Autor: Lucas Verdú, Pablo. 
   ¿Hasta cuándo, y cuánto, del reformismo?     
 
 Diario 16.    29/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

¿Hasta cuándo, y cuánto, del reformismo?

Los comentaristas y observadores, nacionales y extranjeros, del interesante experimento reformista

emprendido, intrépidamente, por el presidente Suárez coinciden en señalar los éxitos alcanzados: la ley

para la Reforma Política logró votación nutrida y favorable en las Cortes; fue aprobada, con excelente

resultado, en el reciente referéndum. Suárez no se dejó intimidar por el terrorismo y los secuestros: se

recuperaron a los dos notorios secuestrados, se detuvo a numerosos implicación en tan censurable

operación y ahora parece decidido a controlar a la extrema derecha: han sido detenidos los presuntos

autores del execrable crimen de la calle de Atocha.

Ciertamente, quedan por despejar muchas incógnitas en materia de los secuestros y de los pasados

asesinatos.

La política exterior parece seguir derroteros más ambiciosos que en la época franquista; las relaciones con

la Iglesia se van desbrozando. Continúan las conversaciones con la oposición, aunque ignoramos cómo y

cuánto quedarán afectadas por la reciente postura del PSOE de Felipe González. Además, está latente la

legalización de varios partidos políticos. No me refiero a la gravísima situación económica, porque aquí el

reformismo está perplejo y prefiere contemporizar.

En resumen, el reformismo del presidente Suárez, emprendido sine ira et studio a diferencia del

proyectado y fracasado de Arias-Fraga, ha adquirido cierta aureola de espectacularidad.

La táctica Suárez

Alguien trazó paralelismos entre la política liberal decimonona y las grandes manifestaciones circenses:

malabari s m o s, prestidigitadores, gimnastas y saltarines fenomenales. Esa fue, tal vez trivializando, la

espectacularidad de la política de aquella época, cuando eran desconocidos los artilugios y aparatos

velocísimos de nuestros días.

Pablo Lucas Verdú

Ahora, el reformismo cifra su espectacularidad en las grandes demostraciones correspondientes a una

nueva dimensión. Aclaremos. El pueblo, la oposición y, por supuesto, los reformistas seguidores de

Suárez contemplan, uno, sorprendido; otra, resignada; los últimos, entusiasmados; la táctica política del

presidente Suárez. No es una táctica circense como la decimonona: malabarismos, prestidigitaciones. Se

trata más bien de rizar el rizo de las perfectas acrobacias aéreas y casi, casi de las hazañas cosmonáuticas.

No exageremos, ¿Por qué? Cabe que el reformismo esté cercano a tocar techo y cabe el riesgo, como en

alguna demostración aérea, de estrellarse.

El cómo y el hasta cuándo del reformismo están estrechamente unidos por su forma técnica: inteligencia,

astucia, serenidad, adecuado asesoramiento y por el respaldo homogéneo: la Corona y el Ejército, factores

reales de poder.

Si bien el cómo (la virtú a que aludía Maquiavelo) es imprescindible en toda operación política de

envergadura, el hasta cuándo (la fortuna) puede modularse según cambie o no y es muy probable que

cambie la coyuntura desde el momento que los factores reales de poder vislumbren cierta posible

inquietud o insatisfacción populares.

Y tenemos el cuánto del reformismo. Aunque ya ha logrado una altura considerable, la cota más alta la

coronará una vez constituidas las Cortes. Entonces, suponiendo que el Centro Democrático y/o el partido

institucional pro gubernamental del que habla la prensa, logren numerosos escaños comenzaran a afrontar

la peliaguda tarea de institucionalizar el país, elaborar una nueva Constitución y lo que ella implica:

regiones y nacionalidades, problemática socioeconómica, etc. ¿Tendrá ahí éxito el reformismo? En

cualquier caso ésa será su estación términus; tanto si lograr triunfar como si, fracasa. Quiero decir que

entonces las tácticas espectaculares ya no serán útiles.

En efecto, ya no se podrán reenviar a las Cortes, como ahora, todos los problemas pendientes, que son los

más importantes; ya no se podrá rizar el rizo, ni dispararse a objetivos distantes porque los objetivos

estarán encima. El cómo, el hasta cuándo y el cuánto del reformismo se habrán agotado.

Oposición critica

Esperemos que las Cortes reflejarán -cosa que ahora no hacen- las inquietudes del espectro político

nacional y que en su seno actuará una oposición con sus críticas. No es lo mismo criticar, juzgar y opinar

como hasta ahora, en el parlamento de papel, que en la máxima tribuna de la opinión nacional. No es lo

mismo conocer y disponer de todos los mecanismos del sistema franquista y dialogar, confidencialmente,

con líderes y grupos de la oposición que convencer en la dialéctica parlamentaria. No es igual mantener la

tregua político-social gracias a la disciplina y sacrificio de los partidos y sindicatos democráticos, a la

espera de las legalizaciones y de las elecciones, que una vez alcanzadas aquéllas y celebradas éstas.

Llegados a esa fecha el reformismo empirista de la transición y de la transacción seguido hasta ahora, con

mayor o menor intensidad, no será válido. Reformadas las leyes fundamentales, establecida una cierta

democracia -no me atrevo a decir semidemocracia para que no cunda el desaliento- el cómo y el

cuánto reformistas cumplirán su cometido y entonces el objetivo nacional estribará en que el Gobierno y

las Cortes, contando con la oposición democrática, verifiquen una transformación extensa y profunda, es

decir, radical, del país; habrá que socializarlo en la economía y en la cultura, habrá que vertebrarlo en

función de las peculiaridades de todos los pueblos, habrá que recrear una patria en la que quepan,

satisfechos, todos los hombres y pueblos de España.

 

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