Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Dos temas     
 
 ABC.    29/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Dos temas

Por J. M. RUIZ GALLARDON

Ustedes recordarán que uno de los argumentos más utilizados por aquéllos que pedían a voces, desde

posiciones no marxistas, la legalización del «P. C.» era aquello de que "una vez legalizados tan a ver los

nombres de Carrillo nuestro anticomunismo". O lo otro de: "cuando sepamos quiénes y cuántos son,

entonces, democráticamente, les liaremos ver nuestra radical discrepancia". ¿Recuerdan?

Bueno. Pues ni una voz. Ni una discrepancia. Ni un articulo en contra. Ni una alusión. Nada de nada. Esos

«anticomunistas prolegalización» todavía están inéditos. Guardan el más riguroso silencio.

O quizá no. Quizá resulte que se alían. Como ustedes lo oyen. Anda por ahí la noticia de que va a haber

candidatura conjunta para el Senado. Ya está anunciado el pacto democristiano-socialista. Y el intento

socialcomunista. Un paso más y todo aquel anticomunismo proclamado quedará en agua de borrajas.

Mientras tanto, eso si, andan a la greña entre los grupos y a la espera de que el señor presidente del

Gobierno les eche unas migajas o unos puestos en las candidaturas.

Desengañémonos: los señores demócratas de toda la vida no son anticomunistas. Ni siquiera

antifranquistas. Son, sencillamente —y es muy legítimo—, señores con ganas de mandar.

Pues ¡Dios nos coja confesados! Otro tema:

Ya es casi seguro —y quitaré el casi el día en que lo comunique oficialmente— que el señor presidente

del Gobierno va a presentarse a las elecciones sin dejar la Presidencia.

Pues bien, quiero al respecto preguntar para qué sirven los preámbulos de las leyes. Concretamente, el

decreto-ley que aprobé la normativa electoral. Porque en él se razona la inelegibilidad de altos cargos en

estos términos:

«Se incluyen también entre las inelegibilidades las más altas y permanentes Magistraturas del Estado o

aquellas que por razón de sus funciones ejercitables a uno u otro nivel territorial han de asumir

condiciones arbitrales o expresar posiciones de imparcialidad; por último, y atendiendo a las

peculiaridades del aquí y ahora español, se consideran inelegibles los titulares de cargos que en las más

sólidas democracias no lo son, pero cuya intervención en estos primeros comicios podría devenir

inconveniente a los efectos de mejor conocer la voluntad del pueblo español.»

Pues bien, ¿quién sostendría que el señor presidente no está racionalmente incluido en causa de

inelegibilidad?

J. M. R. G.

ABC 29/IV/1977

 

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