Sí, a la Constitución; no, a la Junta Democrática Económica     
 
 Informaciones.    28/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Sí, a la Constitución; no, a la Junta Democrática

Económica

TODAS las principales fuerzas político-sociales del país coinciden en la necesidad dé elaborar una

Constitución democrática. La sesión de ayer de las Cortes mostró que hasta la coalición reacia a esta tesis,

durante la campaña electoral, se inclina hoy por la conveniencia de redactar nuevas reglas de juego

democráticas entre todos y para todos.

En las primeras intervenciones de los líderes de los grupos parlamentarios apuntaban asimismo

coincidencias generales sobre los criterios que deben orientar los principios constitucionales. La forma de

Estado, las relaciones entre la Iglesia y el Estado, el papel de las Fuerzas Armadas, el problema de las

autonomías de las nacionalidades, las relaciones entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, son

abordadas idénticamente por los cinco partidos políticos que han obtenido algunos o muchos escaños el

pasado 15 de junio. Las matizaciones aparecen sólo en la forma, el lenguaje o la oportunidad o no del

momento a elegir. La misma controversia sobre el Consejo del Reino no enfrentaba a partidarios y a

adversarios de la existencia de este desfasado organismo, sino a los que querían liquidarlo ahora o dentro

de un trimestre.

Pero esta unanimidad constitucional empieza a ser matizada a la hora de tocar el telón de fondo del

proceso constituyente. Aquí la división entre los criterios de la derecha y de la izquierda reaparecen al

abordar desde distintos ángulos, el tema del plan de estabilización. Aunque fundamentalmente se trata de

posturas previas al inicio de una negociación que todos proclaman necesaria, urgente e imprescindible.

Unos y otros desvelan sus puntos de vista que desean incorporar a un proyecto que esencialmente todavía

es una incógnita. No hay nadie que desee romper la baraja económica en crisis que tenemos entre las

manos. Únicamente se discute la proporción de hombro que cada clase social tiene que arrimar.

Donde quiebra unilateral»ente esta unanimidad es en la propuesta de don Santiago Carrillo, aprovechando

la crisis económica, sobre la necesidad de crear un Gobierno de concentración democrática nacional,

necesidad que no ven ninguno de los restantes partidos de izquierda o derecha, que ni siquiera aludieron a

ella. De hecho, la totalidad de las fuerzas político-sociales coinciden con los criterios que apuntaba

INFORMACIONES en su editorial de hace dos días. Porque al contrario de quienes creen que tal

proposición es una muestra de realismo de este veterano líder político, seguimos pensando, por el

contraria, que es índice de un realismo todavía insuficiente. Es. evidente que desde que aparece en

Madrid, en diciembre último, este hombre público ha superado la visión irrealista, triunfalista y

voluntarista que le caracterizó durante casi todo el proceso de transición política, pero no lo es menos que

el proceso realista no lo ha recorrido del todo.

Ello es lo que explica que ahora intente resucitar el cadáver de la Junta Democrática Económica. La

sociedad española necesita claramente una política gubernamental y una política de oposición que

negocien una estrategia común coyuntura!, no un «pot pourri» de ideologías, tácticas, estrategias,

programas, que agravaría la salida de la crisis. Frente al alarmismo de tipo inmovilista, bien intenso estos

días, existe un alarmismo «juntero que pretende insensatamente imponer el continuismo o el rupturismo,

que no pudieron lograr en el terreno político, por la vía económica. Baste decir, en espera de profundizar

en este tema si fuese necesario, que las consecuencias de tal hipótesis inviable serían trágicas, tanto en la

esfera económica como en la política.

Hace unos días insistíamos en la necesidad de recuperar el espíritu negociador que caracterizó la salida

política. Ahora insistimos en la necesidad de mantener una visión realista de la situación

políticoeconómica. Ni la derecha, ni mucho menos la izquierda, están interesadas en agudizar un grave

panorama con opciones particulares que tienden ilusamente a imponer una política fracasada, explotando

las tensiones normales económicas de un plan de estabilización.

 

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