Autor: Jiménez de Parga y Cabrera, Manuel (SECONDAT). 
   Lo normal que sorprende     
 
 La Vanguardia.    17/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA VANGUARDIA ESPAÑOLA

DOMINGO, 17 DE ABRIL DE 1977

Con acento LO NORMAL QUE SORPRENDE

Cada día hay más pruebas de que en España se siguen enfocando los asuntos políticos con criterios del

antiguo régimen, los cuales, por fortuna, ya no son aplicables a la realidad que tenemos delante de

nuestros ojos. Por ejemplo, las dimisiones.

Durante casi cuarenta años aquí nadie dimitía, y el que tímidamente intentaba hacerlo era fulminado

desde arriba para que continuase en el puesto hasta que se dispusiera lo contrario. Esta forma de mandar y

de obedecer generó unos hábitos en quienes actuaban en los ambientes oficiales. Los espectadores

también se acostumbraron a que no ocurriese liada notable en la escena, hasta el punto, de que las crisis

ministeriales eran calificadas de simples relevos de personas.

Con este modo de contemplar el espectáculo político, las dimisiones sorprenden y son muchos los Que las

consideran una derrota del que voluntariamente se marcha. Tendrá que pasar tiempo, y será preciso que

arraiguen entre nosotros hábitos democráticos, para que una dimisión oportuna sea valorada en debida

forma. De momento sigue gravitando la idea de que el jete se enfada con cualquier dimisión y no olvidará

el gesto de independencia. Tardaremos en convencernos todos de que ese jefe ya no existe.

Tampoco se enjuicia con criterios democráticos los cambios que tienen lugar en el equipo de ministros

que forman el Gobierno. Parece como si lo deseable, politicamente hablando, es que ningún jugador se

vaya a la caseta y deje su puesto a otro Y ciertos observadores se inquietan al enterarse de que se ha

producido un cambio.

Hace bastantes años, el 15 de junio de 1958. un político de tanta experiencia como Attlee afirmaba en

«The Times»: «Una cualidad importante en un primer ministro es la capacidad para hacer dimitir a los

ministros que no sirven». Sostenía esta idea el ex jefe del Gobierno británico porque allí es normal que

los Gabinetes se modifiquen con el fin de adaptarlos a circunstancias de la política, que naturalmente

cambian sin cesar.

Recuérdese que Winston Churchill, entre octubre de 1951 y abril de 1955, alteró seis veces la

composición de su Gabinete. Desde enero de 1957 á octubre de 1963, Mac Millan efectuó diez

modificaciones. Wilson batió un récord con sus cinco cambios de ministros en el corto período

comprendido entre las elecciones de 1966 y noviembre de 1967.

No sólo es frecuente en las democracias pluralistas, sino deseable, que los equipos de personas que

integran un Gabinete ministerial se renueven siempre que alguna de ellas, o varias, no resulten aptas para

afrontar y resolver los problemas del momento. A esto hemos también de acostumbrarnos, como a las

dimisiones, a los debates públicos, a las votaciones que se ganan o se pierden; en suma, a la práctica

cotidiana de la democracia.

Síntomas claros, por el contrario, de que un régimen no es democrático son ias permanencias dilatadas e

injustificadas en el desempeño de los cargos públicos, la sumisión de los gobernantes a quienes se hallan

con más poder por encima de ellos, la falta total de dimisiones, la aclamación y los votos por

unanimidad, el estusiasmo indescriptible en las calles, las adhesiones incondicionales.

Durante tantos años vivimos en este clima que ahora nos cuesta adaptarnos al otro Y la gente se sorprende

-e incluso padece alarma- ante lo más natural.

Manuel JIMÉNEZ DE PARGA

 

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