Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Sobre la incorporación de la izquierda     
 
 ABC.    04/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ABC. JUEVES 4 DE NOVIEMBRE DE 1976

APUNTE POLÍTICO

SOBRE LA INCORPORACIÓN DE LA IZQUIERDA

Por José María RUIZ GALLARDON

ES este uno de los grandes temas del momento político español. Probablemente (y así por ejemplo lo ha

sostenido ese eminente español que es José María García Escudero) el fracaso de la convivencia española

en las primeras décadas del siglo —incluida la II República— arranca de la desvinculación de la

izquierda del quehacer nacional; más todavía: de la radical incompatibilidad entre derecha e izquierda.

Las causas y orígenes de este fenómeno son tantas, tan profundas y matizadas, que exceden del espacio de

que dispongo.

Pero me parece evidente que un buen funcionamiento y hasta una buena y aceptable comprensión de la

Institución Monárquica, parte de la idea de universalidad de la Corona: es decir, limitado el tema al solar

español, que la Monarquía sea de todos y para todos los españoles.

Esto dicho, hablemos de enfrentarnos sin anteojeras al problema tal como se presenta en la realidad

actual. Lo cual obliga, por otra parte, a referirse a los tres sujetos afectados: la Corona, la derecha y la

izquierda.

Por parte de la Corona está más que probada su voluntad de integración de todos los ciudadanos. Y no

sólo con palabras —explicitadas al más alto registro en el mensaje de Don Juan Carlos, cuando juró como

Rey ahora va a hacer un año—, sino con hechos. Desde el simple, pero significativísimo, de tener siempre

abiertas las puertas del palacete de la Zarzuela hasta la continua iniciativa regia para oír, respetuosamente,

y alentar incluso y en todo caso a aquellos que desde posiciones hasta ayer marginadas Quieren

sinceramente servir a España.

Por parte de la derecha, en cuyas filas milito y he militado siempre (y buenos disgustos me costó en la

etapa anterior), se ha de aceptar la legítima opción de Gobierno que la izquierda debe y puede esgrimir.

Una derecha con futuro tiene que contar con una izquierda con, por lo menos, el mismo futuro, sin

necesidad de que sean las armas —y no las urnas— quienes diriman las discrepancias. Pero también la

izquierda —y yo diría que más que nadie la izquierda— debe contribuir a esta descrispación del acontecer

político. ¿Cómo? Entiendo coma básicas las siguientes premisas de conducta real:

En primer término, aceptación explícita de la forma de Estado como tema no sujeto a revisión, La lealtad

a la Corona no puede ser algo admitido simplemente como táctica circunstancial. Ha de ser, por el

contrario, motivación explícita» marco en el que encuadrar ideologías, actitudes y actividades politicas.

Creencia en lo une se está y fundamento en lo que se hace.

En segundo tugar, mantenimiento del respeto y acatamiento activo del imperio de la Ley. Una ley es ley

hasta que se deroga, y no puede prevalecer contra ella la práctica en contrario. Es exigible, ciertamente,

que exista un procedimiento apto y hábil para modificar y derogar las leyes. Pero, mientras no sean

derosadas, hay que cumplirlas. Una actitud «contra legem», y más si es sistemática, no es una actitud

congruente con el respeto a la Ley como fundamento de cualquier orden necesario para todo Estado.

En tercer término, juego tan leal y sincero, como se quiere exigir a la derecha, de suerte que se posibilite a

ésta el acceso al Poder también a través de las urnas y no en función de las armas. «Romper» no es un

verbo ni democrático ni aceptable. Cualquier tipo de revanchismo es inadmisible.

Este es el esquema. Y si en algo estoy errado que te me diga.

Mientras tanto, mientras la izquierda no acepte con hechos la institución y no cumpla les leyes vigentes

—sólo modificables desde la misma legalidad, o no sea capaz de asumir una posible derrota electoral— la

incorporación de la misma será un buen deseo. Irrealizable por mor de su propia idiosincrasia y

mentalidad actuales. Será la izquierda, en suma, quien se sitúe fuera del campo democrático.

J. M. R. G.

 

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