Las capas medias     
 
 Informaciones.    27/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LAS CAPAS MEDIAS

LAS primeras reacciones de los medios empresariales y de las grandes centrales sindicales democráticas

al plan de estabilización económico empiezan a ser conocidas. Cada una de estas dos clases sociales

fundamentales expone sus criterios de cara a la inminente negociación entre ambas. Tanto en el tono

como en el contenido apuntan posiciones sólidas, elaboradas, contando con el respaldo de la mayoría del

empresariado o de millones de trabajadores.

Hay, sin embargo, un sector social que permanece mudo en este concierto reivindicativo. Pequeños pro-

pietarios, miniempresarios, comerciantes, artesanos, profesionales liberales, o pequeños campesinos, o

industriales —lo que sociológicamente se designa como capas inedias—, no se dejan oír porque carecen

de organizaciones políticas o sindicales propias, y las ajenas no recogen como debieran sus intereses. Esta

minoría, silenciosa a la fuerza, va a sufrir o, mejor dicho, está sufriendo ya las consecuencias de las

medidas económicas gubernamentales. Téngase en cuenta que el Impuesto sobre el Rendimiento del

Trabajo Personal (I.R.T.P.), que el Gobierno habla de impulsar, recae sobre ellos como sobre cualquier

trabajador, y que las lagunas de´la declaración programática —sobre la agricultura y la especulación del

suelo— atentan fundamentalmente contra los intereses y reivindicaciones de este sector social.

Por si fuera poco, aparece en el horizonte una nueva carga, patrimonial. Piénsese que el mínimo exento,

en el proyecto gubernamental, es muy pequeño: seis millones de pesetas para una familia con dos hijos.

Adviértase cuál es el precio de un piso normal en una gran urbe española, para comprobar que la reforma

fiscal puede hacer caer gran parte de su peso sobre las indefensas capas inedias. Sin olvidar que si,

además, se gravan las acciones bolsísticas —en gran medida acaparadas por este sector social—, los

impuestos van a llover uno sobre otro en este amplio abanico. Y tampoco olvidemos que el control de

precios oficial es sólo viable sobre ellos, al igual que las consecuencias del eufemismo «moderación

salarial», que van a sufrir tanto como los trabajadores propiamente dichos.

Todo ello hace prever que si no se recogen sus intereses va a ser el grapo social que acabe llevándose las

bofetadas. Al no poder defender sus específicas reivindicaciones, y no tener nadie que lo haga, va a estar

más-desprotegido en la negociación que se avecina. No exageramos. No hay más que recordar las

consecuencias dramáticas de la estabilización de 1959 para estas capas medias para entender la gravedad

del momento. Tampoco se trata, por supuesto, de que este sector social no arrime el hombro, o no se

apriete el cinturón, sino de que las cargas estabilizadoras se distribuyan equitativa y proporcionalmente

entre todas las clases y sectores sociales.

Ello determinará, además de la viabilidad del plan económico, la consolidación de las ideas democráticas

en este conglomerado social. Nuestra historia reciente, y la de los vecinos países latinos, indican bien

claramente que los movimientos antidemocráticos han logrado asentarse sobre la base social de las capas

inedias. Un fenómeno «poujadista» en España, por ejemplo, no haría más que agorar toda la complejidad

de una situación ya bastante compleja. La moderación, el realismo y el sentido negociador no es

únicamente necesario en la derecha (U.C.D.) o en la izquierda (P.S.O.E.), sino también en ese centro

social sin peso especifico político-ideológico propio. Pero para ello es imprescindible que, a la hora de

negociar la estabilización, las legítimas presiones empresariales y obreras no asfixien a este sector social,

sitio que incorporen a sus planteamientos los problemas de las capas medias.

 

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