Autor: Gafo, Javier . 
 El aborto. 
 Depreciación de la vida humana     
 
 El País.    13/12/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

TEMAS PARA DEBATE / EL ABORTÓ

Depreciación de la vida humana

JAVIER GAFO

Hace algunos meses participé en una mesa redonda sobre el aborto en la que estaba presente una mujer

del movimiento feminista. Me sorprendió un aspecto de su intervención. Venía a decir que la discusión

sobre el aborto es muchas veces imposible,- porque se parte de dos planteamientos absolutamente

antagónicos e imposibles de conciliar. Por una parte, los que se centran en la consideración del valor de la

nueva vida que se está gestando, y por otra, los que ponen en primer plano la situación de la mujer que no

puede aceptar un embarazo no deseado. Naturalmente, me clasificaba a mí en el primer grupo.

Y tenía razón. Desde mi visión -de la vida, desde mi fe cristiana, desde mi condición de biólogo, me

tengo que situar fundamentalmente en el primer grupo. No puedo aceptar en conciencia el aborto porque

considero que el nuevo ser que se está gestando es un ser humano y no veo coherencia en afirmar que la

vida humana es intangible después que ha salido del vientre de su madre o después de equis meses de

embarazo (aquí hay opiniones para bastantes gustos) y no de afirmar lo mismo del ser que se constituye

desde el comienzo de la gestación.

Pero ¿es realmente un ser humano? Hace pocos días escuchaba por la radio a un político —creo que del

PCE, ya que no pude escuchar íntegro el programa— que afirmaba que no puede darse tanto valor a un

ser que mide unos pocos milímetros y que no se sabe a ciencia cierta lo que es, ante la angustia y los su-

frimientos de una mujer que no desea tener ese hijo. Evidentemente el ser humano no se puede medir por

sus milímetros o centímetros —nadie diría que un pivot de baloncesto es más persona humana que

cualquier ciudadano, aunque aquél mida medio metro más. Pero ¿es el embrión un ser humano? ¿Desde

cuándo deviene una aunténtica persona humana?

Desde el comienzo del embarazo, aunque se trate de una realidad de dimensiones microscópicas, estamos

ante un ser en el que están programados´ los rasgos característicos de un individuo de la especie humana;

más aún, ya están marcados, de forma importante, los rasgos individuantes del nuevo ser, que puede

considerarse biológicamente como un ser único é irrepetible en toda la historia de la humanidad (a no ser

que tenga un hermano gemelo). Desde la concepción surge un ser que está en continuidad con lo que cada

uno de nosotros hoy es.

Se pone en marcha un proceso que llevará, de forma lineal, continua y sin saltos, a la formación del niño

que nacerá. El huevo, el embrión, no son una parte del cuerpo de la madre o un mero apéndice del que

puede disponer a su arbitrio, como lo hace respecto de otras partes de su cuerpo. La afirmación de que el

embrión es una parte del organismo materno es, biológicamente, falsa: el nuevo ser es una realidad

biológicamente distinta de la madre, que no sólo tiene en sí los "planos" de lo que él mismo va a ser, sino

que dirige además, desde el principio, su propio proceso de desarrollo, mediante la síntesis de sus

proteínas específicas.

El proceso de desarrollo embrionario es además extraordinariamente rápido, de tal forma que al finalizar

el segundo mes estamos ya ante un ser qué mide sólo tres centímetros, pero en el que ya están

constituidos, y están funcionando en gran parte, sus órganos principales. Su aspecto externo es claramente

humano, aunque menos "acabado" que el del niño recién nacido. Provocar entonces el aborto es destrozar

un ser que tiene una cabeza con ojos, nariz y boca, con los brazos y manos perfectamente formados

(incluso con sus huellas digitales), con sus piernas y pies casi totalmente conformados... Y he usado la

palabra "destrozar" porque esto es lo que produce el método Karman o de aspiración: la mujer expulsa un

amasijo de sangre, de fragmentos de la cabeza, trozos de extremidades, etcétera.

En cualquier caso, se puede seguir urgiendo sobre la "incomplección" o "falta dé plena humanidad" del

ser que se está gestando; ¿Se puede llamar persona humana a un ser como el embrión, incapaz de

relacionarse con los demás, cuyo cerebro aún no ha comenzado a funcionar? Pero este planteamiento nos

llevaría a un plano muy peligroso. La lógica interna de esta forma de argumentar llevaría también a la

discusión sobre la "plena humanidad" del niño recién nacido —y en sus primeras semanas—, ya que su

cerebro es extraordinariamente inmaduro y tiene unas posibilidades de relación humana realmente

insignificantes (por cierto, la psicología subraya la importancia de la interrelación madre-niño durante el

embarazo). Y además no se insiste suficientemente en que la persona humana nunca está terminada.

Estamos siempre en un continuo proceso de avance, de maduración, de realización, de progreso en

nuestras relaciones humanas. El niño recién nacido es "persona", aunque sea muy inmaduro y tenga unas

mínimas posibilidades de relación humana, porque está en camino de ser persona. Hay que calificar como

persona a todo ser humano que es capaz de avanzar por ese camino de realización personal y de

interrelación humana. Por eso es persona el niño recién nacido y también lo es el ser que se desarrolla

desde el comienzo del embarazo. A los que recurren a la falta de funcionamiento del cerebro en los tres

primeros meses del embarazo —constatable por un electroencefalograma (EEG) plano— para situar en

esa frontera el comienzo de la vida humana, les plantearía una doble objeción. En primer lugar, que se

pretende recurrir a un dato científico para justificar una posición previamente asumida. Afirman que

la,vida humana del nuevo ser comienza cuando su cerebro empieza a tener una actividad eléctrica, a los

tres meses", plazo en el que precisamente muchos países han legalizado el aborto. Pero hay bastantes

autores que afirman que el nuevo ser tiene un cerebro que funciona, con EEG no plano, bastante antes, en

torno a los 45 días después de la fecundación. Al mismo tiempo, ¿es tan importante la existencia de una

actividad eléctrica cerebral para afirmar que ahí comienza la vida humana y no antes? En segundo lugar,

hay que afirmar que el EEG plano puede ser uno de los criterios fundamentales-para diagnosticar la

muerte de un individuo. Pero que este dato tiene un valor muy distinto al comienzo de la vida: ya no es

entonces un criterio de "muerte". Estamos ante un ser rebosante de vitalidad, que camina inexorablemente

hacia la formación de un cerebro y la adquisición de una capacidad de relación que todavía no se dan,

pero que se darán. Es un ser pictórico de presente y de futuro, mientras que en el individuo que fallece es

todo pasado y ya no hay futuro.

Habría otros muchos aspectos que tratar, pero quiero añadir alguna consideración sobre la legalización y

despenalización del aborto. Es un problema distinto del afrontado anteriormente y puede tenerse una

postura distinta ante el aborto, según se hable a nivel de conciencia o a nivel legal. Bastantes de las

razones que se dan en favor de una nueva situación legal en España tienen indiscutiblemente su fuerza:

pluralismo social, discriminación, complicaciones del aborto realizado clandestinamente... En mi opinión,

hay una clara manipulación de las cifras: si en España hubiese 300.000 abortos anuales —cifra que

siempre se da como mínima—, esto significaría que en 1980 hubo en nuestro país 53 abortos por cada

100 nacimientos vivos. España sería el país más abortista de todo el mundo occidental. También me

parece claramente abultada la cifra de 6.000-8.000 muertes anuales de mujeres como consecuencia de

maniobras abortivas clandestinas. La legalización o despenalización conlleva un doble peligro: el que no

sólo tenga un efecto regulador de un hecho social, previamente existente, sino que tenga además un efecto

multiplicador, originando un incremento del número de abortos. Esto último ha sucedido en EE UU, los

países escandinavos y los países comunistas europeos. En Francia y Gran Bretaña el efecto parece haber

sido fundamentalmente "regulador". El segundo riesgo es el de la depreciación de la vida humana? nos

acostumbramos a que año tras año se supriman centenares de miles de vidas humanas y nos consolamos

cuando pensamos que no hay una "escalada" en las cifras. Siendo consciente de la complejidad del

problema, pienso que no sería mejor una despenalización del aborto. Esta postura deja interrogantes y

problemas por resolver, pero creo que es mejor que la contraria. Únicamente admitiría una modificación

legal en el caso del embarazo que pone en peligro la vida de la madre —circunstancia muy excepcional

hoy—, y quizá, en casó de violación, por razones que ahora no puedo exponer. Ciertamente no incluiría el

aborto "preventivo" cuando el feto tiene anomalías y malformaciones. A estos seres humanos no sólo

debe concedérseles el "derecho a ser distintos", sino también su "derecho a ser".

He acabado dando razón a la feminista del comienzo del artículo. Y, sin embargo, quisiera añadir algo

más. La postura de respeto a la vida humana antes del nacimiento debe ser extendida a toda vida humana.

Toda persona, esté o no realizada, sea "distinta" o no, cualquiera que sea su curriculum vitae —e incluyo,

por supuesto, a los delincuentes y terroristas—., tiene una dignidad humana que debe ser respetada. No

veo cómo se pueden tener actitudes contradictorias en el binomio aborto-pena de muerte. Quisiera además

que se evitasen calificativos tan peyorativos al hablar del aborto —por ejemplo, el de asesinato—.

Estemos de acuerdo o no, es cierto que bastantes mujeres no experimentan como humano al nuevo ser

que está en su seno. Pienso que los cristianos tendríamos que modificar algunas de nuestras actitudes ante

las solteras embarazadas, ante el hecho del aborto. Y que nos tendríamos que preocupar mucho más por

cambiar todo aquello que frecuentemente empuja a la mujer a abortar—estructuras sociales,

discriminaciones, falta de instituciones de ayuda— y no tanto en proferir solemnes declaraciones de

principios— o cartas a ciertos periódicos— sobre la inviolabilidad de la vida humana. Probablemente esto

no es suficiente para que la feminista me "cambie de grupo". Pero sí lo es para afirmar que también me

preocupa el problema de la mujer embarazada, aunque no admito el aborto como solución.

Javier Gafo es sacerdote jesuíta, profesor de Bioética en la facultad de Teología de la Universidad de

Comillas; biólogo, posee varias publicaciones sobre este tema, entre otras, su libro El aborto y el

comienzo de la vida humana.

 

< Volver