Autor: Tusell, Javier. 
   Un gran partido demócrata cristiano     
 
 Ya.    03/04/1977.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

UN GRAN PARTIDO DEMÓCRATA CRISTIANO

El pasado fin de semana ha tocado un balance netamente positivo en un aspecto crucial de la vida política

española, como es la constitución de un gran partido demócrata cristiano. Como fácilmente se podrá

colegir, me refiero a la formación de una federación entre Izquierda Democrática y Federación Popular

Democrática, y, al mismo tiempo, a las noticias, confusas en el momento en que se redactan estas líneas,

sobre el hecho de que, con toda probabilidad, la Unión Democrática Española y el Partido Popular

Demócrata Cristiano seguirán un camino semejante. He dicho que era positivo lo sucedido y me ratifico

en esta opinión no sólo respecto de quienes profesamos esa ideología, sino también para todos los

españoles que tienen derecho a que la clase política les ofrezca opciones suficientemente claras y nutridas

ante el próximo enfrentamiento electoral.

DE S D E hace algún tiempo algunos militantes de diferentes partidos demócratacristianos veníamos

intentando que sucediera lo que ahora empieza a apuntarse. En el fondo no habíamos perdido las

esperanzas porque éramos y somos conscientes de que la proximidad de unos comicios es siempre una

ducha de sensatez para cualquier clase política. En estos momentos en que las esperanzas son muchas y

las posibilidades de decepción tremendas, ¿se permitiría al autor de estas líneas, sin duda con muchos

menos títulos que muchos otros del grupo antes mencionado; hacer unas reflexiones que pueden ayudar a

que al bienintencionado propósito de llegar a un gran partido demócrata cristiano no se frustre?

Concédase que sin que eso nos dote de una especial clarividencia, el desarrollo de los acontecimientos

nos ha venido a dar, al menos parcialmente, la razón.

QUISIERA decir, en primer lugar, que lo hasta ahora logrado, aunque nos coloca en una situación mucho

mejor en el camino hacia la unidad que en cualquier momento anterior, es, desde luego, insuficiente. Lo

que, por el instante, tenemos no son más que dos jirones de una misma realidad política y falta el último,

definitivo y más trascendental paso en el proceso unitario. De no cumplirse esta última etapa, no sólo nos

retrotraeremos a la situación precedente, sino que empeoraremos nuestra imagen, porque habríamos

hecho el ridículo. En segundo lugar, tenemos que ser conscientes de que se impone una urgencia absoluta

en la resolución de la cuestión. A lo que por fin hemos llegado lo podríamos haber conseguido hace

muchos meses: baste con decir que el documento que ha servido como base para la federación entre FPD

e ID fue redactado hace cuatro semanas. Por otra parte, el tiempo que falta para las elecciones se ha de

medir ya no en semanas, sino en días o en horas.

QUIEN crea que, a pesar de lo escrito en el párrafo anterior, no hay problemas graves para el logro de la

unidad, yerra por completo. Lo cierto ea que la buena Intención y el apresuramiento de algunos

periodistas pueden haber dado la sensación de que estamos más cercanos a un gran partido demócrata

cristiano de lo que en verdad sucede. Hay problemas graves, pero que, como es habitual, se refieren

mucho más a cuestiones tácticas que de fondo. A riesgo de ser calificado de inoportuno o de Impertinente,

los voy a concretar en una serie de puntos que en mi opinión tienen una resolución obvia.

DECÍA Paul Valéry que en política tan sólo son permanentes los pactos que se hacen entre segundas

intenciones. Este axioma tiene perfecta validez para el caso que nos ocupa: si se llega a un acuerdo, del

tipo que sea, tiene que tener como clarísimo objetivo que su propósito final debe ser la constitución de un

solo partido, no de una federación más o menos estrecha, en el que las decisiones programáticas se

adoptan en un congreso por mayoría. ¿Qué sentido tiene una federación de tres o más partidos actuando

sobre un mismo espacio geográfico ? ¿Qué sensación de capacidad de reconciliación vamos a dar a

España unos demócratas cristianos que no somos capaces de, definitivamente y de una vez por todas,

reconciliarnos entre nosotros mismos? Y ¿cuál va a ser la idea que el electorado va a tener de nuestra

capacidad de gobierno ?

SI se acepta esa premisa fundamental, es necesario someter a ella todas las diferencias y los p r o b 1

emas. No pueden existir problemas, por ejemplo, respecto de la jefatura de lo que ahora, antes de las

elecciones, se pacte, porque, o bien tiene lugar un congreso constituyente en que se deciden los cargos

más Importantes, o bien éstos por el momento son acordados de manera unánime por las fuerzas

pactantes. Lo que sería verdaderamente intolerable es que la unidad democratacristiana no fraguara por

vetos personales o por la atribución de una preaiuencia o una secretaría. Aunque parezca imposible esto

(todo hay que decirlo), puede auceder. Por otra parte, otra cuestión que me parece aplastantemente obvia

es que la unidad democristiana no puede quedar, una vez más, entre las inefectivas buenas intenciones por

el problema, táctico por supuesto, de las alianzas electorales. Lo primero es el único partido; las alianzas

vendrán por añadidura. Quiere esto decir que ni quienes ahora militan en el Centro Democrático pueden

negarse a la unidad a partir de este hecho, ni los que están fuera utilizar este argumento como veto, A fin

de cuentas, ésta es una de tantas cuestiones absurdas que pululan por la política española, porque, para

lograr pactos ventajosos, no hay como disponer de partidos fuertes, cosa que debería ser considerada por

los democristianos del Centro, y porque (punto éste a tener en cuenta por los del equipo) cuando llegue la

hora de hacer candidaturas en cada circunscripción se verá la necesidad patente de pactar alianzas más

amplias.

FINALMENTE me atrevería a aconsejar a todo el mundo generosidad. Incluso, si se llega a una unión

entre los cuatro sectores a los que vengo haciendo mención, quedarán fuera todavía otros demócratas

cristianos que militan en partidor como el Popular o la Unión Demócrata Cristiana; es necesario que se

incorporen a una única formación política. Pero la generosidad se refiere también al momento previo de la

negociación, que ya en estos días se esboza: sólo dando una lección de patriotismo se llegara al objetivo

final. Y piénsenlo los líderes en cuyas manos está el feliz éxito de esta empresa: la generosidad no es sólo

una actitud ética y estéticamente valiosa; proporciona también a corto o medio plazo claros dividendos

políticos. ¿Quién, sino el que más haya luchado por la unidad, lograra en el futuro Partido Demócrata

Cristiano un papel más relevante ?

Javier TUSELL

 

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