Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
   El Rey y las Cortes     
 
 ABC.    23/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

A VUELA PLUMA

EL REY Y LAS COSTES

La primera legislatura de la Monarquía restaurada ha sido abierta con la solemnidad que confiere la

presencia del Rey y la lectura del mensaje de la Corona. Cierto que los nuevos tiempos han modificada,

no poco, el ceremonial y el atuendo del acto inaugural de las Cortes, y aun el propia ritual que, componía

el espléndido entorno de Sus Majestades. Por ejemplo, recordando, por foto grafías y reteña, la apertura

de las Cámaras, en mayo de 1923, por Don Alfonso XIII y Doña Victoria Eugenia, ayer no hubo carrazas

reales, ni el Soberano vestía de gran gala, ni la Reina lucía corona y manto da armiño con castillos y

leones, ni prestaban guardia los alabarderos, ni el Gobierno y los diputado» vestían de rigurosa etiqueta,

sino con simples trajes oscuros de calle.

Por vez primera, Su Majestad el Rey, en pie, leyó su discurso ante un atril, y no sentado, como era de

rigor en tiempos anteriores, La, Reina, sentada, sin rodearte de miembros de la Familia Real, vestía

sencillamente: de corto, no adornándose con joyas ni condecoraciones. La voz de Don Juan Carlos fue

clara en el transcurso de la lectura del mensaje, precisos y comprensivos sus conceptos; rezumando

sinceridad a flor de labios, y con la emoción visible en los ojos, que luchaban por mantener la serenidad.

Un impacto cálido, directo al corazón de los españoles, fue el mensaje del Monarca, que llegó a tocar

incluso los rostros más adustos y las posturas más esquivas.

Sin embargo, frente a los escasos diputados y senadores descorteses, tan avaros en los aplausos al símbolo

humano de la Patria, como pródigos en cerrar los puños cada dos por tres, fueron gentiles los detalles de

Felipe González, de Santiago. Carrillo, de Dolores Ibarruri y de Rafael Alberti, por citar algunos nombres

representativos de la oposición, que no regatearon el aplauso abierto, y aún insistente, al Rey de España,

que el Rey de todos los españoles, por encima de ideológica y de pasiones politicas.

Un gran día, el de ayer, para la Historia, que quiere tener /• y esperanza en el futuro, escrito con firma

pulso, y con la rúbrica de una sonrisa abierta por Don Juan Carlos de Borbón.—ARGOS.

 

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