Autor: Silva Muñoz, Federico (JUAN DE ESPAÑA). 
 Tema polémico. 
 El papel del Gobierno ante las elecciones  :   
 Unas elecciones constitucionales no deben servir para asegurarse un éxito político. 
 Ya.    26/03/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 13. 

El papel del Gobierno ante las elecciones

UNAS ELECCIONES CONSTITUCIONALES NO DEBEN SERVIR PARA ASEGURARSE UN

EXITO POLITICO

HA salido estos días a la palestra periodística un tema importantísimo para el futuro inmediato de nuestro

país, en el que me parece oportuno mediar, aunque sea a costa de interrumpir momentáneamente la

publicación de mis artículos sobre la NATO. Me refiero a la discusión sobre si el Gobierno debe ser

neutral o no en las elecciones.

He de aclarar, antes de empezar, que alguno de los que han intervenido en la cuestión me consta que

quieren lo mismo que yo, aunque a veces parezcamos buscarlo por distinto camino. Lo que queremos en

común es una democracia estable en nuestro país. Que alguna ves veamos de distinto modo la forma de

lograrlo es secundario y deseable. Porque no hay nada más humano y fructífero que las diferencias de

visión personal entre amigos. Precisamente ahí estriba una de las ventajas de la democracia frente a las

dictaduras: en las primeras es posible cooperar amistosamente al mismo fin aunque haya diferencias de

visite. Oreo que la falacia de loa totalitarismos es no comprender que si el fin es suficientemente elevado

e impersonal es posible lograr la aquiescencia de la mayoría, siempre que se respeten las diversidades

personales. Picho de otra forma, el totalitarismo se ve siempre obligado a eliminar la libertad y a

mantenerse por la fuerza porque no es capas de presentar fines lo bastante universales y dignos para

lograr la aceptación mayoritaria de una opinión libre. De aquí que la razón de las dictaduras no aea la

fuersa, como algunos dicen, sino la impotencia (la fuerza es su recurso).

LO que se discute hoy en nuestro país es si conviene al futuro democrático de España la

actitud actual del Gobierno, que parece inhibirse ante las próximas elecciones. Yo creo que no es

muy fácil saber lo que conviene para el buen fin de un proceso que no es dirigible y en cuya solución va

a tener más importancia que lo que los hombres planifiquen la forma en que la historia haga que se

combinen multitud de circunstancias. Con esto no pretendo ser fatalista, ni mucho menos negar la

escondida sabiduría dei viejo refrán castellano que dice: "A Dios rogando y con el mazo dando."

Simplemente, quiero empezar con un acto de sincera modestia referido a mis propias opiniones.

Hecho esto sí diré que hay algo que no conviene se continúe en nuestro país. Me refiero a la tradición

de manipulaciones desde el poder a que se han sentido tentados casi todos nuestros políticos del

pasado. Es algo admitido por muchos hispanistas que a nuestro pueblo no se le ha ofrecido nunca

una oportunidad real de vivir en una democracia. De aquí que resulte "apriorística" la

afirmación común de que España es ingobernable democráticamente. Yo creo en mi pueblo.

EN mi opinión, la más peligrosa tentación a que estaba expuesto nuestro Gobierno era la de repetir el

proceso de la "restauración" canovista. Esa tentación es la de "decretar" la irresponsabilidad actual del

pueblo y amañar el futuro para "prepararle con miras al ejercicio de la democracia verdadera", con lo que

se deja ésta (como la dejó Cánovas, o como los comunistas dejan el "socialismo perfecto") para las

calendas griegas.

El Gobierno, en principio, hará muy bien en declararse imparcial en unas elecciones para Cortes

constituyentes (eso se pretende que sean las próximas. Otra cosa seria que después de disponer de una

Constitución democrática el gobierno no tomara parte (como en todas las democracias) en la lucha

electoral.

TEMA POLÉMICO

El papel del Gobierno ante las elecciones

CREO que lo mejor que el actual Gobierno puede hacer por la democracia es seguir demostrando el

mínimo de juego limpio que está demostrando hasta ahora. Así contribuirá a que desaparezca el mayor

enemigo que el ejercicio responsable de la democracia puede encontrar en nuestro país, que es el

escepticismo, la desconfianza atávica de uno de los pueblos más antiguos de Europa, que ha aprendido en

la historia a desconfiar de sus poéticos.

De las próximas elecciones ha de salir una Constitución. Porque ésta aún no existe es posible (y digo sólo

posible) que el Gobierno actual continúe durante el periodo constituyente o parte de él. Porque las

próximas Cortes son moralmente Constituyentes es deseable que se dediquen sólo a fabricar la

Constitución (y no a "gobernar"). Después se deben disolver para que se elijan Cortes normales y todo

empiece a funcionar constitucionalmente.

LA democracia no se hace en un día, y en España se ya a estar haciendo durante un par de años, a partir

de las elecciones. De momento (mañana no sé) no veo mejor solución que pedir al Gobierno actual que

continúe al iniciarse el proceso constituyente. Y si se le va a pedir que continúe, me parece inmoral que

tome parte en la campaña electoral. (¿Qué ocurriría si el Gobierno no gana?) Porque el gran problema que

tiene el país, del que casi nadie habla, es que la Constitución refleje lo más verídicamente posible las

aspiraciones del pueblo español. De aquí que estuvieran en un error loa que preconizaban el sistema

mayoritarlo en lugar del proporcional. El error era doble, porque partía del supuesto de que los que

preconizaban el primer sistema iban a disponer de la mayoría; romo el supuesto es altamente improbable,

resulta que podían estar trabajando para sus oponentes. Luego hubieran sido quizá las lamentaciones.

El Gobierno ha hecho bien en no dejarse llevar por el "lugar común" que define como "fin" democrático

impedir la multiplicidad de partidos. En mi opinión se ha quedado corto al no admitir un sistema

proporcional más puro para elegir unas Cortes Constituyentes, Porque algo realmente Indeseable que

puede suceder es que hagan falta unas segundas Cortes Constituyentes para corregir los resultados de las

primeras, si éstos están en evidente desacuerdo con los deseos del pueblo español, que no son los de

ningún partido político.

COMPRENDO que lo que algunos pretenden, al incitar a Suárez y al Gobierno a declararse parte en las

elecciones constituyentes, es hacer pesar la limpia ejecutoria democrática del actual Gobierno (en cuanto

Gobierno) para evitar que la, mayoría constituyente pase a uno de los dos extremos del espectro político.

Comparto sus deseos, porque considero que lo más deseable es que de las Cortes no salga una

constitución conservadora o socialista, sino una en la que por predominar las ideas que en nuestro país

son de centro resulte suficientemente aceptable para unos y otros. Ciertamente, si el equipo

gubernamental se inclina por el centrismo, el triunfo de éste está garantizado, porque el Gobierno cuenta

hoy con la aprobación de una masa importantísima del país. Si en las elecciones constituyentes se alzan

con la mayoría, la derecha o el socialismo lo más probable es que las elecciones siguientes vuelvan a ser

"constituyentes" (moralmente) para una gran parte de nuestro pueblo.

LA primera condición que una constitución debe cumplir es que no esté hecha a la medida de

ningún político o partido. Dicho de otra forma, que resulte suficientemente aceptable para todos. Es

evidente que muchos nombres que figuran en la política española, a la derecha e izquierda, garantizan

precisamente lo contrario.

LA misión del Gobierno (recibida del pueblo) no es disputar el poder, sino conseguir que España consiga

una constitución democrática. A esa misión deben estar dispuestos a sacrificarse los hombres que la han

recibido, que tienen que estar en condiciones de dar un ejemplo de desprendimiento personal al pueblo

español y al mundo. Al pueblo, que está muy necesitado de que alguien le demuestre que puede no ser

siempre escéptico respecto a los políticos. Al mundo, porque hora es de que dejemos de pretender dar

lecciones al exterior en lo que no podemos (teoría y doctrinas políticas) y empecemos a hacerlo en el

terreno de la moral individual (resistencia a las malignas tentaciones de poder, renuncia a las prebendas

adquiridas por vía política, dimisiones a tiempo, etcétera). ¡Qué cerca de algunos hombres pasa a veces la

verdadera grandeza y cómo se empeñan en perseguirla donde no se encuentra!

MUCHOS ministros del Gobierno han anunciado su propósito de no presentarse a las próximas

elecciones. No es mi pretensión decir aquí la última palabra sobre si el presidente debe o no hacerlo. Lo

único que trato es de compensar el efecto de las incitaciones que parecen presentar como obligación lo

que creo no lo es. El Gobierno se debe a una misión, que bien cumplida puede dignificar para siempre a

todos sus miembros. Esa misión es conseguir que por primera vez en la historia, además de una transición

pacifica, el pueblo español tenga una Constitución hecha por él y para él y no por y para un grupo de

políticos más o menos oportunistas. Si para conseguir eso el presidente debe poner el peso de su

personalidad en una dirección, debe hacerlo. Lo que no puede ni debe hacer (ni creo que haga) es

considerar unas elecciones constitucionales como medio de asegurarse un triunfo político que debe buscar

en las elecciones siguientes. Porque, eso sí, una vez el país cuente con una Constitución, se deben

producir nuevas elecciones, en las que se elegirán gobernantes y a las que no veo por qué tenga que

renunciar nadie.

Juan DE ESPAÑA

 

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