El 89% de las familias tiene libreta o cuenta corriente. 
 La mitad de los españoles gasta la totalidad de sus ingresos mensuales     
 
 El País.    12/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

El 89% de las familias tiene libreta o cuenta corriente

La mitad de los españoles gasta la totalidad de sus ingresos mensuales

Sólo un 11 % de las familias españolas carece de libreta o cuenta corriente en las que depositar sus

ahorros, según se desprende de una encuesta realizada por el Servicio de Estudios y Programación de la

Confederación Española de Cajas de Ahorros. El .sondeo contempla también otros aspectos de los hábitos

ahorradores de los españoles y sus preferencias en la colocación de sus excedentes financieros.

Entre los ahorradores, predominan aquellos que eligen la modalidad de líbrela —75 %—. con un elevado

porcentaje en Cajas de Ahorro. En cambio, entre los que eligen la modalidad de cuenta, la entidad

favorita es la banca privada. A pesar de que bancos y cajas ofrecen a sus clientes ambas modalidades, los

ahorradores españoles mantienen sus ubicaciones tradicionales. En lógica correspondencia con ello, se

observa que una gran mayoría de los que tienen abierta una libreta no realizan operación alguna a lo largo

de todo el año. También se percibe una clara delimitación social en ambos grupos, siendo los miembros

de las clases de profesionales liberales y trabajadores por cuenta propia los que muestran mayores

preferencias por la banca, inclinándose mayormente hacia las cajas los asalariados.

Los cambios en la estructura de consumo de los españoles han tenido también sus repercusiones en el

campo del ahorro. Igual ocurre con las elevadas tasas de inflación, que oscurecen el panorama de los

fondos depositados en absoluto estado de liquidez. Asi, un elevado porcentaje de los consultados

considera ahorro el depósito de fondos para hacer frente a compromisos inmediatos, adquiridos con

anterioridad. La anterior sucesión de ahorro previo-consumo, se ha visto suplantada por la de consumo o

adquisición-aportación sucesiva de fondos. Las facilidades para adquirir ciertos bienes de consumo a

distinto plazo, han propiciado la aparición de intermediarios financieros que,´ sin constituirse en entidades

de ahorro, aparecen interrelacionadas con las que cubren esta función de modo clásico: banca y cajas de

ahorro. Se da, además, la particularidad de que muchos de los mencionados bienes son necesarios e

imprescindibles —el ejemplo de la vivienda es claro— y la única forma de acceder a ellos es la descrita

aplazadamente.

Vivir al día

Sólo un 58 % de las familias consultadas manifiestan contar con excedentes en sus ingresos, una vez

deducidos sus gastos habituales. Esta tendencia es mayor, obviamente, en los estratos de ingresos más

elevados —de cincuenta a 70.000 pesetas—, en las familias más jóvenes y en las de menor número de

hijos. Idéntica tendencia por grupos se observa al consultar respecto al destino habitual de esos

excedentes. Mientras un 20 % se muestra partidario de gastarlo de forma inmediata, un 76 % se inclina

por depositarlo, en expectativa de futuras necesidades. Entre estos últimos, también se detecta una mayor

inclinación por parte de quienes cuentan con hijos en edad escolar —el proporcionar estudios a los hijos

constituye una de las preocupaciones más importantes de las familias españolas— y por aquellos que

rebasan los cincuenta años.

La opinión de los españoles respecto al nivel de ahorro de la sociedad es diversa. Un 45 % considera que

la capacidad de ahorro es baja y otro 18 % la entiende prácticamente nula. También se observa una

tendencia generalizada a gastar por encima de las posibilidades, tanto más en aquellos-cuyas rentas se ven

favorecidas por las tensiones inflacionistas y en los que ostentan mayor grado de educación.

De cualquier forma, la tendencia al ahorro de los españoles desciende de modo importante en los últimos

años, en base a dos factores fundamentales: de un lado, la constante y progresiva depreciación de la

moneda, gravada por la alta tasa de inflación, que reduce la capacidad adquisitiva de las rentas

monetarias; y, de otro, la ampliación del conjunto sociológico sobre el que se extiende la acción

protectora de la Seguridad Social, que incide sicológicamente sobre las expectativas de riesgo del

individuo, que se siente con mayor tranquilidad ante el futuro.

 

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