Autor: Simón Tobalina, Juan Luis de. 
 Problemas polémicos del tránsito político. 
 Las relaciones entre Gobierno y Parlamento     
 
 Ya.    30/03/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

PROBLEMAS POLÉMICOS DEL TRANSITO POLÍTICO

Las relaciones entre Gobierno y Parlamento

Anadie debe extrañar que, tras cuarenta años de dictadura, el tránsito a la democracia, que es en el pueblo

aspiración irrenunciable y tiene en el Rey su motor fundamental y en el presidente del Gobierno su

paladín más esforzado, comprometido a inteligente, esté cargado de confUctividad y acumule p r o b 1 e

mas a modo de gruesos nubarrones que Impiden contemplar el porvenir con la claridad deseable. Al hilo

de las noticias de prensa, radio y televisión han surgido polémicas no muy apasionadas, pero st lo

suficientemente vivas para que no podamos Ignorarlas. Gira, una de ellas, sobre la conveniencia o

inconveniencia de que don Adolfo Suarez presente su candid atura al Parlamento. Ilustres comentaristas

m u e stran su criterio contrario por cuanto la presencia del Jefe del Gobierno en la batalla electoral

equivaldría a echar su peso en favor de alguno de los partidos, federaciones o alianzas actuales o a crear

una nueva opción política sobre las mucha», excesivas, que ensombrecen el panorama de los próximos

comicios. Las palabras de un reciente editorial de YA me parecen muy certeras y ajustadas a la realidad.

"El problema de las inelegibllidades es un problema para la clase política Instalada en el poder; no es un

problema para loa españoles. Por consiguiente, esas prohibiciones de "hacerse elegir" a la voz de mando

serán muy bien recibidas por el electorado, aunque refunfuñen los afectados." Nada se dice aquí de modo

e s p e c Ifico del presidente Suarez. Pero a nadie como a él podría aplicarse lo de "hacerse elegir" a la voz

de mando.

NO me convencen, en cambio, demasiado los argumentos —nadie los ha expuesto con la brillantez de

Augusto Assía— favorables´ a la comparecencia del Jefe del Gobierno en las urnas, basados en su deber

de responder ante el Parlamento de su gestión y mantener el diálogo con la oposición. La tarea

fundamental de las futuras Cortes—lo hemos dicho y repetido todos—es dar a España una Constitución

democrática. Más que el diálogo poder-oposición, implícito siempre en la gestión de un gobierno

democrático, lo que se va a ventilar es la participación en la elaboración de aquélla de todos los

ciudadanos al través de sus legítimos representantes en las Cámaras legislativas y con su natural

diversidad de intereses e ideales. La Constitución sera buena si acierta a ser una transacción, dentro de un

orden democrático, liberal y socialmente avanzado y solidarlo, de las diversas tendencias fundamentales

del país sin que ninguna de ellas se sienta lanzada a laa tinieblas. Es una obra sutil de convencer a todos

sin que nadie resulte vencido. Poca viabilidad tendría una Constitución si no atrajese un "consensus"

generalizado de la opinión pública tanto de la derecha como de la izquierda. En esta trascendental tarea el

Gobierno no puede ser beligerante, sino Arbitro. No puede tratar de imponer una Constitución al pueblo,

como tampoco la opinión debe aspirar a Imponer su Constitución ideal ai Gobierno. Sólo el espíritu de

colaboración de todos, unido a la disposición

Juan Luis

DE SIMÓN TOBALINA

* * *

(Continúa en pág. sigte.)

(Viene de la pag. anterior)

de transigir lo necesario para Que las normas fundamentales del ordenamiento jurídico merezcan la

aceptación general del país, producirán la paz.

NO M concibe un régimen democrático europeo—el régimen norteamericano, Inspirado de modo rígido

en el principio de separación de poderes, es aparte—aln el condicionamiento de la permanencia del

Gobierno el asentimiento del Parlamento. Por ello, en los regímenes parlamentarlos puros, en loa cuales

el partido—o coalición de partidos—que triunfa en las elecciones accede inmediatamente al poder, no

tendría sentido la abstención de sus líderes en la lucha electoral. Pero ningún precepto constitucional, que

yo recuerde, considera condición indispensable para formar parte del Gobierno ser diputado o senador.

Más aún, la Constitución italiana hace refer encía al supuesto contrario. En efecto, según su articulo 62,

2.°; "Los miembros del Gobierno, aun cuando no formen parte de las Cámaras, tienen derecho y, si son

requeridos, obligación de asistir a las sesiones. Deben ser oídos cada vez que lo pidan". Lo que sí necesita

el Gobierno es "la confianza de ambas Cámara s", hasta el punto de quedar obligado a dimitir en «I oaao

de una votación contraria en una de ellas, precedida de una "moción de desconfianza" firmada, al menos,

por una décima parte de los componentes de le mlema (art. 94).

EN la Constitución semipresidencialista f r a n c esa "lai funciones de miembro del Gobierno son

Incompatibles con el ejercicio de todo mandato parlamentarlo" (art. 23). Lo que no obsta, n a t u raímente,

para que dichos miembros tengan "acceso a las dos asambleas" (art. 30) ni para que el Gobierno sea

"responsable ante el Parlamento" (art. 20) y el primer ministro deba dimitir "cuando la Asamblea

Nacional adopta una moción de censura o cuando desaprueba el programa o la declaración de política

general del Gobierno" (articulo 50). Pero no puede olvidarse que sobra la Asamblea Nacional pende la

espada de Damocles de su disolución decretada por el presidente de la República, "previa consulta del

primer ministro y de los presidentes de las asambleas" (artículo 12). Precepto, por cierto, que no supone

para nosotros ninguna novedad, pues el articulo 32 de la Constitución de la Monarquía española de 1876

otorgaba al Rey la facultad de "disolver simultánea o separadamente la parte electiva del

Senado y el Congreso de los Diputados", si bien con la obligación de convocar y reunir jwevo cuerpo o

cuerpos legislativos en el plazo de tres meses, No Influyó poco esta atribución real en las "crisis

orientales" que tanto desprestigiaron a la Corona.

COMO en nuestras vigentes normas constitucionale» —muy breves y muy Incompletas—no se determina

nada sobre relaciones entre Gobierno y Parlamento y las Incompatibilidades parlamentarias no afectan al

presidente del Consejo de Ministros, el señor Suárez tiene libertad para presentarse o no a las elecciones

para diputado o senador. Creo, sin embargo, que ninguna ventaja y( en cambio, serlos Inconvenientes se

derivarían de su presentación. Puesto que ha recibido el poder desde arriba y lo posee legítimamente,

muchos bienes podrán esperarse si en las próximas Cortes—que serán, quiérase o no, constituyentes—

ostenta el papel de arbitro y trata de encauzar, con la confianza de todos, los debates parlamentarlos y la

elaboración de las normas constitucionales, a cambio de renunciar ahora a la tentación de conquistar unos

votos que le obligarían a presentarse ante los cuerpos colegísladores como un hombre de partido expuesto

a quedar en el momento menos pensado en una situación minoritaria, cuya consecuencia sería su

Inmediata salida del poder.

 

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