Ley de prensa     
 
 Ya.    03/04/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LEY DE PRENSA

NO podemos dejar de recoger hoy el sentido de la derogación del artículo segundo de la ley de Prensa y

del otro artículo correlativo del Código Penal. Siempre estuvimos contra ese artículo segundo no porque

creyéramos que las limitaciones en él establecidas a la libertad de expresión no deban existir -

defendemos la prensa solvente y responsable-, sino porque su antigua redacción se prestaba, como en

efecto se prestó, a toda clase de arbitrariedades. Y lo que es peor, arbitrariedades administrativas.

EN honor a la verdad debemos decir que en la intención de los redactores de esa ley no figuraba que las

Infracciones de esa naturaleza fueran s a n c i onadas administrativamente. Hasta el punto de que ese

artículo no figuraba en el anteproyecto que se sometió a dictamen del Consejo de Prensa.

Simultáneamente, según nuestras noticias, fue redactado un proyecto para reformar el Código Penal. Pero

no lo admitió el Ministerio de Justicia. Y todo quedó en llevar a la ley Administrativa de Prensa unas

figuras de infracción administrativa, que no eran tales porque, de ser algo, eran delitos.

ASI, al través de un calendario de arbitra r i e d a d e s -templadas a veces por el

buen sentido de algunos de sus ejecutores-, hemos llegado al día de hoy, en el que prácticamente ya era

imposible aplicar ese famoso artículo, que forzaba a la animadversión general, puesto que la vaguedad de

sus términos permitía toda clase de interpretaciones, desde las más rígidas a las más flexibles. Dependía

del ambiente político del momento y del talante y el humor de sus ejecutores. Todo un largo anecdotario

podríamos aducir, pero es mejor dejar en paz a los muertos.

NO por ello van a quedar desprovistas de protección las grandes instituciones: la unidad nacional, la

Corona y las fuerzas armadas. Para su defensa queda subsistente el secuestro, sin perjuicio de ras

ulteriores responsabilidades penales. Bien nos parece esta limitación, porque del secuestro podríamos

decir lo que se tía dicho de la libertad: ¡cuántos desafueros se han cometido en su nombre y bajo su

amenaza! Todo lo demás que merece ser defendido, ya lo está en el Código Penal y en el Código de

Justicia Militar. Y para las injurias y calumnias, que habrá que prever que se exacerbarán en la campaña

electoral, se arbitra un procedimiento de urgencia y se les convierte en delitos semipúblicos. ¡Vamos a ver

si las luchas políticas se pueden desarrollar en forma civilizada y si se respeta el honor y la intimidad de

las personas! Esta es una exigencia incuestionable de la convivencia entre los españoles, cuyas virtudes

cívicas no han estado nunca a la altura de las individuales y familiares.

Muy necesitada está también de protección la moral pública. Esperamos con expectación (as normas que

se anuncian. Mucho celebraremos que puedan tener verdadera efectividad.

 

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