Autor: Javierre, José María. 
   El encanto de la democracia     
 
 Ya.    03/04/1977.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 11. 

SIETE DÍAS

El encanto de la democracia

QUITAN la Secretaría General del Movimiento sin que nadie nos haya explicado a quienes fuimos niños

criados a sus pechos el significado esotérico de aquel grito que decía: "¡Por el Imperio hacia Dios!" Al

terminar la guerra, nuestros jerarcas políticos hablaron del imperio con una frescura que, vista a distancia

de cuarenta años, nos deja tiesos. El imperio y los luceros eran su manta retórica. Para mí constituye un

enigma si en la soledad de sus conciencias creían ellos mismos aquello.

Quizá, si es verdad que en el libro de oro del Archivo de Indias de Sevilla uno de los jefes máximos

estampó en los años cuarenta esta profecía: "Ante estas piedras, testigos del imperio, con la promesa de

otro aún mayor," Toma castaña. Y llevamos una docena de años en la cola para conseguir que nos dejen

entrar en el Mercado Común. A los chavales nos cruzaron un correaje al pecho y nos pusieron al hombro

un fusil de palo: taconeábamos por las calles de la ciudad y respondía m o s fervorosamente "las voces de

rigor". Mentiría si disimulo que junto al disgusto por la manipulación estúpida de que fuimos objeto me

sube del arcón de los recuerdos alguna nostalgia.

Mientras Alemania nazi y la Italia fascista estuvieron en pie, comprendo que la exaltación cegara la mente

de los responsables en España. Lo que no veo claro es cómo continuaron luego propinando al pueblo

español píldoras de entusiasmos anacrónicos. La gente sabe con experiencia secular que los ideales

presentados por los políticos están viciados de falsedad en su origen. Pero la nación necesita cierta

capacidad de entusiasmo para dirigirse colectivamente hacia metas nobles y rentables. Los líderes, aunque

a corto plazo engañen, aunque no estén en condiciones de cumplir las promesas, han de hablar un

lenguaje básicamente honesto, según el consejo del marqués de Santillana al condestable de Portugal:

- ¿E qué cosa es poesía sinon un fingimiento de cosas útiles, cubiertas o veladas con muy formosa

cobertura ?

El discreto encanto de la democracia

Ni la sabrosa cobertura de los buñuelos impide que al comerlos descubramos dentro un puñado de aire.

Los poetas políticos del ciclo falangista que ahora se clausura cometieron la falta de equivocar el

contenido, "la cosa útil", y acabaron cantando trovas semejantes a las que siglos atrás repudiaba

Cervantes: "No hay diablo que las entienda."

Conviene, sin embargo, que tomemos nota de que los pueblos necesitan un impulso poético. ¿Y cuántos

de nuestros partidos están verdaderamente en condiciones de entusiasmar al personal? Quizás el vigor del

Partido Comunista proviene de que ofrece a sus afiliados un lote de actitudes resueltas que influyen a la

hora de motivar la adhesión inquebrantable, la disciplina, los sacrificios a favor de la causa. Para el resto

de los sectores no será trabajo fácil suscitar aclamaciones fervorosas de un electorado que durante muchos

años ha estado soportando discursos grandilocuentes y "voces de rigor" vacias de sentido.

Los tiempos han cambiado bruscamente. Quien ofrezca fórmulas heroicas corre el riesgo de que lo tomen

a broma. Quedaron atrás las empresas imperiales, los descubrimientos geográficos, las hazañas bélicas, no

hay un Flandes que defender ni Perús que conquistar. Al pueblo le apearon hace tiempo de "Clavileño".

La democracia no viste ropajes brillantes ; da solamente un discreto encanto. El voto, la igualdad ante la

ley, utilización razonable de los recursos, convivencia pacífica, esfuerzos para el bienestar colectivo, todo el lote de sus contenidos mantienen a la democracia en un tono de serenidad

poco apto para enardecer las multitudes.

Que alguien cuide a los jóvenes

NADIE dirá que "el Movimiento" deja a estas alturas un vacío. Alguien habrá de ocuparse al fin de cuidar

que ante la nueva etapa social y política de España los jóvenes no caigan en la decepción. Estamos

demasiado escocidos para solicitar de los poderes públicos que confíen a sus funcionarios el asunto, pero

qué gran bien producirían a nuestro país unas docenas de auténticos pedagogos capaces de programar

para los chavales algunas dosis de estímulos colectivos. Sería lamentable trazarles como único programa

de existencia la conquista de bienes económicos. El viejo Rothschild expresó una queja cuando le nació el

primer hijo:

-Pobre; jamas sabrá lo que es ser joven, porque nace banquero. Ojala para nuestros chicos el nacer

demócratas no les impida soñar.

José María JAVIERRE

 

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