencia que en

conjunto no juzgamos apta.

En cambio, puede, tener´sentido votar a grupos relativamente minoritarios (aunque suficientemente

fuertes para salir elegidos y tener algún peso en las Cortes), que pueden apoyar—y también moderar y

controlar eficazmente—a otros partidos más fuertes, cuyo triunfo prevemos, tal vez deseamos, pero con

tal de que estén sometidos a un cierto control. Lo dicho está ante todo pensado para partidos hasta cierto

punto limítrofes, pero vale también para partidos más alejados entre si, que de alguna manera conviene

que se contrapesen.

Atendidas las características del sistema electoral, y 4 salvo desviaciones debidas al despiste de muchos

electores (que seguirán por criterios de simple preferencia de personas), lo lógico es que para el Senado

salgan elegidos en cada distrito tres senadores, de ¡a tendencia mayoritaria y uno solo de la segunda en

importancia. Por tanto, si no se quiere desperdiciar el voto, conviene utilizarlo para apoyar a aquellos

candidatos que tienen fundadas posibilidades de salir elegidos. No siempre será posible sacar al qué ´nos

parece mejor; tal vez sea entonces preferible conseguir que salga al menos el mejor de los posibles y

evitar asi que salga uno que nos guste todavía menos.

Algo parecido pasa también con el Congreso, sobre 5 todo en los distritos poco numerosos. Por

ejemplo, en un distrito en que sólo se elijan tres o cuatro diputados, no tiene mucho sentido práctico dar el

voto a una lista de un partido que no tiene ninguna probabilidad de alcanzar´ al menos el tercer o cuarto

puesto. Lo, mismo se diga —aunque esto en la práctica sólo afecta a los distritos grandes—si no hay

probabilidades de "alcanzar el 3 por 100 requerido.

En ,el conjunto del país sólo las dos o tres mayores fi tendencias tendrán una representación significativa

en " el.Senado y sólo unas cinco en el Congreso. Ello quiere decir que, con realismo político, la estrategia

del voto hay que plantearla sabiendo que se trata de una lucha entre las dos o tres tendencias básicas, y

que en ella las otras dos o tres tendencias significativas sólo pueden intervenir aportando determinadas

matizaciones y controles. Las demás no tienen nada que hacer. Recordemos también que, en caso de

desacuerdo entre el Senado y el Congreso, las cuestiones constitucionales se deciden, en último término,

en sesión conjunta. Ello es una razón más para decidir el voto entre los grupos importantes.

Evidentemente no excluimos totalmente el voto testimonial, que, aunque inútil ea orden a conseguir

puestos, atestigua qué hay un determinado número de personas en el país que tienen una opción

minoritaria.

__ Con estas reflexiones a nadie le indicamos a quién tiene que votar, pero tal vez le hayamos ayudado a

ordenar sus propias ideas y a hacer más lúcida, consciente y libre su decisión.

M. G.

 

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