Autor: RUY LÓPEZ. 
   Las opciones del presidente Suárez     
 
 Diario 16.    21/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

Las opciones del presidente Suárez

Ruy López

En los momentos actuales de nuestra feria política existe un tema que ha adquirido una importancia

decisiva: la presentación o no del presidente Suárez como candidato en las próximas elecciones. La

cuestión no os, desde luego, baladí; pues no se trala sólo de la permanencia de un nombre, sino de algo

más sustantivo. Como ya indicábamos precursoramente desde estas mismas paginas en diciembre del año

pasado, la postura que adopte Adolfo Suárez puede afectar tonto al sentido mismo de las próximas

elecciones como a la esencia de las Cortes que resulten de ellas.

No nos cansaremos de decir que el problema fundamental que hoy .se plantea en la política española es

simplemente el de lograr una Constitución democrática, que haga posibe la reconstrucción del Estado

ruinoso heredero del franquismo, en el mínimo plazo y con los menores riesgos posibles. Es desde este

punto de vista como debe juzgarse la conducta del presidente del Gobierno. Es claro que ante Suárez se

presentan varias opciones y que precisamente de la adopción de una de ellas va a depender en gran parte

el rumbo quo tomen los acontecimientos en este país. Tan sencillo como eso.

Mandato legal

En primer lugar, cabe que el presidente se limite a considerar válido su mandato legal de cinco anos y, en

consecuencia, pretenda mantenerse contra viento y marea en el Poder, sin necesidad de presentarse a

ninguna elección hasta julio de 1981. Lo cual, amén de ser harto discutible, es probablemente imposible.

Puede, por el contrario, que decida no presentarse a las elecciones para dimitir después de éstas, a fin de

permitir que se constituya un Gobierno responsable emanado, en mayor o menor medida, de las Cortes.

Dispone de una tercera posibilidad que es la de decidir no presentarse a las elecciones, permaneciendo en

el Poder después de una remodelación de su Gabinete tras aquéllas, hasta que se redacte una Constitución

democrática, que comportaría la convocatoria de nuevas elecciones, dimitiendo entonces una vez

conocido el resultado de éstas.

En cuarto lugar, cabe que se presente a las próximas elecciones como candidato de un partido ya existente

(por ejemplo, de centro) y se atenga a las consecuencias.

Finalmente, el presidente puede también tomar la decisión de presentarse a las elecciones a la cabeza de

un partido propio o incluso como candidato independiente.

Misterio del Poder

A dos meses de las elecciones, Adolfo Suárez no ha tomado todavía su decisión. Jugando a lo De Gaulle,

con el misterio del Poder. Pero no puede prolongarse por más tiempo su mutismo, porque en política no

es operativo el silencio administrativo. Sin embargo, a nuestro juicio, no hay sino una postura a tomar,

habida cuenta de la actual situación, que sea la más beneficiosa para la implantación de la democracia en

España: Suárez no debería presentarse a estas primeras elecciones. Esto es, debería mantenerse en el

Poder, mientras que el nuevo Parlamento elabora la Constitución, aunque, eso .sí, debería remodelar su

Gobierno-puente de acuerdo con los resultados electorales. Una vez elaborada la Constitución, y

convocadas nuevas elecciones legislativas, debería presentarse entonces como una parte más en e! juego

político.

Desde luego, tal solución presenta aspectos positivos tanto como negativos. Como aspectos positivos

habría que destacar el que aseguraría una cierta estabilidad gubernamental durante la elaboración de la

Constitución. Y, al mismo tiempo, daría a las Cortes la oportunidad de funcionar full time como

constituyentes. Debemos recordar que una solución similar fue la utilizada en Portugal: de 1975 a 1976

una Asamblea se dedicó a la elaboración de la Constitución, mientras que el poder ejecutivo se basaba en

otros fundamentos. Sólo una vez aprobada la Constitución se procedió a la formación de un Gobierno

responsable. Igualmente, la permanencia provisional de Suárez permitiría capitalizar su innegable

prestigio en favor de la fórmula constitucional adoptada.

Acuerdo formal

Pero, desde luego, tales ventajas sólo m darían si a* cumplida algunas condiciones. En primer lugar, si

existiese un acuerdo formal entre el actual presidente y una mayoría cualificada del Parlamento,

incluyendo a partidos ahora en la oposición. Y decimos cualificada ea el sentido de que, para sacar

adelante al país en su difícil situación actual, hace falta algo más que una mayoría simple. En segundo

lugar, una relación estable entre presidente y Cortes exigiría una radical remodelación del Gobierno,

algunos de cuyos miembros se han mostrado claramente por debajo de las exigencias del momento, por lo

que serían inaceptable,? para gran parte de los partidos democráticos. Finalmente, la permanencia del

presidente: Suárez durante el período constituyente se justificaría si el poder ejecutivo se convirtiera en el

principal impulsor de la nueva Constitución: esto es, si llegase, apoyado por esa mayoría cualificada, a

enviar a las Cortes unas bases concretas sobre las quo edificar la nueva norma fundamental,

aprovechando así el compromiso constitucional asumido ya por diversos partidos, según parece, durante

el proceso electoral.

Lógica desconfianza

No menos claras aparecen las dificultades de una tal operación. Ante todo, la lógica desconfianza de una

oposición que se ha visto en ocasiones decepcionada por la actitud gubernamental. Cabe recordar el

episodio del PSOE histórico y la cicatera concesión de las amnistías ¿Quién garantizaría que, una vez

que Suárez obtuviera el apoyo de una mayoría, fuese efectivamente a renunciar al Poder para convocar

elecciones a Cortes legislativas? Sólo acuerdos firmes y largas negociaciones podrán salvar este escollo.

Por otro lado, no cabe por menos de suponer que el Gobierno actual sería el primero en oponerse a una

remodelación que representaría la pérdida de confortables, posiciones de poder.

En todo caso, la decisión presidencial afectará al futuro y no sólo inmediato. Caben, desde luego, vías

distintas a la expuesta: sin embargo, y quizá por vez primera en mochos años, hay un consenso casi

general en cuanto a la conveniencia de la permanencia —provisional— del titular de la presidencia del

Gobierno. Una actitud beligerante por su parte podría destruir este consenso, y, con él, la posibilidad de la

adopción pacífica de una Constitución.

 

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