Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
 Tema polémico. 
 La defenestración de Areilza     
 
 Ya.    26/03/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

CARTA ABIERTA DE AUGUSTO ASSIA

La "defenestración" de Areilza

SI eI conde de Motrico se convirtió en un obstáculo para el Gobierno, la cosa es una verdadera tragedia •

Queda ahora por dilucidar cómo el Gobierno, o su presidente, desciendo, y con qué armas, de la torre de

marfil a la palestra

Querido director:

Llámele usted como quiera. Poca duda puede caber en todo caso que la única palabra que, si hemos de

adoptar una actitud realista y adulta, define lo que ha ocurrido con don José María de Areilza es

"defenestración".

En política, el disimulo suele tener poco porvenir, y no creo que los que estamos en el centro vayamos a

granar gran cota, señor director, con fingir que aquí no ha pasado nada.

Si el disimulo tiene poco porvenir en política, aún tiene manos derramar lágrimas, como dicen los

ingleses, sobre la leche vertida. Incluso los que más y más sinceramente lo lamentamos no vemos qué es

lo que podíamos conseguir por más que imitando al coro de la comedia de Castelao "Os vellos non deben

de namorarse", nos desgarramos en plañiderías. Areilza se ha ido del Partido Popular y con Areilza se ha

ido de sus filas no sólo un gran adorno, sino muchas ilusiones y muchas esperanzas.

Pero el factor importante, al menos de momento y con vista a las próximas elecciones, no es (y el agudo

político que es Areilza no será el último en reconocerlo) lo que se ha ido, sino lo que está llamado a venir,

si está llamado a venir algo.

¿Se había, convertido Areilza en obstáculo para que las fuerzas que representa el Gobierno de Su

Majestad comparecieran y echaran su peso en la lid electoral que tenemos delante de nosotros, como yo

he venido reclamando quizá desde antes que nadie y sin cuya aportación era difícil descubrir como la

atomización política que amenaza al país podía ser dinamizada? Yo creo que si Areilza, por lo que fuera.

se convirtió en un obstáculo, la cosa es una verdadera tragedia y constituya nada menos que una de las

más brutales crueldades arrojadas al ruado ibérico por los acontecimientos políticos que han seguido a la

muerte de Franco; pero también creo que si en política fuéramos a dejar que las brutales crueldades o las

tragedias impidieran que prosperara el realismo, aún estaríamos en la Edad Media, La política puede

aprender mucho de Shakespeare, pero el gran político ingles no es Shakespeare, como una vez le dijo

Disraeli a Salisbury.

Un gran dramaturgo español, si todavía vuelve a surgir aquí un gran dramaturgo, puede enjuiciar lo que

ha ocurrido en el Partido Popular y e1 Centro Democrático durante estos pasados días.

Al gran político que podamos tener hoy, si lo tenemos, lo que le corresponda es sacar durante los

próximos días lo que de positivo pueda sacarse a fin de encauzar por una vía ecuánime y data la oscura

perspectiva en que, cada vez con los pies más hundidos, nos debatimos.

Con Areilza o sin Areilza, aquí lo que hay es una Monarquía que ha conseguido en el exterior un crédito

poco menos que milagroso y ha montado en el interior una convivencia como no había vuelto a existir

desde antes de la Semana Trágica de Barcelona. La cuestión que se plantea ahora consiste en que las dos

cosas, la convivencia y el crédito, sean confirmadas por el electorado en las primeras elecciones libres

que desde hace cuarenta años ha tenido España o sean rechazadas. Así de simple y claro es el problema;

que sólo pudo ser complicado y oscurecido por una concepción tan absurda, desde un punto de vista

democrático, como la de que el Gobierno que las consiguió había de permanecer neutra1 e indiferente

entre los que van a atacar en las urnas, abierta o subrepticiamente, la convivencia y el crédito y los que

van a defenderlos con una actitud sin precedentes desde la saga escandinava del pastor que quiso ser

independiente y neutral entre las ovejas y la tormenta.

El argumento para dejar al libre albedrío la refriega entre el rebaño y la tormenta era, al parecer, la

"pureza" del sufragio universal, que no corría el menor peligro, según la tesis de los puristas, a manos de

los comunistas, de los fascistas, o de los izquierdistas, o de los demás autoritarios o disolventes, pero al

que al Gobierno de Su Majestad no podía ni aproximarse si no era al precio de una corrupción de las

urnas total y sin paliativos.

Para que el sufragio fuera puro, respondiera a los principios sacrosantos y evangélicos de la democracia,

aquí todo el mundo podía, desde don Blas Pinar a don Santiago Carrillo, y aun mucho más allá de don

Santiago Carrillo, meter sus dedos en las urnas; todo el mundo, tirios y troyanos. menos el Gobierno de

Su Majestad.

Nos habíamos imaginado un mundo como "el mundo al revés" de las calcomanías de principios de siglo,

en las que eran los baúles quienes cargaban con los mozos de cuerda,

LA ENTELEQUIA GANADORA

Que una entelequia tal pudiera divertir a jóvenes estudiantes o a viejos utopistas se comprende; pero es

que aquí había ganado a partidos políticos enteros, a instituciones serias y al parecer, al propio Gobierno,

que, al menos en un momento, parecía dispuesto a poner su cuello sobre el cepo, y no sólo el suyo, sino el

de todos los que no comulgamos con ruedas de molino, en una de las más inocentes entregas al sacrificio

que posiblemente pueda encontrarse en la historia,

Yo he visto algo de político por el mundo adelante y he leído algo, querido director, pero no recuerdo

haber leído ni haber visto un caso igual de ilusionismo en el que lo que se quiera, como aquí, es hacer

unas elecciones de las que los hechos y los factores políticos sean excluidos a rajatabla y sólo puedan

entrar en las urnas palabras, ideas y visiones.

Pocos me pueden ganar en admiración y respeto por la figura humana y política de Areilza; pero si

Areilza tiene que ser sacrificado, aunque sea injustamente y sin culpa propia, como víctima propiciatoria

de una imposible situación y para que el Gobierno salga de la demencial torre de marfil a que se Había

subido, ¿qué vamos a hacerle?

Si mis palabras le suenan a cínicas, perdone usted, querido director; pero yo espero que, tan asiduo lector

de los grandes estrategas políticos, no le suenen a José María de Areilza. De lo que se trata aquí es de que

el Gobierno se bata, como hemos de batirnos todos los demás, el cobre. La cuestión que queda ahora por

dilucidar es cómo el Gobierno o su presidente desciende y con qué armas de la torre de marfil a la

palestra, porque ya se ve que en la política no hay sustitutivo para la palestra, pero tampoco hay modo de

comparecer a la palestra si no es con actitudes verosímiles. En general Pavía también entró en la palestra,

pero de uniforme y a caballo. NI éstos son tiempos de caballo ni don Adolfo Suárez tiene uniforme, y

cuanto más pronto nos demos cuenta de las dos cosas y más pronto reconozcamos que hoy se necesita

echar mano de otros resortes, mejor para don Adolfo y para nosotros, con lo que quedo de usted amigo y

servidor.

Augusto ASSIA

 

< Volver